Las pitones son notorias por sus hábitos alimentarios. Tras sofocar a su presa estrangulándola con su cuerpo, estas grandes víboras tragan al animal completo. Y ahora un trabajo de investigación echa luz sobre los mecanismos celulares que les permiten digerir esqueletos enteros.
El estudio se presentó el 9 de julio en la Conferencia Anual de la Sociedad de Biología Experimental, en Bélgica y se publicó en Journal of Experimental Biology. Se investigaron las células intestinales de las pitones de Burma. Los machos adultos pueden llegar a medir entre 3 y 5 metros y su impactante tamaño les permite alimentarse de gran variedad de mamíferos y aves, incluyendo ciervos y lagartos. A diferencia de otros carnívoros que solamente comen carne, las víboras dependen de esqueletos animales como fuente de calcio. Pero absorber todo el calcio de un esqueleto podría dar como resultado niveles demasiado altos de ese nutriente en el torrente sanguíneo de la serpiente, o hipercalcemia, que puede afectar el corazón, la presión arterial, los huesos y los riñones de los reptiles.
“Queríamos identificar cómo es que las pitones pueden procesar y limitar la enorme absorción de calcio a través de la pared intestinal” dijo Jehan-Hervé Lignot, autor principal del trabajo y profesor de la Universidad de Montpellier.
Para ello Lignot y sus colegas alimentaron pitones con tres dietas diferentes: ratas normales, ratas deshuesadas, o ratas deshuesadas enriquecidas con carbonato de calcio para igualar los niveles de calcio del hueso natural. Un grupo de víboras no recibió ninguna de esas dietas, y ayunó durante tres semanas, para servir como base de comparación. Entre tres y seis días después de que comieran los investigadores aplicaron la eutanasia compasiva para poder estudiar los pequeños intestinos de las serpientes.
El hallazgo
Analizaron los enterocitos o células del revestimiento intestinal de las pitones utilizando microscopios de luz y electrones, midiendo además los niveles de hormonas y calcio en sangre. Eso reveló un tipo de célula nunca antes vista que produce grandes partículas compuestas de calcio, fósforo y hierro. Esas partículas forman estructuras que Lignot llama “esferoides”.
“El análisis morfológico del epitelio de las pitones reveló partículas específicas que no había visto nunca en otros vertebrados”, dijo Lignot. Él y sus colegas hallaron esas partículas dentro de la “cripta” interna – una cavidad pequeña – de células especializadas que se diferenciaban de las células intestinales tradicionales. “A diferencia de los enterocitos normales de absorción estas células son muy estrechas, con microvellosidades cortas y con un pliegue apical que forma una cripta”, añadió.
Las tres dietas diferentes que comieron las pitones permitieron que los investigadores evaluaran la función de estas particulares células. En las víboras que comieron presas deshuesadas, los enterocitos no producían las partículas ricas en calcio y fósforo. En las que habían comido roedores enteros o roedores deshuesados suplementados con calcio, las criptas de las células estaban llenas de grandes partículas de calcio, fósforo y hierro. Eso sugiere que estas células tienen un importante papel en la descomposición de los huesos de la presa de una pitón. Los investigadores no encontraron huesos en las heces de las víboras, lo que confirma que dentro de sus cuerpos todos los esqueletos se hallaban completamente digeridos y disueltos.
Aunque este nuevo tipo de célula se identificó en las pitones de Burma, no se trata de algo exclusivo porque desde el descubrimiento inicial los investigadores hallaron estas células especializadas para digerir huesos en otros tipos de pitones, boas y el monstruo de Gila, especie de lagartija venenosa del sudoeste de EE.UU y México.
Los hallazgos parecen señalar que hay un sistema poco estudiado de regulación mineral en el tracto digestivo de los reptiles. Sin embargo es posible que se trate de un mecanismo que también esté presente en otros tipos de carnívoros que tragan huesos, como los tiburones y otros depredadores marinos, los mamíferos acuáticos o las aves de rapiña, según Lignot. El científico le dijo a Gizmodo que espera que este trabajo inspire a otros investigadores a buscar estas células recientemente descubiertas en otros ejemplares del reino animal.