Esta situación ha llevado a hospitales en todo el país a enfrentar escasez de estos líquidos esenciales, que son vitales para tratar y prevenir la deshidratación y administrar medicamentos.
La planta de Baxter International en North Cove, Carolina del Norte, produce aproximadamente el 60% del suministro diario de solución intravenosa en EE. UU., equivalentes a 1.5 millones de bolsas de líquido. Con su cierre, muchos hospitales han comenzado a retrasar cirugías electivas y otros procedimientos no urgentes para conservar su suministro de líquidos intravenosos. Algunos hospitales incluso han cambiado a Gatorade para pacientes menos críticos.
En estado de alerta
La Asociación Americana de Hospitales (AHA) ha instado a la administración Biden a declarar una emergencia nacional. Richard J. Pollack, presidente de la AHA, advirtió que la escasez está afectando la atención al paciente y que la situación podría empeorar si no se toman medidas rápidas.
El huracán Milton, que recientemente tocó tierra, también podría agravar la crisis. B. Braun Medical, el segundo mayor fabricante de líquidos intravenosos en EE. UU., anunció el cierre de dos plantas en Daytona Beach, Florida, debido a la inminente llegada de Milton.
El secretario de Salud y Servicios Humanos, Xavier Becerra, ha delineado varias acciones que el gobierno federal tomará para abordar la escasez. Estas incluyen acelerar las reparaciones en la planta de Baxter, considerar la extensión de la vida útil de ciertos productos intravenosos, permitir que los hospitales produzcan sus propios líquidos y potencialmente importar líquidos desde el exterior.
Hasta ahora, el huracán Helene ha causado al menos 230 muertes, mientras que Milton ha sido responsable de cuatro desde que hizo su aparición. Esta crisis de líquidos intravenosos resalta cómo el impacto de estas tormentas, impulsadas por el cambio climático, puede extenderse más allá de lo inmediato, amenazando aún más la atención médica en el país.