Durante décadas, los expertos creyeron que Mercurio jamás podría haber enviado meteoritos a la Tierra. Su cercanía al Sol y su gravedad hacían improbable que fragmentos del planeta escaparan al espacio. Sin embargo, el hallazgo de dos rocas espaciales en África ha abierto una nueva posibilidad que sacude la geología planetaria.
Una hipótesis que parecía imposible

Los meteoritos, denominados Ksar Ghilane 022 y Northwest Africa 15915, fueron encontrados en el norte de África y analizados en detalle por un equipo internacional. Ambos comparten una composición química sorprendentemente similar a la corteza de Mercurio: presentan minerales como olivino, piroxeno, oldhamita y rastros de plagioclasa sódica, los mismos materiales que la misión Messenger de la NASA detectó en el planeta más cercano al Sol.
Además, los meteoritos comparten proporciones isotópicas de oxígeno con los aubritas, un grupo de rocas espaciales que también se sospecha podrían provenir de un cuerpo planetario. Este conjunto de evidencias ha llevado a los investigadores a sugerir, por primera vez con fundamentos sólidos, que podrían tratarse de fragmentos eyectados desde Mercurio.
Un pasado más antiguo que el planeta mismo

Según detalla el experto Ben Rider-Stokes en The Conversation, ambos meteoritos tienen una edad estimada de 4.528 millones de años, lo que los ubica en los inicios del sistema solar. Esto los hace incluso más antiguos que las regiones más viejas conocidas de la superficie de Mercurio, cuya edad se sitúa en torno a los 4.000 millones de años. Esta diferencia ha llevado a pensar que los fragmentos podrían haberse formado a partir de capas del planeta ya desaparecidas.
Aunque algunos especialistas advierten que las rocas contienen menos plagioclasa de lo que se esperaría si provinieran de la corteza, esta discrepancia podría explicarse si el material fuese del manto superficial y no de la superficie expuesta.
Un misterio que la ciencia aún debe resolver
Dado que nunca se ha traído una muestra directa de Mercurio a la Tierra, cualquier comparación entre meteoritos y el planeta se basa en observaciones a distancia. Esto convierte al hallazgo en una oportunidad extraordinaria. La misión BepiColombo, impulsada por la ESA y la JAXA, se encuentra en camino al planeta y se espera que proporcione datos de altísima resolución.
Cuando BepiColombo entre en órbita mercuriana, podría confirmar o refutar una de las preguntas más inesperadas de los últimos años: ¿hemos tenido en nuestras manos fragmentos de Mercurio sin saberlo? La ciencia, una vez más, está al borde de reescribir lo que creíamos saber.