Planet of Lana parece, al principio, otro juego más en la estantería de los plataformas laterales—pero algo cruje distinto bajo la superficie. No es solo el salto elegante de Lana o los paisajes de postal animada; hay una corriente subterránea, casi imperceptible, que lo separa del pelotón. Desarrollado por Wishfully Studios, este título con alma de fábula y envoltorio de ciencia ficción nos arroja a un mundo donde la belleza convive con la amenaza. Lana, una niña con más determinación que armas, se adentra en lo desconocido para encontrar a su hermana, arrastrada por máquinas que no piden permiso ni explicaciones. A su lado, Mui: criatura ambigua entre gato, sombra y compañero imprescindible. Pero Planet of Lana no se deja atrapar tan fácilmente por las etiquetas. No es solo un juego de puzles ni una aventura contemplativa: es un diálogo silencioso entre personajes, entorno y jugador.
Los escenarios no están ahí para ser admirados—aunque lo merecen—sino para ser leídos como fragmentos de un idioma visual. Bosques que susurran secretos antiguos, desiertos que parecen recordar algo que olvidaste soñar, estructuras oxidadas que respiran como si estuvieran vivas. Aquí no corres para disparar ni saltas para esquivar balas: avanzas para entender. Cada obstáculo es una pregunta; cada solución, un pequeño poema mecánico entre Lana y Mui. Ella trepa, él activa; ella duda, él espera. Y en ese vaivén silencioso se construye una relación más elocuente que muchos diálogos. Lo extraordinario de Planet of Lana no es lo que grita, sino lo que susurra. No quiere ser el más ruidoso del salón—quiere ser el que te deja pensando cuando apagas la consola. Y eso, en estos tiempos de estruendo digital, ya es revolucionario.
¿Por qué debería descargar Planet of Lana?
La primera impresión es engañosa: parece un cuento, pero ruge como una sinfonía de colores y emociones. Planet of Lana no se deja jugar; te atrapa. Cada rincón que atraviesas parece el sueño de un pintor con fiebre, como si alguien hubiera atrapado la luz del atardecer y la hubiera convertido en píxeles. El arte no grita, susurra. Y la música de Takeshi Furukawa no acompaña: guía, empuja, acaricia y a veces aprieta el pecho. No esperes una curva de dificultad como una montaña rusa; esto es más bien un río con remolinos.
Los puzles no quieren castigarte, solo invitarte a bailar con ellos. A veces fallas, sí, pero nunca te sientes torpe; más bien como si estuvieras afinando un instrumento antes del concierto. Es un juego para quienes aman pensar sin sufrir, para quienes disfrutan más del ajá que del game over. Y entonces está Mui. Pequeño, ágil, silencioso… pero nunca accesorio. No es tu sombra: es tu reflejo. Resolver obstáculos se convierte en una coreografía entre dos almas que se entienden sin palabras. Saltos sincronizados, distracciones calculadas, caminos paralelos que se cruzan justo a tiempo. La relación entre Lana y Mui no se cuenta: se siente.
Y cuando te das cuenta, ya estás cuidando de él como si fuera real. Pero Planet of Lana no se conforma con ser bonito o inteligente. También escarba hondo. No te lanza discursos ni moralejas; simplemente deja que las imágenes hablen y que el silencio pese. Habla de perder lo que amas y seguir adelante. De encontrar luz en medio del acero oxidado y las máquinas sin alma. De cómo dos seres diminutos pueden desafiar lo inevitable solo porque creen el uno en el otro. No es solo un juego: es un susurro en medio del ruido.
¿El Planeta de Lana es gratis?
No, Planet of Lana no es gratuito. Tendrás que pasar por caja si quieres embarcarte en esta odisea. El precio baila un poco dependiendo de la plataforma y las ofertas del momento, pero en general, lo que obtienes a cambio ha dejado a muchos con buen sabor de boca. Ahora bien, si eres de los que tienen Xbox Game Pass, estás de enhorabuena: el juego forma parte del catálogo, así que puedes lanzarte a la aventura sin pagar más—como si tropezaras con un tesoro en mitad del desierto. Lo curioso —y casi subversivo hoy en día— es que Planet of Lana no se disfraza con trajes brillantes ni te susurra dulces mentiras al oído: no hay microtransacciones, ni pases de temporada disfrazados de caramelos.
Compras el juego y ya está. Todo tuyo. Sin trampas escondidas entre líneas, sin tener que pagar por el final como si fuera un postre exclusivo. En un mundo donde lo “gratis” suele tener factura oculta, esto se siente como encontrar una postal escrita a mano en una era de mensajes automáticos. Y su valor… ah, su valor no se mide con reloj en mano ni con listas de logros. Es una historia que se desliza bajo la piel, una pequeña epopeya que te mira desde dentro mucho después de haber terminado. Visualmente, parece sacado de un sueño lúcido: tan bello que uno duda si jugarlo o colgarlo en la pared.
¿Con qué sistemas operativos es compatible Planet of Lana?
Planet of Lana no se conforma con una sola ruta: salta entre plataformas como si fueran piedras en un río, buscando siempre nuevos ojos que lo descubran. En PC, lo encuentras tanto en Steam como en la Microsoft Store, y lo curioso es que no te exige sacrificar tu máquina entera para arrancar. No necesitas un dragón de silicio: basta con un equipo decente y ya estás dentro del viaje. En consolas, se acomoda sin drama.
Xbox One lo recibe con los brazos abiertos, mientras que en Xbox Series X/S se estira y respira más hondo, aprovechando el músculo extra. Pero no te preocupes si aún navegas con velas viejas: la experiencia sigue siendo sólida incluso en la generación anterior.
¿PlayStation? En camino. PS4 y PS5 ya están marcadas en el mapa, y solo falta que se abran las compuertas. Puedes ponerlo en tu lista de deseos y esperar el aviso como quien aguarda una carta prometida. Todo indica que no tendrás que esperar una eternidad.
Lo realmente curioso es cómo este juego parece bailar con el hardware sin exigirle demasiado. No importa si tu PC tiene polvo de años o si tu consola ya ha visto mejores días: el diseño artístico hace el trabajo pesado, envolviéndote en paisajes que parecen soñados más que renderizados. No hace falta una tarjeta gráfica digna de un laboratorio secreto ni un procesador que eche humo para perderse entre sus colores y silencios.
¿Qué otras alternativas hay además de Planet of Lana?
Si Planet of Lana te ha tocado la fibra —por su historia que susurra emociones, sus puzles como poemas visuales y ese arte que parece pintado con calma—, hay otros juegos que podrían colarse en tu lista, no por parecerse, sino por resonar con la misma melodía.
Mira Tunic. A primera vista, es un zorro diminuto en un mundo que parece sacado de un libro infantil olvidado en una estantería polvorienta. Pero no te fíes de las formas suaves: aquí los secretos se esconden bajo capas de símbolos crípticos y mapas que se sienten como reliquias. Tunic no te da respuestas; te invita a hacer las preguntas correctas. No hay manos que te guíen, solo ecos. Es menos sobre resolver juntos y más sobre perderse solo.
Luego está Bastion. Un juego que no camina: flota. Cada paso construye el mundo bajo tus pies, como si lo soñaras mientras avanzas. La acción es rápida, sí, pero lo que queda es la voz que narra tus movimientos con una cadencia casi poética. El arte es fragmentado, como recuerdos reconstruidos, y la música... bueno, la música parece recordar por ti.
Y Machinarium. Aquí no hay palabras, pero todo habla: las miradas de los robots oxidados, los engranajes que chirrían como si tuvieran alma, los rompecabezas que parecen diseñados por alguien que conoce el silencio. Es un mundo mecánico, sí, pero late con una melancolía orgánica. No te grita; susurra. Así que si Planet of Lana fue más que un juego para ti —si fue un lugar al que fuiste sin moverte—, estos títulos no intentarán reemplazarlo. Solo podrían hacerte sentir algo igual de difícil de explicar.