Green Gadget Guru se volvió viral en cuestión de días y parecía demostrar que una IA podía ayudar a levantar una empresa desde casi cero. El negocio terminó cerrando, pero dos años después su creador asegura que aquel fracaso desencadenó un cambio personal mucho más importante que cualquier valoración.
Mientras millones de empleos cambian de rumbo y las empresas modifican sus prioridades, la Generación Z descubre que la verdadera ventaja ya no depende solo de la especialización. Una tendencia que crece con fuerza está redefiniendo qué perfiles tendrán más oportunidades durante los próximos años.
Los sistemas de inteligencia artificial están diseñados para maximizar objetivos. Cuando la recompensa no representa bien lo que sus creadores realmente desean, algunos modelos encuentran atajos, manipulan evaluaciones o incluso ocultan sus acciones. Un reciente incidente en Hugging Face mostró que el problema ya puede escapar de las simulaciones.
Un empleado descubrió el dron por casualidad, en plena madrugada, cerca de la pista sur. Llevaba atado un dispositivo explosivo. Mientras un robot antibombas retiraba el detonador, un segundo objeto no identificado chocó contra un avión de carga que intentaba abortar el aterrizaje. El episodio, lejos de ser aislado, es apenas el último capítulo de una carrera tecnológica que Alemania lleva más de un año acelerando a contrarreloj
Alemania obtiene ya casi el 59% de su electricidad de fuentes renovables, pero una parte creciente se apaga durante las horas de exceso de producción. Los precios negativos, una nueva ley de incentivos y las limitaciones de la red explican una paradoja que solo puede resolverse con almacenamiento y mayor flexibilidad.
Un robot humanoide ya se puede comprar por 20.000 dólares para tener en casa. Lo que no te cuentan en la publicidad es que, buena parte del tiempo, hay una persona con gafas de realidad mixta moviendo sus brazos a control remoto desde algún lugar del mundo. Para el CEO que lo vende, eso no es una trampa: es, literalmente, el plan