En 1958 un arqueólogo aficionado desenterró una cantidad de restos de fibras, madera, cuero y otros materiales en Cougar Mountain Cave, Oregon. Conservó la colección hasta la década de 1980, cuando la entregó al Museo Favell, también de Oregon. Y décadas después, cuando finalmente los arqueólogos lograron analizar la antigüedad de los objetos, su sorpresa fue enorme.
Entre los 55 ítems que inspeccionaron los investigadores identificaron dos piezas de cuero animal que estaban cosidas. La datación con radiocarbono indicó que los cueros tenían al menos 12.000 años, lo que los convierte en la ropa más antigua que se haya conocido en todo el mundo. Es probable que fueran “fragmentos de ropa o calzado”, suponen los investigadores en un reciente trabajo sobre ese descubrimiento, publicado en Science Advances
Estilo y elegancia contra el frío

Muchos de los objetos de la colección, incluyendo los cueros cosidos, se dataron en la era del Dryas Reciente, el último retorno a las condiciones glaciales que provocó que el clima fuera extremadamente frío.
Eso implica que los nativos de Norteamérica utilizaban habilidades de avanzada – al menos para su época – para protegerse de las duras condiciones del clima.
“Ya sabíamos que lo hacían pero solo podíamos suponer o adivinar cómo eran sus pertenencias. En la era de hielo sabían coser muy bien”, le dijo a Live Science Richard Rosencrance, autor principal del trabajo e investigador del doctorado de la Universidad de Nevada, Reno.
Los fragmentos de cuero “están cosidos porque se halló que un tiento o cuerda perfora una pieza de cuero y sale por otra”, añadió Rosencrance durante una entrevista con Science News. Además, el equipo encontró herramientas de piedra y agujas de hueso que tal vez hayan utilizado esos antiguos sastres y costureras.
Un tesoro histórico

Lo notable es que todos los objetos eran principalmente de materiales perecederos, por lo que resulta impresionante que estuvieran tan bien preservados, ya que la mayoría son muy pequeños, de apenas unos centímetros, según señalaron los investigadores.
Por ejemplo, había muchas cuerdas trenzadas y trozos de corteza anudada en la colección, que el equipo cree que podrían haber formado parte de cestas o refugios portátiles. También estos objetos estaban hechos con materiales orgánicos pero frágiles como ramas de arbustos y enebro.
Eso destaca la “complejidad y sofisticación de las tecnologías perecederas que en las investigaciones del pasado lejano se pasan por alto o no cuentan con evidencia que las represente”, concluyen en el trabajo.
“El hecho de poder echarle un vistazo a lo que son estas cosas y confirmar qué materiales, qué plantas y qué animales usaron para confeccionarlas es algo muy infrecuente”, le dijo Rosencrance a OPB.
“Es como la crónica de casi 12.000 años de conocimiento tecnológico compartido con nosotros”, añadió.