El planeta esperaba un pacto histórico, pero las negociaciones internacionales volvieron a naufragar. El plástico, ese material cotidiano que envuelve nuestros alimentos y forma parte de casi todo lo que usamos, se ha convertido en una amenaza silenciosa para la vida marina. Y la falta de acuerdo en la ONU deja un escenario inquietante para las próximas décadas.
Un océano lleno de desechos invisibles

El Cañón Submarino de Mar del Plata ofreció una postal cruda: estrellas de mar, corales, calamares… y bolsas de plástico flotando entre ellos. La expedición conjunta del CONICET y el Schmidt Ocean Institute demostró que los microplásticos —partículas de menos de 5 milímetros— no solo invaden las costas, también se acumulan en aguas profundas.
Florencia Arrighetti, investigadora del Museo Argentino de Ciencias Naturales, explica que estas partículas aparecen en cualquier compartimento que se analice: agua, aire, sedimentos o animales. En los mares argentinos aún no existían estudios de este tipo, pero las muestras recogidas indican que el fenómeno es global. “Tarde o temprano termina en el océano”, advirtió.
La oportunidad perdida en la ONU

Según cuenta Natalia Rótolo en Página12 de Argentina, las negociaciones buscaban un tratado ambicioso que regulara todo el ciclo de vida del plástico, desde su producción derivada del petróleo hasta los desechos finales. Un bloque amplio —América Latina, la Unión Europea, Canadá, Australia, África y las naciones insulares— apoyaba medidas estrictas. Sin embargo, los países petroleros frenaron cualquier intento de limitar la producción o prohibir aditivos tóxicos.
“Perdimos una oportunidad histórica”, lamentó la delegación cubana. Tuvalu, en nombre de catorce Estados insulares, advirtió que la falta de acción compromete su supervivencia cultural y alimentaria. Para ellos, el plástico no es un debate abstracto: es la diferencia entre mantener un ecosistema o perderlo.
Un futuro marcado por cifras alarmantes
Los informes del CONICET recuerdan que los plásticos no solo afectan a peces, ballenas o tortugas que los ingieren o quedan atrapados: también se fragmentan en microplásticos que tardan siglos en degradarse. Para 2050, se calcula que existirán 12 mil millones de toneladas de residuos plásticos acumulados en vertederos y océanos.
Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, reconoció que la última ronda de conversaciones sirvió al menos para delimitar las “líneas rojas” de cada país. El proceso no está cerrado: se buscará una nueva fecha para continuar. Pero mientras tanto, la corriente imparable de plástico sigue avanzando y amenaza con tragarse el futuro de los mares.
Fuente: Página12.