Pocas equivocaciones han tenido un impacto tan profundo en la historia como la de Cristóbal Colón al calcular el tamaño de la Tierra. Su confusión con una unidad de medida —la milla árabe— lo llevó a estimar un planeta más pequeño y un océano más corto de lo que realmente era. Sin saberlo, ese fallo cambiaría el rumbo de la exploración, la ciencia y la geografía mundial.
El marino que buscó convencer a Salamanca
En 1486, Colón llegó a Salamanca con la esperanza de obtener el apoyo de los Reyes Católicos para su proyecto: alcanzar las Indias navegando hacia el oeste. Ya había sido rechazado por el rey de Portugal, Juan II, tras el consejo de astrónomos que consideraron su plan poco realista.
En la ciudad castellana, el navegante se enfrentó a teólogos y sabios que no negaban la esfericidad de la Tierra, pero sí cuestionaban su cálculo de la distancia. Según relata Washington Irving en Vida y viajes de Cristóbal Colón (1828), fue recibido con escepticismo, aunque algunos intelectuales, como fray Diego de Deza, terminarían apoyándolo y facilitando su acceso a la corte de Isabel la Católica.

La Tierra redonda no era el problema
Desde tiempos de Aristóteles y Pitágoras, la humanidad sabía que la Tierra era esférica. Los eclipses de Luna, la sombra circular del planeta y la aparición gradual de nuevas constelaciones en los viajes al sur eran pruebas aceptadas desde la Antigüedad.
El verdadero desafío consistía en calcular su tamaño. En el siglo III a. C., Eratóstenes de Cirene logró una estimación sorprendentemente precisa: unos 40 000 kilómetros de circunferencia. Sin embargo, con el paso de los siglos se impuso la medida más pequeña propuesta por Ptolomeo, que reducía el planeta a 28 000 kilómetros, un error del 30 % respecto a la realidad.
El fallo decisivo de Colón
Siglos después, el astrónomo Al-Farghānī calculó que la Tierra medía 20 400 millas árabes, equivalentes a unos 40 248 kilómetros. Colón conocía estos datos, pero malinterpretó la unidad de medida: asumió que una milla equivalía a unos 1 250 metros, en lugar de los 1 973 reales.
Así, su Tierra resultaba mucho más pequeña —unos 25 500 kilómetros— y el viaje a Asia, mucho más corto. Creyó que las islas del Lejano Oriente estaban a unos pocos miles de kilómetros de las Canarias. Lo que ignoraba era la existencia de un continente entero entre medias.
Arrodillado en la arena, con la mirada hacia arriba, Cristóbal Colón exclama: “Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”. Había arribado a la isla de Cuba el 27 de octubre de 1492.
Casi dos décadas después inició la conquista y colonización del territorio. pic.twitter.com/wVJUwOnU4O
— Blue Apple (@YarielSuarez612) October 27, 2024
De las Canarias a “Cipango”
Convencido de que Asia se extendía más hacia el este de lo que indicaban los mapas, Colón soñaba con llegar a Cipango (Japón) navegando hacia el oeste. Sus críticos sabían que la travesía sería mucho más larga y peligrosa, pero su fe en sus cálculos —erróneos— lo impulsó a zarpar.
En 1492, el navegante partió desde Palos de la Frontera. El resto es historia: donde esperaba hallar especias y seda, encontró un nuevo mundo.
El error que cambió el destino del planeta
Colón se equivocó al reducir el tamaño de la Tierra y exagerar la extensión de Asia, pero su error se convirtió en una de las coincidencias más trascendentales de la historia.
Mientras que siglos después la NASA perdería una sonda por confundir pies y metros, Colón confundió millas árabes y europeas… y el resultado fue el descubrimiento de América.
La vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, décadas después, demostraría finalmente las verdaderas dimensiones del planeta. Pero para entonces, el curso de la historia ya había cambiado para siempre.
Fuente: Infobae.