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Ciencia

Detectan en Andrómeda una estrella masiva que colapsó en agujero negro sin explosión de supernova

Una estrella masiva en la galaxia de Andrómeda desapareció sin supernova y sin hacer ruido. Años después, los datos revelaron lo impensado: su transformación ocurrió en silencio. El hallazgo podría cambiar lo que creíamos saber sobre cómo nacen algunos agujeros negros.
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Estamos acostumbrados a imaginar la muerte de una estrella como un espectáculo deslumbrante, una explosión capaz de brillar más que toda su galaxia. Pero el universo no siempre ofrece fuegos artificiales. A veces actúa en silencio. Y cuando eso ocurre, lo que no vemos puede ser mucho más revelador que cualquier destello. Eso es exactamente lo que acaba de desconcertar a la comunidad científica.

Un adiós sin supernova

En la galaxia de Andrómeda, a unos 2,5 millones de años luz de la Tierra, una estrella identificada como M31-2014-DS1 dejó de existir tal como la conocíamos. Durante años fue observada como tantas otras: un astro masivo, que en su origen llegó a tener 13 veces la masa del Sol, aunque en sus últimos registros rondaba las cinco masas solares.

Nada hacía presagiar un final fuera de lo común. Sin embargo, simplemente desapareció. No hubo explosión visible, ni un estallido luminoso que alertara a los telescopios. Y eso es precisamente lo que ha dejado perplejos a los expertos: todo indica que colapsó para formar un agujero negro sin pasar por la fase clásica de supernova.

El astrónomo Kishalay De, de la Universidad de Columbia, admitió que el hallazgo supone un impacto directo en el inventario de muertes estelares que manejaban hasta ahora. Durante décadas se sospechó que algunas estrellas podían colapsar de forma “fallida”, pero las pruebas eran ambiguas. Esta vez, la evidencia es mucho más sólida.

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El problema de lo que no brilla

Las supernovas son eventos tan energéticos que pueden eclipsar temporalmente el brillo de su galaxia anfitriona. Resulta relativamente sencillo detectarlas incluso a enormes distancias. Pero buscar una estrella que se apaga sin explosión es otra historia.

Ya en los años setenta se planteó la posibilidad de que algunas estrellas masivas colapsaran directamente en agujeros negros. En 2010, se observó un caso intrigante en la galaxia NGC 6946, donde una estrella redujo drásticamente su brillo. Sin embargo, la calidad de los datos no permitió confirmar el proceso con seguridad.

El caso reciente es diferente. La estrella de Andrómeda estaba mucho más cerca y era significativamente más brillante que aquel ejemplo anterior. Eso permitió un seguimiento más detallado y una reconstrucción más precisa de lo sucedido.

Una señal en el archivo olvidado

Lo más sorprendente es que la pista clave llevaba años almacenada en datos públicos. En 2014, la estrella mostró un incremento en su emisión infrarroja. Ese brillo se mantuvo durante aproximadamente tres años, hasta que, de manera abrupta, se redujo en un factor de diez mil.

Fue recién en 2023 cuando un equipo revisó registros de la misión NEOWISE y detectó la anomalía. La información había estado allí todo el tiempo, esperando ser interpretada. Para los investigadores, descubrir que la evidencia había pasado desapercibida durante años fue casi tan impactante como el fenómeno en sí.

La estrella no explotó; simplemente colapsó hacia adentro. Pero ¿cómo pudo evitar la detonación que normalmente acompaña estos procesos?

Un colapso más lento de lo esperado

Las estrellas viven en un delicado equilibrio entre la gravedad, que intenta comprimirlas, y la presión generada por la fusión nuclear en su interior, que empuja hacia afuera. Cuando el combustible se agota, la gravedad suele imponerse de forma violenta, provocando una supernova.

En este caso, los científicos proponen un escenario diferente. Las capas externas de la estrella habrían desarrollado intensas corrientes convectivas debido a diferencias de temperatura, similares a las que se forman cuando se mezcla leche fría en un café caliente. Ese movimiento interno podría haber ralentizado el colapso de las capas más externas.

Mientras el núcleo se hundía para formar un agujero negro, parte del material quedó orbitando temporalmente alrededor de él y otra fracción fue expulsada lentamente, en lugar de ser lanzada en una explosión catastrófica. El resultado fue un desvanecimiento progresivo acompañado de un tenue resplandor infrarrojo.

Lo que aún podría revelarnos

El proceso no ha terminado. Los restos polvorientos que rodean al agujero negro recién formado seguirán emitiendo luz débil durante décadas. Instrumentos como el Telescopio Espacial James Webb podrían continuar observando ese resplandor y aportar más detalles sobre el mecanismo.

Este episodio abre una pregunta inquietante: ¿cuántas otras estrellas habrán muerto en silencio sin que nadie lo notara? Si estos colapsos discretos son más comunes de lo que se pensaba, nuestra comprensión sobre la formación de agujeros negros estelares podría necesitar una revisión profunda.

Lo que parecía una simple desaparición se ha convertido en una pieza clave para entender un fenómeno cósmico fundamental. Y quizá, en el vasto escenario del universo, los eventos más trascendentales no siempre llegan acompañados de estruendo, sino envueltos en un silencio casi perfecto.

 

[Fuente: La Razón]

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