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Ciencia

Detectan dos círculos de radio a 7.500 millones de años luz: una huella cósmica que podría revelar cómo evolucionó el universo temprano

Un doble anillo de ondas de radio hallado por astrónomos ciudadanos y profesionales podría ser la clave para entender cómo los agujeros negros moldearon el cosmos primitivo. La estructura, una de las más lejanas y luminosas jamás vistas, muestra que incluso en el vacío profundo el universo guarda rastros de su pasado explosivo.
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Un hallazgo que reescribe la historia del cosmos

Astrónomos de distintos países, junto con voluntarios del programa RAD@home, identificaron una estructura gigantesca a 7.500 millones de años luz: RAD J131346.9+500320, el doble anillo de radio más lejano y poderoso detectado hasta ahora.
El hallazgo —publicado por Oxford Academic— abre una nueva ventana al estudio de los ORC (Odd Radio Circles), una familia de objetos cósmicos tan raros como enigmáticos. Solo se conocen una docena en todo el universo observable.

Estas estructuras circulares, invisibles en luz visible, solo se detectan en radiofrecuencias. Están formadas por plasma magnetizado relativista, y pueden ser hasta 20 veces más grandes que la Vía Láctea. En su centro suele haber una galaxia, aunque su origen aún no está del todo claro.


Una colaboración entre telescopios y ojos humanos

El descubrimiento fue posible gracias a los datos del radiotelescopio LOFAR, una red de miles de antenas distribuidas por Europa. Pero el golpe de suerte vino de la mirada humana. Los participantes del proyecto RAD@home, dirigido por el doctor Ananda Hota, detectaron en las imágenes una figura doble tan perfecta que ningún algoritmo había registrado antes.

“Es un ejemplo de cómo la intuición humana sigue siendo vital incluso en la era del aprendizaje automático”, celebró Hota.
El proyecto demostró el poder de la ciencia ciudadana: aficionados formados por el equipo profesional analizaron enormes volúmenes de datos, logrando identificar un fenómeno que desafía la comprensión actual de los agujeros negros y las galaxias activas.


Dos anillos y una explosión que desafían la física

RAD J131346.9+500320 no muestra un solo círculo, sino dos anillos superpuestos, una rareza extrema en el universo. Los investigadores creen que su apariencia se debe a nuestra línea de visión: podrían ser ondas de choque concéntricas generadas por una antigua explosión galáctica.

Según el equipo, un agujero negro supermasivo habría liberado una cantidad colosal de energía, reactivando antiguas nubes de plasma que ahora brillan como un eco cósmico. “Es posible que una erupción energética en el núcleo galáctico revitalizara el plasma dormido y generara los anillos”, explicó Hota.

Estas estructuras son testigos de procesos violentos en los que el plasma, los campos magnéticos y los chorros relativistas expulsados por los agujeros negros interactúan con el gas intergaláctico, modelando el entorno a escalas de millones de años luz.


Una cápsula del tiempo del universo joven

La luz de estos anillos viajó 7.500 millones de años hasta alcanzar la Tierra. Observarlos es como mirar una postal del universo cuando tenía la mitad de su edad actual.
Estudiar los ORC permite comprender cómo las explosiones galácticas afectan la formación de estrellas y la evolución del cosmos.
El doctor Pratik Dabhade, coautor del estudio, lo resumió así: “Estos anillos no son anomalías aisladas, sino una ventana a cómo los agujeros negros y el plasma construyen el tejido del universo”.


Nuevos ojos para los enigmas del espacio

La rareza de los ORC hace que cada detección sea un avance. Pero el verdadero salto llegará con el Square Kilometer Array (SKA), el radiotelescopio más grande del mundo, que entrará en funcionamiento hacia 2028.
Con miles de antenas en Sudáfrica y Australia, el SKA permitirá observar cientos de estructuras como RAD J131346.9+500320 y entender, por fin, cómo los agujeros negros liberan energía suficiente para modificar galaxias enteras.

Mientras tanto, la sinergia entre la inteligencia humana y la tecnología seguirá siendo esencial. En palabras de Hota:

“Cada nuevo anillo descubierto nos recuerda que el universo guarda memoria de sus explosiones más antiguas. Solo hay que saber mirar en la frecuencia correcta.”

Fuente: Infobae.

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