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La mayor extinción de la historia no solo borró especies. También reorganizó los océanos por completo. Un nuevo estudio revela cómo el planeta pasó del colapso al nacimiento de los ecosistemas modernos

Hace 252 millones de años, la mayor catástrofe biológica jamás registrada dejó los océanos casi vacíos. Un estudio de la Universidad de Valencia y CONICET revela que, tras el colapso, los mares se volvieron sorprendentemente homogéneos y que solo unas pocas especies lograron expandirse por todo el planeta. Ese proceso, lento y caótico, terminó dando forma a los ecosistemas marinos que conocemos hoy.

Durante décadas, los científicos han intentado reconstruir qué ocurrió realmente después de la Gran Mortandad del final del Pérmico, una extinción tan devastadora que eliminó más del 80% de las especies marinas. Sabíamos cómo murió la vida. Lo que no entendíamos era cómo volvió. Y, sobre todo, cómo el planeta reorganizó sus mares tras perder casi todo lo que habitaba en ellos.

El nuevo estudio ofrece una respuesta precisa: tras el desastre, no quedó prácticamente ningún ecosistema reconocible. Los océanos entraron en una fase de “cosmopolitismo biológico” en la que pocas especies supervivientes se extendieron por todo el mundo, creando un mar global sorprendentemente uniforme, casi sin regiones diferenciadas. Esa homogeneidad duró millones de años, hasta que la vida, poco a poco, volvió a diversificarse.

El mundo después del fin del mundo: mares vacíos, faunas uniformes

La mayor extinción de la historia no solo borró especies. También reorganizó los océanos por completo. Un nuevo estudio revela cómo el planeta pasó del colapso al nacimiento de los ecosistemas modernos
© Unsplash – Javier Miranda.

El equipo investigador analizó fósiles de bivalvos —un grupo abundante y muy bien conservado en el registro geológico— para reconstruir cómo se reorganizaron las comunidades marinas tras la extinción. Y el resultado fue más radical de lo esperado.

La profesora Sonia Ros, de la Universidad de Valencia, lo resume así: después de la crisis, “los mares del planeta eran sorprendentemente homogéneos: muchas especies aparecían en lugares muy distantes entre sí”. No existían los grandes contrastes biológicos actuales entre regiones oceánicas. La vida se comportaba como una única comunidad global, sin barreras ni especializaciones claras.

Esto sugiere que la extinción masiva no solo eliminó especies, sino que reinició la distribución de la vida de una manera profunda, forzando a las pocas supervivientes a ocupar espacios vacíos a escala planetaria.

Cómo se reconstruyen los océanos tras una extinción masiva

Uno de los puntos más interesantes del estudio es el análisis de la velocidad de recuperación. La vida no volvió a su estado previo de inmediato: necesitó millones de años para recuperar complejidad.

Durante el Triásico Medio, las faunas empezaron a reorganizarse y a separarse geográficamente. Regiones que hoy nos parecen evidentes —como el océano Tetis, antecesor del Mediterráneo, o el Pacífico primitivo— comenzaron a desarrollar comunidades propias y diferenciadas. Es en ese periodo cuando se gestan los primeros ecosistemas marinos modernos.

A finales del Triásico, el planeta dejó atrás la homogeneidad inicial. Los océanos recuperaron identidad, fronteras biológicas y dinámicas regionales. La vida volvió a especializarse.

Una fase olvidada: el cosmopolitismo global

La mayor extinción de la historia no solo borró especies. También reorganizó los océanos por completo. Un nuevo estudio revela cómo el planeta pasó del colapso al nacimiento de los ecosistemas modernos
© FreePik.

El estudio describe este periodo inicial como una fase de cosmopolitismo, un momento en que las pocas especies resistentes al evento de extinción se expandieron sin competencia por todos los océanos. Un mundo sin rivalidades ecológicas, sin barreras geográficas significativas y sin estructuras comunitarias complejas.

Esto no solo aporta información sobre el pasado. También sugiere cómo podrían comportarse los ecosistemas si el planeta volviera a sufrir un evento de pérdida de biodiversidad a gran escala: tendríamos mares empobrecidos, homogéneos y dominados por especies oportunistas, mientras la vida tardaría millones de años en reconstruir complejidad.

Ciencia del pasado para entender el futuro

La investigación ha sido posible gracias a una extensa base de datos mundial y al uso de herramientas de análisis de redes, similares a las que se utilizan para estudiar sistemas sociales o el tráfico en internet. Con ellas, los investigadores han podido reconstruir relaciones entre especies y regiones, desentrañando cómo se dispersaron los organismos tras el colapso.

El resultado ofrece una perspectiva inédita sobre el impacto real de las extinciones masivas: no solo reducen la biodiversidad, sino que reprograman completamente la organización del planeta, redefiniendo la conectividad entre mares y la evolución de las criaturas que los habitan.

Es una lección con un eco inquietante. La extinción del Pérmico tardó millones de años en sanar. En un mundo moderno en plena crisis de biodiversidad, entender ese proceso no es solo paleontología: es una advertencia.

Porque la historia de la mayor extinción de la Tierra no termina en el pasado. Todavía está escribiendo consecuencias en nuestro futuro.

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