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Cuando un reactor nuclear cayó del espacio: el día que la Guerra Fría dejó restos radiactivos en Canadá

Un satélite soviético con un reactor nuclear perdió el control en plena Guerra Fría y se desintegró sobre Canadá. El accidente de Kosmos-954 reveló hasta qué punto la tecnología espacial podía convertirse en una amenaza real para la Tierra.
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Durante décadas, la carrera espacial estuvo envuelta en un aura de progreso, conquista tecnológica y poder geopolítico. Sin embargo, en enero de 1978, ese relato se quebró de forma abrupta. Un satélite soviético equipado con un reactor nuclear perdió el control y cayó sobre territorio canadiense, dispersando fragmentos radiactivos en una vasta región del Ártico. El episodio obligó a movilizar una operación internacional sin precedentes y abrió un debate que aún hoy sigue vigente: qué riesgos estamos dispuestos a asumir cuando llevamos tecnología nuclear al espacio.

Un reactor nuclear en órbita no era ciencia ficción

El satélite Kosmos-954 formaba parte del programa militar soviético US-A, diseñado para vigilar flotas navales mediante radar. Para alimentar esos sistemas —muy exigentes en consumo energético—, la Unión Soviética optó por una solución extrema: pequeños reactores nucleares BES-5, conocidos como Buk.

Esta tecnología permitía operar durante largos periodos sin depender de paneles solares, pero añadía un riesgo evidente. En teoría, al final de su vida útil, el reactor debía ser enviado a una “órbita cementerio” segura. En el caso de Kosmos-954, ese sistema falló.

El día que el espacio contaminó la Tierra

El 24 de enero de 1978, el satélite reentró de forma incontrolada en la atmósfera. Sus restos se dispersaron sobre más de 120.000 kilómetros cuadrados del norte de Canadá. Algunos fragmentos contenían uranio altamente enriquecido y emitían niveles peligrosos de radiación.

La incertidumbre era total: no se sabía cuántos restos habían caído, dónde estaban ni qué impacto podían tener sobre personas, animales y ecosistemas. Canadá se enfrentaba a un accidente nuclear… provocado desde el espacio.

Cuando un reactor nuclear cayó del espacio: el día que la Guerra Fría dejó restos radiactivos en Canadá Un satélite soviético con un rea
© Pedro_Torrijos – X

Operación Morning Light: una caza radiactiva en el Ártico

La respuesta fue la Operación Morning Light, una misión conjunta entre Canadá y Estados Unidos. Durante casi tres meses, aviones equipados con sensores de radiación sobrevolaron regiones remotas cubiertas de nieve y hielo. Cada señal sospechosa implicaba inspecciones en tierra, en condiciones extremas.

Se recuperaron 66 kilos de restos radiactivos, incluidos fragmentos capaces de causar daños graves si se manipulaban sin protección. Aunque se dio por contenida la amenaza inmediata, nunca se pudo garantizar que todo el material hubiese sido localizado.

Un precedente incómodo para el futuro espacial

El incidente de Kosmos-954 tuvo consecuencias diplomáticas y científicas. Canadá reclamó compensaciones económicas y la URSS acabó pagando parte de los costes. Pero el impacto más duradero fue otro: el reconocimiento de que los accidentes espaciales no respetan fronteras.

Desde entonces, el uso de energía nuclear en el espacio quedó bajo mayor escrutinio internacional. Aun así, el episodio sigue resonando hoy, cuando la órbita terrestre vuelve a llenarse de tecnología crítica y el debate sobre seguridad espacial regresa con fuerza.

La caída de Kosmos-954 fue un recordatorio brutal de que, cuando la tecnología escapa a nuestro control, incluso el cielo puede convertirse en un riesgo.

Fuente: Xataka.

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