La química industrial se ha construido sobre reacciones que parecían inamovibles. Una de ellas, la epoxidación de alquenos, se enseñaba como ejemplo de proceso dependiente de catalizadores metálicos. Sin embargo, un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología Química en Valencia decidió cuestionar esa certeza y el resultado fue inesperado: fabricar plásticos a partir de algo tan cotidiano como el aire.
La reacción que parecía imposible de simplificar
La epoxidación de alquenos es clave en la producción de epóxidos, moléculas que se transforman en plásticos, resinas y fármacos. Hasta ahora, el proceso requería metales como vanadio o titanio y agentes oxidantes costosos. El método del ITQ rompe esa dependencia: basta aire u oxígeno para alcanzar una reacción con una eficiencia comparable —o superior— a la de las rutas tradicionales.
Tres variantes con un mismo resultado

El estudio, publicado en Nature Communications, describe tres formas de lograrlo. Una consiste en aplicar aire a presiones moderadas (3 a 5 bares). Otra ocurre de manera espontánea a temperatura ambiente, en contacto directo con el aire. La tercera combina oxígeno y calor, entre 100 y 200 ºC. Todas alcanzan hasta un 90% de selectividad, lo que significa menos residuos y mayor control.
Qué supone para la industria y el medio ambiente
Reducir los costes a la mitad y eliminar metales pesados son solo las ventajas más evidentes. La técnica puede adaptarse sin grandes cambios a plantas químicas existentes y, además, admite alquenos derivados de biomasa. Esto abre la puerta a plásticos fabricados con materias primas renovables, una carta ganadora en un contexto donde Europa endurece sus normativas ambientales.
Del laboratorio a la producción global
El abanico de aplicaciones es tan amplio como estratégico: resinas epoxi para construcción y electrónica, detergentes con menor impacto, aditivos de fragancias, lubricantes de precisión o compuestos farmacéuticos. Lo que nació como un desafío académico se perfila ahora como una palanca de competitividad industrial. Y todo gracias a una reacción que, contra todo pronóstico, funciona con aire.