La contaminación de ríos por drogas de abuso dejó de ser un asunto urbano aislado y se confirmó como un fenómeno global. Una revisión científica reciente analizó datos de 225 ríos en cuatro continentes y encontró que Sudamérica presenta las mayores concentraciones de cocaína en el mundo. El hallazgo expone una amenaza silenciosa para los ecosistemas y revela la urgencia de fortalecer políticas de saneamiento y monitoreo ambiental.
Un problema global con epicentro en Sudamérica
La investigación, publicada en Science of the Total Environment por un equipo de la Universidad de Massachusetts, reunió datos de 865 puntos de muestreo en Europa, Asia, África y América. El análisis incluyó drogas recreativas e incluso fármacos recetados, como morfina, codeína o tramadol.
El hallazgo más contundente se dio en Sudamérica: la cocaína alcanzó promedios de 29.885 nanogramos por litro, muy por encima de los registros europeos o asiáticos. En algunos casos puntuales, la concentración superó los 487.000 nanogramos por litro, cifras inéditas a nivel global.
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Los autores destacaron que, además de los estimulantes, opioides como codeína y tramadol aparecen con frecuencia en aguas africanas, mientras que en Norteamérica y Europa se observan variaciones según el tipo de droga y el nivel de desarrollo de cada región.
Cómo llegan las drogas a los ríos
Los residuos de drogas ingresan a los sistemas hídricos principalmente a través de aguas cloacales, ya sea por consumo recreativo o médico. Las plantas de tratamiento convencionales no logran eliminar completamente estas sustancias, que pueden permanecer en el agua durante días o semanas.
La revisión también mostró que las áreas urbanas presentan mayores niveles de contaminación, aunque en zonas rurales también se detectaron residuos. La combinación de compuestos forma “cócteles químicos” cuyos efectos en organismos acuáticos siguen siendo poco conocidos.
Riesgos ecológicos y vacíos de información
La principal preocupación científica es la falta de estudios sobre los efectos reales de estas sustancias en la fauna. La mayoría de los ensayos toxicológicos se realiza con dosis muy superiores a las encontradas en los ríos, lo que dificulta extrapolar resultados al ambiente natural.
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A pesar de estas limitaciones, ya se sabe que algunos compuestos farmacológicos alteran la biología de los peces, como el caso del EE2, un anticonceptivo capaz de modificar su sexo. Los especialistas temen que las drogas de abuso tengan consecuencias similares aún no detectadas.
Hacia una gestión ambiental más efectiva
Los investigadores recomiendan extender el monitoreo a regiones poco estudiadas, unificar métodos de análisis y priorizar estudios sobre la persistencia y toxicidad de estos compuestos. “Solo con datos realistas se podrá guiar una mejor gestión ambiental”, advirtieron.
El científico argentino Pedro Carriquiriborde, del Conicet, remarcó que la solución de fondo está en ampliar las redes cloacales y mejorar las plantas de tratamiento: “Es la única forma de evitar que estas sustancias lleguen a ríos, arroyos o aguas subterráneas”.
Fuente: Infobae.