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Tecnología

Miles de personas vieron en directo cómo un robot clasificaba paquetes durante horas sin detenerse. Y quizá esa fue la primera retransmisión viral de una máquina aprendiendo a hacer trabajos humanos mejor que nosotros

Figure AI dejó atrás las demostraciones espectaculares de robots haciendo parkour o bailando y mostró algo mucho más incómodo: humanoides trabajando durante horas frente a una cinta transportadora clasificando paquetes casi al ritmo de un empleado humano. La sensación no era la de estar viendo el futuro. Era la de estar viendo cómo ciertas tareas empiezan, lentamente, a dejar de necesitar personas.
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La escena parecía aburrida al principio. Tres robots frente a una cinta de almacén. Cajas avanzando lentamente. Brazos mecánicos girando paquetes, buscando códigos de barras y colocándolos en la posición correcta una y otra vez. Y sin embargo, millones de personas terminaron mirando exactamente eso durante horas.

Quizá porque, por primera vez en mucho tiempo, la robótica humanoide dejó de intentar impresionar como un espectáculo futurista y empezó a mostrar algo mucho más concreto: máquinas realizando trabajo repetitivo real durante jornadas completas. Eso cambió bastante la sensación.

Figure AI convirtió una tarea gris de almacén en uno de los streams tecnológicos más virales del momento

Miles de personas vieron en directo cómo un robot clasificaba paquetes durante horas sin detenerse. Y quizá esa fue la demostración más inquietante de la robótica moderna hasta ahora
© Figure.

La compañía Figure AI lanzó inicialmente una prueba relativamente simple: varios robots humanoides trabajando durante ocho horas seguidas clasificando paquetes de forma autónoma.

La tarea consistía en detectar códigos de barras, coger cajas y girarlas correctamente sobre una cinta transportadora. Nada especialmente espectacular. No había parkour, saltos ni coreografías diseñadas para redes sociales. Precisamente ahí estaba el objetivo.

La empresa quería demostrar resistencia operativa, no espectáculo visual. La pregunta ya no era si un robot podía realizar una acción concreta una vez frente a una cámara. La verdadera cuestión era otra: ¿puede repetir ese mismo movimiento miles de veces seguidas sin detener una línea de trabajo? Y el experimento terminó explotando en internet.

Los espectadores empezaron a bautizar a los robots como Bob, Gary o Frank y siguieron la retransmisión casi como si fuese un directo de Twitch. El movimiento repetitivo de cajas generó una especie de ASMR industrial hipnótico que terminó acumulando millones de visualizaciones. Cuando la transmisión superó las 24 horas, Figure AI aseguró que sus robots habían clasificado más de 30.000 paquetes sin errores graves.

La verdadera demostración no era la inteligencia artificial, sino la resistencia

Lo importante del experimento no estaba en que el robot pudiera coger una caja. Eso ya lo habíamos visto antes. La diferencia es que ahora el objetivo consiste en mantener el ritmo durante horas, recuperarse de pequeños fallos, adaptarse a distintos tamaños de paquetes y operar dentro de un flujo continuo de trabajo.

Figure AI afirma que sus robots ya se acercan a los tres segundos por paquete, una cifra bastante cercana al rendimiento humano en tareas similares. El nuevo Figure 03 utiliza Helix-02, un sistema de inteligencia artificial integrado junto a cámaras, sensores táctiles y manos más adaptativas diseñadas específicamente para manipular objetos reales de forma constante. Incluso el sistema de carga fue pensado para mantener operaciones casi continuas mediante carga inductiva.

El mensaje de la empresa resulta bastante transparente: el futuro inmediato de los humanoides no empieza sirviendo café en una casa inteligente. Empieza en almacenes, fábricas y estaciones de trabajo extremadamente repetitivas.

El humano todavía ganó, aunque ya no por mucho

Miles de personas vieron en directo cómo un robot clasificaba paquetes durante horas sin detenerse. Y quizá esa fue la demostración más inquietante de la robótica moderna hasta ahora
© Figure.

La parte más simbólica de toda la demostración llegó cuando Figure AI enfrentó a uno de sus robots contra un trabajador humano real. Aimé Gérard, becario de la compañía, participó en una competición de clasificación de paquetes durante diez horas completas. Y sí: el humano ganó. Pero la diferencia fue mucho menor de lo que mucha gente esperaba.

Gérard terminó clasificando 12.924 paquetes, apenas 192 más que el robot. El trabajador humano mantuvo una media de 2,79 segundos por paquete frente a los 2,83 segundos de la máquina. La distancia era mínima.

El fundador de Figure AI, Brett Adcock, reaccionó inmediatamente con una frase bastante calculada para alimentar el debate tecnológico: “Ésta será la última vez que un humano gane”. Puede sonar exagerado. Y probablemente todavía lo sea. Porque la demostración sigue teniendo limitaciones importantes.

El robot todavía no trabaja como un humano en un almacén real

Varios observadores señalaron movimientos extraños, pausas largas y ciertos comportamientos que despertaron dudas sobre el verdadero nivel de autonomía del sistema. Figure AI insiste en que no hubo teleoperación humana, pero algunos expertos recuerdan que una demostración controlada no equivale automáticamente a operar en un centro logístico real.

En un almacén auténtico aparecen incidencias constantes: paquetes deformados, errores, interrupciones, objetos mal posicionados o situaciones impredecibles donde la flexibilidad humana sigue siendo muy difícil de replicar. Y aun así, el mensaje central de la prueba ya quedó bastante claro.

La robótica humanoide está dejando atrás la fase donde necesitaba asombrar al público con movimientos espectaculares. Ahora intenta convencer a empresas e inversores de algo mucho más rentable: que puede sustituir tareas monótonas durante miles de horas. Y quizá por eso la retransmisión resultó tan inquietante. Porque el futuro que mostró Figure AI no parecía una fantasía lejana llena de robots futuristas. Parecía, más bien, una jornada laboral perfectamente ordinaria.

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