The Alters no se acomoda al molde habitual del juego de ciencia ficción para un solo jugador. Aquí no salvas galaxias ni pilotas naves con nombres épicos: eres Jan Dolski, un tipo común, más cerca del café frío y los turnos dobles que de las epopeyas espaciales. Pero el destino —o un error técnico particularmente inoportuno— te deja varado en un planeta deshabitado, donde el silencio pesa más que el oxígeno. Solo... o no tanto. El juego mezcla sin pedir permiso elementos de supervivencia, construcción y exploración, pero lo hace con una vuelta de tuerca que descoloca: la narrativa no se limita a contarte una historia, te la lanza como un espejo roto. Porque aquí, para sobrevivir, Jan no busca aliados externos, sino versiones alternativas de sí mismo: los Alters.
Y no, no son copias obedientes ni NPCs con tu cara. Cada Alter es un ¿y si... ? hecho carne. ¿Y si Jan hubiera estudiado ingeniería? ¿Y si hubiera sido más valiente? ¿Más egoísta? ¿Más feliz? Las diferencias no son solo estadísticas: son filosóficas. Algunos Alters trabajan mejor bajo presión; otros la generan. Unos quieren ayudarte; otros desconfían de ti —de sí mismos— desde el primer segundo. Y ahí es donde el juego deja de ser solo un reto logístico y se convierte en una especie de terapia existencial con gráficos envolventes. Mientras recolectas recursos y amplías tu base en este planeta que parece haber olvidado el color verde, también vas descubriendo grietas emocionales entre tus múltiples yos. Las discusiones no giran en torno a quién hará qué tarea, sino a quién merecía vivir esa vida en primer lugar.
¿Quién es el verdadero Jan? ¿Quién debería tomar las decisiones?The Alters no te da respuestas fáciles. Ni siquiera te promete que sobrevivirás. Pero sí te enfrenta a una pregunta incómoda: si pudieras hablar con todas las personas que podrías haber sido… ¿te caerías bien?Disponible en Steam (Windows 10 y 11), PlayStation y Xbox. Aunque quizá después de jugarlo te replantees hasta en qué plataforma deberías haberlo hecho.
¿Por qué debería descargar The Alters?
Lo que hace que The Alters se desmarque del pelotón de juegos de supervivencia no es su ambientación extraterrestre ni la rutina de recolectar recursos, sino una premisa que parece salida de una sesión de terapia existencial: aquí no lideras un escuadrón de personajes variados, sino que te enfrentas a un desfile de versiones alternativas de ti mismo. No son clones obedientes ni herramientas sin alma; son espejos distorsionados, compañeros incómodos, versiones que podrían haberse quedado en el “qué habría pasado si…”, pero han cobrado forma y opiniones propias. Y con ellos llegan los roces, los silencios incómodos, las discusiones a medianoche sobre decisiones que nunca tomaste. Para invocar a estos dobles, necesitas Rapidium—una sustancia tan misteriosa como el hecho de que puedas fabricar personas con ella. Cada Alter nace de un punto de bifurcación en la vida del protagonista, Jan.
¿Universidad o pico y pala? ¿Coraje o conformismo? Cada elección omitida se convierte en una personalidad alternativa con habilidades únicas: uno puede ser un técnico meticuloso, otro un visionario idealista. Pero no es una selección de personajes como en un RPG cualquiera; aquí estás decidiendo qué parte de ti mismo necesitas más… y cuál estás dispuesto a tolerar. Y es que estos Alters no llegan vacíos: arrastran recuerdos que tú preferiste olvidar, decisiones que tú no tomaste pero ellos sí. Algunos se sienten útiles. Otros, traicionados por su existencia. Hay momentos en los que discuten entre ellos, te cuestionan o simplemente se niegan a cooperar. El juego te obliga a intervenir: consolar, confrontar, negociar con tus propios fantasmas.
Las decisiones importan—y no por cambiar el final del juego, sino porque alteran la dinámica emocional de tu refugio rodante. Más allá del drama interno, The Alters también sabe jugar sus cartas como título de supervivencia. Tu base móvil es tanto refugio como prisión: debe desplazarse antes del amanecer para evitar una radiación solar implacable. Mientras tanto, hay que mantenerla funcionando—recolectar materiales, construir módulos nuevos, alimentar sistemas críticos. Todo esto en un ciclo día-noche que no perdona la improvisación: si te distraes discutiendo contigo mismo, puede que amanezcas muerto.
Visualmente, el juego roza lo cinematográfico: paisajes alienígenas que parecen soñar con otros planetas, iluminación que dramatiza cada rincón y personajes cuyas expresiones dicen más que sus palabras. La música no grita—susurra justo lo necesario para amplificar el peso emocional sin saturarlo. Disponible para PC (Windows), Xbox y PlayStation, The Alters no es solo un juego sobre sobrevivir en un planeta hostil: es una experiencia sobre sobrevivirte a ti mismo. Si alguna vez te preguntaste qué habría sido de ti si hubieras tomado otro camino… este juego tiene algunas respuestas. Y ninguna es fácil.
¿The Alters es gratis?
The Alters no camina por la senda de lo gratuito, aunque si los astros se alinean y Steam decide sonreírte, podrías atraparlo con alguna rebaja esquiva. Se presenta en dos sabores distintos: la edición estándar —más amigable con tu bolsillo— y la Deluxe Edition, que trae consigo la banda sonora íntegra y un puñado de atuendos frescos para vestir a tus alter egos como se merecen.
¿Con qué sistemas operativos es compatible The Alters?
Por el momento, The Alters únicamente se puede jugar en PC con Windows, pero no basta con encender la máquina: necesitas tener un sistema operativo moderno como Windows 10 u 11, un disco sólido (SSD) que no se quede dormido y al menos 16 GB de RAM para que todo fluya sin tropiezos. Ahora bien, si lo tuyo no es el teclado y prefieres el mando entre las manos, hay buenas noticias: el juego también ha aterrizado en las consolas de última generación, así que puedes sumergirte en su mundo tanto en PlayStation 5 como en Xbox Series X/S.
¿Qué otras alternativas hay además de The Alters?
No Man’s Sky no es solo un juego: es una especie de poema cósmico interactivo donde el universo se reinventa con cada paso. ¿Tu rol? Una mezcla de explorador, chatarrero galáctico y, de vez en cuando, diplomático improvisado. Los planetas no se repiten; algunos parecen salidos de un sueño psicodélico, otros como si Lovecraft hubiera tenido acceso a una impresora 3D. Recolectas minerales imposibles, huyes o enfrentas centinelas sospechosamente hostiles, y mejoras tu nave como si fuera un Frankenstein estelar. Hay comercio, sí, pero también batallas espaciales que pueden pasar de épicas a caóticas en segundos. ¿La rutina? Se perdió entre nebulosas hace rato. Puedes jugarlo en casi cualquier cosa con pantalla: Windows, macOS, Nintendo Switch (sí, ambas), PlayStation 4 y 5, Xbox One y Series X/S.
Dune: Awakening no te pide permiso: te lanza al desierto abrasador de Arrakis sin protector solar ni mapa. Es un MMO de supervivencia donde la arena lo devora todo —literalmente— y los gusanos gigantes no tienen sentido del humor. Aquí no sobrevives solo; necesitas aliados, o al menos gente que aún no haya decidido traicionarte. Recolectas recursos mientras esquivas tormentas que podrían arrancarte la piel del alma y construyes bases que quizás duren lo suficiente como para llamarlas hogar. Pero esto es Dune: también hay política, traiciones y luchas por el control de la Especia, ese polvillo brillante que mueve imperios. Miles de jugadores comparten este sandbox infernal en servidores persistentes donde el drama nunca duerme. Por ahora lo puedes encontrar en PC vía Steam, pero las consolas de nueva generación ya están calentando motores.
Subnautica no grita: susurra desde las profundidades. Es una experiencia solitaria bajo kilómetros de agua alienígena donde el silencio pesa más que el oxígeno. Aquí no hay desiertos ni galaxias infinitas: solo tú, tu cápsula estrellada y un océano que parece hermoso... hasta que algo te observa desde la penumbra azul. Recolectas algas fluorescentes y minerales bioluminiscentes mientras fabricas cuchillos improvisados y trajes presurizados que desafían la física y el miedo. No hay multijugador ni política interplanetaria: solo tú y el abismo. Disponible en casi cualquier plataforma moderna —Windows, macOS, iOS, Android— además de consolas como Nintendo Switch, PlayStation y Xbox. Prepárate para sumergirte... o ser tragado por lo desconocido.