El uso del protector solar se ha convertido en un hábito esencial para cuidar la piel, pero lo que muchos desconocen es que algunas de estas cremas contienen compuestos químicos nocivos para los océanos. Cada baño de mar libera parte de sus componentes, que acaban acumulándose en el agua y afectando corales, peces y microorganismos.
Frente a esta amenaza silenciosa, un grupo de científicos españoles ideó una innovadora herramienta: drones equipados con sensores ultravioleta (UV) capaces de detectar concentraciones de protector solar en el agua y ofrecer información en tiempo real sobre la calidad ambiental de las playas.
Ciencia y tecnología para un mar más limpio
El proyecto, desarrollado por investigadores del ICMAN-CSIC (Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía), combina ecotoxicología, ingeniería y teledetección aérea. Su objetivo es cuantificar el impacto de los fotoprotectores como contaminantes emergentes y crear herramientas prácticas para la gestión costera.
Los drones incorporan un espectrofotómetro UV miniaturizado (proyecto SEN2SUNSCREENS), que detecta la firma espectral de los filtros solares presentes en el agua. Tras calibrar el sistema con muestras recogidas in situ en playas de Cádiz —como La Caleta y Camposoto—, el equipo comprobó que el prototipo funciona con alta precisión incluso en condiciones reales de campo.
Hasta ahora, no existía ningún dispositivo capaz de identificar desde el aire la presencia de crema solar en el mar. Este avance sienta las bases para una vigilancia rápida y sostenible de las costas más visitadas.

Ecotoxicología de los fotoprotectores
Cada año, toneladas de filtros UV alcanzan los ecosistemas marinos. Aunque aún no están formalmente catalogados como contaminantes por la legislación europea, su presencia crece sin control debido a que las plantas de tratamiento de aguas no pueden retenerlos.
El grupo de Ecotoxicología del ICMAN impulsa el proyecto Sunscreen-Index, que propone protocolos para que la industria cosmética evalúe el impacto ambiental de sus productos antes de lanzarlos al mercado.
A diferencia de los estudios tradicionales, que analizan compuestos aislados, Sunscreen-Index evalúa las formulaciones completas, ya que las mezclas pueden aumentar o reducir la toxicidad.
Los resultados indican que no todas las cremas se comportan igual: su impacto depende de factores como la temperatura, la radiación solar y la etapa de vida de los organismos marinos expuestos. Este enfoque integral busca sustituir el actual sistema de “listas negras” por un modelo comparativo y reproducible, que incentive la reformulación ecológica de los productos.
TurisDron: el “semáforo ambiental” de las playas
El sistema de drones forma parte del proyecto TurisDron, orientado a crear un índice de calidad ambiental costera que combine datos sobre contaminantes, nutrientes, microplásticos y densidad de bañistas.
La idea es que los ayuntamientos dispongan de un panel tipo semáforo, que alerte cuando una playa supere los límites seguros y active medidas correctivas, como reducir el acceso, mejorar duchas o delimitar áreas sensibles.

Antonio Tovar Sánchez, investigador principal del proyecto, resume así su propósito:
“Queremos que los gestores costeros tengan información inmediata y fiable sobre el estado ecológico del agua. Solo así podrán actuar antes de que el daño sea irreversible.”
Hacia un modelo de “One Ocean, One Health”
Estos proyectos se inscriben en la filosofía One Ocean, One Health, que conecta la salud del océano con la humana. Al preservar el equilibrio marino, también se protege la calidad del aire, los alimentos y la biodiversidad de la que depende nuestra vida.
El desarrollo de drones ambientales representa una nueva frontera en la gestión costera, donde la tecnología, la ecología y la salud convergen para diseñar playas más sostenibles.
Fuente: Infobae.