Casi todos pensamos que las medusas no tienen cerebro y que para lo único que sirven es para molestarnos con el ardor que provocan en la piel si las tocamos. Además, suelen ser víctimas colaterales cuando quedan atrapadas en las redes de pesca. Pero estas antiguas criaturas translúcidas son una fuente excelente de puro colágeno marino que se puede utilizar en sectores como la alimentación, la medicina y la cosmética.
Un grupo de biólogos marinos de la Universidad Católica de Valencia, España, propone aprovechar a estas medusas en lugar de dejar que sean un residuo que se pudre. El trabajo que se publicó en Frontiers in Marine Science, sugiere formas de extraer el colágeno de las medusas que accidentalmente quedan atrapadas en las redes de pesca para que puedan usarse como valioso recurso sostenible que sirva de respaldo a las firmas pesqueras más pequeñas.
Cero residuos
Los investigadores que llevaron a cabo este nuevo trabajo se reunieron con miembros de cuatro gremios pesqueros del Mediterráneo español para evaluar si estaban dispuestos a aprovechar las medusas accidentalmente atrapadas en lugar de descartarlas.
Las poblaciones de medusas son hoy más numerosas debido al calentamiento de los océanos y a la sobrepesca, lo que significa que estos invertebrados con tentáculos aparecen con mayor frecuencia en las redes pesqueras. Eso crea problemas para la operación pesquera porque implica mayor tiempo y esfuerzo al recoger las redes, dejando menos espacio para la pesca, objetivo del trabajo.
“Nuestro análisis importa porque muestra que a veces los desafíos ambientales pueden convertirse en oportunidades cuando se los ve de manera creativa y colaborativa”, dijo en una entrevista Raquel Torres, estudiante del doctorado del Instituto de Investigaciones de Medio Ambiente y Ciencias Marinas de la Universidad Católica de Valencia y coautora del nuevo estudio. “Las medusas atrapadas suelen verse como una molestia para los pescadores porque dañan las redes, aumentan la carga de trabajo y pueden reducir el valor de la pesca comercial”.
El trabajo de investigación busca demostrar que en lugar de ser tan solo una molestia las medusas también se pueden usar para extraer su colágeno sin comprometer la calidad del biomaterial. “Proponemos una solución de bioeconomía circular: reducir los residuos, crear nuevas oportunidades económicas y respaldar a las pesqueras pequeñas al mismo tiempo”, añadió Torres.
Después de todo no son una molestia tan terrible
La especie que más aparece en las redes pesqueras es la medusa de barril o Rhizostoma pulmo. En el laboratorio los investigadores extrajeron colágeno de estas medusas accidentalmente atrapadas en las redes de pesca, y de especímenes recogidos a mano con redes manuales para preservar su estructura.
Al comparar las dos muestras extraídas los investigadores vieron que el colágeno obtenido de las medusas mantenía su integridad estructural en ambos casos. “Es decir que a pesar de que se las considera material de descarte, la captura accidental no daña el colágeno de manera significativa. Esto respalda que es factible utilizar la biomasa de las medusas atrapadas como materia prima sustentable, y demuestra su importante valor biotecnológico”, afirmó Torres.
El colágeno extraído tiene un amplio campo de aplicaciones, que incluyen los productos de cuidados de la piel, las vendas para heridas, los andamiajes para regeneración de tejidos y posiblemente productos relacionados con los alimentos. El colágeno marino surge como alternativa potencialmente superior al colágeno marino que proviene principalmente de los tejidos conectivos, la piel, los huesos y tendones del ganado y tiene menor riesgo de transmitir enfermedades al tiempo de no tener restricciones dietarias religiosas.
Con este trabajo los investigadores esperan mostrar que el material residual no se traduce automáticamente a material de menor calidad.
“Hay un concepto equivocado de que las medusas son organismos dañinos sin valor positivo. Si bien pueden crear problemas, las medusas son parte natural de los ecosistemas marinos y pueden brindar servicios y biomateriales útiles al ecosistema”, dijo en una entrevista Ainara Ballesteros, investigadora del postdoctorado de IMEDMAR y autora principal del nuevo trabajo. “Nuestros resultados muestran que con una gestión adecuada y con validación científica la biomasa capturada por accidente puede convertirse en un valioso recurso”.