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Ciencia

Dos choques cósmicos revelan cómo nacen los planetas en otros sistemas solares

Astrónomos han observado por segunda vez una colisión entre planetesimales en el sistema de Fomalhaut, a solo 25 años luz de la Tierra. El hallazgo ofrece una oportunidad excepcional para estudiar en tiempo real los procesos violentos que dan origen a los planetas y reconstruir cómo se formó nuestro propio sistema solar.
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Durante décadas, la formación de planetas fue un proceso reconstruido a partir de modelos teóricos y restos fósiles del sistema solar. Sin embargo, un sistema estelar cercano acaba de ofrecer una ventana directa a ese pasado remoto. Dos colisiones detectadas con casi veinte años de diferencia revelan que, en algunos rincones del cosmos, los planetas aún están naciendo entre impactos colosales y nubes de polvo en expansión.

El origen violento de los planetas

La formación planetaria comienza con partículas diminutas de polvo que orbitan una estrella joven dentro de un disco de gas. Con el tiempo, estas partículas chocan y se adhieren entre sí, creciendo progresivamente. Primero se forman granos, luego piedras, después rocas y, finalmente, planetesimales: cuerpos de decenas de kilómetros que funcionan como los bloques fundamentales de los planetas.

Este proceso fue el que dio origen a la Tierra y al resto del sistema solar hace unos 4.600 millones de años. Hoy, en nuestro entorno cósmico, ese tipo de colisiones ya no ocurre con frecuencia, lo que vuelve especialmente valiosos los sistemas jóvenes donde estos eventos siguen activos.

Fomalhaut, un laboratorio planetario cercano

El sistema estelar de Fomalhaut resulta ideal para estudiar estos fenómenos. Con apenas 440 millones de años, es extremadamente joven en términos astronómicos, y además se encuentra a solo 25 años luz de la Tierra. Esta combinación permite observar con gran detalle procesos que en otros sistemas serían invisibles.

En 2004, los astrónomos detectaron una nube de polvo inusual alrededor de la estrella. En 2023, una segunda nube apareció en otra región del sistema. Ambas señales encajan con el patrón esperado tras una colisión entre planetesimales.

Impactos colosales captados por el telescopio Hubble

El análisis del brillo y la expansión de las nubes de polvo sugiere que los objetos implicados tenían al menos 60 kilómetros de diámetro. Esto los convierte en cuerpos varias veces más grandes que el asteroide que provocó la extinción de los dinosaurios en la Tierra.

La observación de dos colisiones en menos de dos décadas permite, además, estimar cuán frecuente es este tipo de impacto en Fomalhaut. Los investigadores calculan que el sistema podría albergar unos 300 millones de planetesimales de tamaño similar, lo que indica una intensa actividad constructiva —y destructiva—.

Una ventana al pasado del sistema solar

Estos choques no solo revelan la violencia del nacimiento planetario, sino que también ayudan a entender cómo evolucionan los sistemas solares con el tiempo. Observar planetesimales colisionando hoy equivale a mirar una película del pasado de la Tierra, cuando nuestro planeta aún estaba en construcción.

Cada nueva detección afina los modelos teóricos y confirma que los planetas no nacen de manera tranquila, sino a través de una danza caótica de impactos. Fomalhaut, con sus colisiones repetidas, se consolida así como una de las mejores ventanas para comprender cómo se forman los mundos en el universo.

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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