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Ciencia

Dicen los científicos que podríamos tener 33 sentidos. Aquí te lo explicamos

¿Piensas que tienes cinco sentidos nada más? La cantidad real podría ser mucho mayor
Por Barry Smith, The Conversation Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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[Versión en español resumida del artículo original en inglés] 

Como vivimos pegados a pantallas, solo pensamos en el oído y la vista. Pero nuestros sentidos están en funcionamiento todo el tiempo, como cuando sientes las superficies rugosas o suaves de los objetos, la rigidez de tus hombros o lo blando que es el pan.

Sientes el picor del dentífrico, oyes y sientes el agua de la ducha, hueles el champú y el café recién preparado.

Aristóteles nos dijo que había cinco sentidos, pero también dijo que el mundo está hecho de cinco elementos. Y eso ya no lo creemos. La investigación moderna nos muestra que en realidad podríamos tener muchos sentidos más.

Prácticamente todo lo que experimentamos es multisensorial, ya que no vemos, oímos, olemos o tocamos ni saboreamos por separado. Lo que sentimos afecta lo que vemos, y lo que vemos afecta a lo que oímos. La textura de tu cabello puede percibirse según huela el champú, como por ejemplo si huele a rosas, sentirás que está más suave.

La percepción de los olores en la boca que suben al pasaje nasal se ve modificada por la viscosidad de los líquidos que consumimos, como sucede con el olor del yogurt bajo en grasas.

Mi histórico colaborador, el profesor Charles Spence del Laboratorio Crossmodal de Oxford, me dijo que sus colegas en neurociencias creen que tenemos entre 22 y 33 sentidos. Eso incluye la propiocepción, que te permite saber dónde están tus brazos y piernas aunque no los mires. El sentido del equilibrio se basa en el sistema vestibular de los canales auditivos, en la vista y la propiocepción.

También está la introcepción que permite que percibamos cambios en el cuerpo, como el aumento del ritmo cardíaco o el apetito, y el sentido de agencia al mover los miembros, algo que pierden los pacientes que sufrieron un accidente cardiovascular que a veces incluso creen que otra persona está moviendo su brazo.

Está el sentido de la propiedad, y también aquí vale el ejemplo del ataque cardiovascular en que el paciente siente que el brazo no es suyo aunque tenga sensaciones.

Algunos sentidos tradicionales son combinaciones de varios sentidos. El tacto tiene que ver con sensaciones de dolor, temperatura, picazón y tacto. El gusto implica que combinas tres sentidos: el tacto, el gusto y el olfato que en combinación producen los sabores que percibimos en los alimentos y las bebidas.

Las papilas gustativas de la lengua nos permiten detectar sabores: salado, dulce, agrio, amargo y umami (sabroso), pero ¿qué hay de la menta, el mango, el melón, las fresas y las moras? En algunos casos el sabor combina lo dulce, lo agrio y lo amargo. No hay aritmética en los sabores de las frutas porque los percibimos gracias al funcionamiento conjunto de la lengua y la nariz.

Los compuestos olorosos se liberan al masticar o sorber, y van de la boca a la nariz por medio de la faringe nasal que está en el fondo de la garganta, pero el tacto también participa porque vincula los sabores y los olores y así fija nuestra preferencia por los huevos firmes o blandos, y por esa textura aterciopelada del chocolate.

La vista se ve influenciada por nuestro sistema vestibular. A bordo de un avión en tierra, mira la cabina y vuelve a mirarla cuando el avión está ascendiendo. Te parecerá que el frente de la cabina es más alto, aunque en términos ópticos todo está en la misma relación que tenía cuando estaban en tierra. Lo que “ves” es el efecto combinado de la vista y tus canales auditivos que te indican que te inclinaste hacia atrás.

En el Centro de Estudio de los Sentidos de la Facultad de Estudios Avanzados de la Universidad de Londres, trabajan investigadores, filósofos, neurocientíficos y psicólogos. En 2013, el centro lanzó su proyecto Repensar los Sentidos, dirigido por mi colega, el fallecido profesor Sir Colin Blakemore. Descubrimos que al modificar el sonido de tus pasos tu cuerpo podía sentirse más liviano o más pesado.

También vimos que las audioguías del museo de arte Tate Britain, que suenan a que el modelo del retrato le está hablando al visitante, hacen que puedas recordar más detalles visuales de la pintura. Y que el ruido del avión interfiere con nuestra percepción del gusto, y por qué siempre deberías beber zumo de tomates cuando viajas en avión.

Aunque nuestra percepción de lo salado, lo dulce y lo agrio se reduce con el ruido blanco, el umami no se reduce y tanto los tomates como su jugo son ricos en umami, con lo que el ruido del avión realzará el sabor.

Nuestra más reciente exposición interactiva, Senses Unwrapped en el Coal Drops Yard de King’s Cross, Londres, le mostró a la gente cómo funcionan sus sentidos y por qué no funcionan como pensamos que lo hacen.

Por ejemplo, la ilusión del tamaño-peso está ilustrada por unas piedras de curling, una pequeña, una mediana y otra grande. La persona puede levantar cada una y decidir cuál pesa más. La más pequeña se siente como la más pesada, pero cuando se colocan en la balanza, la gente descubre que pesan lo mismo.

Hay muchas cosas que te rodean y te muestran que sus sentidos son intrincados. Solo hay que tomarse el tiempo de poder entenderlo. Cuando salgas a caminar, o comas algo sabroso, tómate un momento para apreciar cómo se combinan tus sentidos, y siente cada una de las sensaciones.

Barry Smith, Director del Instituto de Filosofía, School of Advanced Study, University of London. Artículo republicado desde The Conversation bajo licencia Creative Commons. Aquí se puede leer el artículo original.

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