Antes de que la ansiedad se encienda cuando ves la hora pasar, conviene recordar algo esencial: dormir bien es entrenable. Nuestro cuerpo está diseñado para descansar profundamente por la noche, pero las pantallas, las preocupaciones y los malos hábitos lo han puesto en jaque. Expertas de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño revelan cómo podemos ayudar al organismo a entrar en modo “apagado”, evitar despertares constantes y despertar renovados. Aquí tienes siete hábitos eficaces, respaldados por la ciencia.
Una respiración que apaga el cerebro
La técnica 4-7-8 es un interruptor natural del sistema nervioso. Consiste en: inhalar 4 segundos, retener 7 y exhalar 8. Repetir unas 4 veces suele bastar para dormirse más rápido. Sin embargo, no se recomienda en personas con patologías respiratorias, por lo que conviene consultar si hay dudas.

Cena ligera y temprano
El sueño empieza en el plato: lo ideal es cenar al menos dos horas antes de acostarse. Alimentos ricos en triptófano —banana, almendras, avena, leche, pollo— ayudan a la producción de melatonina. También conviene reducir líquidos por la tarde para no depender del baño a mitad de la noche.
Pantallas: el enemigo lumínico
Móviles, tele y ordenador activan el cerebro justo cuando debería apagarse. La luz azul engaña al reloj biológico e inhibe la melatonina. Dos horas sin pantallas son el estándar recomendado. Y si pasan 15 minutos sin dormir, levantarse y hacer una actividad tranquila con luz tenue hasta que vuelva el sueño.
Lavanda para el descanso profundo
Su aroma potencia el sueño lento profundo: se puede usar en spray sobre la almohada o mediante difusor. Un ritual sencillo que reduce la activación mental y la tensión muscular.

Infusiones que acompañan
La valeriana y la pasionaria cuentan con estudios que avalan su efecto sedante y ansiolítico suave. Funcionan mejor tras varias semanas de uso continuo. Son una opción para quienes prefieren recursos naturales (siempre bajo supervisión si hay medicación o embarazo).
Mente tranquila, cuerpo que duerme
Evitar conversaciones tensas, trabajo nocturno y pensamientos catastróficos en la cama. El cerebro aprende: si la cama se asocia a frustración, dormirá peor. Convertir el dormitorio en un refugio de calma es parte del tratamiento.
Cuidado con el alcohol
Aunque ayuda a conciliar el sueño, lo empeora: aumenta despertares, reduce la fase REM y deshidrata. Es un falso aliado que roba descanso.
Dormir bien protege tu memoria, tu ánimo, tus defensas y tu corazón. No es un lujo: es salud. Y hoy mismo, puedes empezar a recuperarlo.
Fuente: Infobae.