En el vasto paisaje de Australia, el Dingo ocupa un lugar singular. Para algunos ganaderos representa un problema recurrente, mientras que para muchos ecólogos es una pieza fundamental del equilibrio natural del continente. A pesar de su importancia, la historia evolutiva de este animal siempre estuvo rodeada de incertidumbres: ¿son realmente una especie salvaje ancestral o el resultado de mezclas recientes con perros domésticos?
Un nuevo estudio internacional publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences aporta ahora una de las respuestas más completas hasta la fecha. A partir del análisis de ADN antiguo extraído de restos de dingos que tienen hasta 2.700 años de antigüedad, los científicos han podido reconstruir su historia genética con un nivel de detalle sin precedentes.
Los resultados muestran algo sorprendente: los dingos actuales se parecen mucho más a sus antepasados precoloniales que a los perros domésticos modernos.
Un viaje genético que retrocede miles de años

Para entender cómo evolucionaron estos animales, los investigadores analizaron restos óseos de 42 dingos antiguos encontrados en distintos puntos del continente australiano. Las muestras abarcaban un periodo de aproximadamente 400 a 2.746 años, lo que permitió observar cómo eran las poblaciones mucho antes de la llegada de los europeos al continente.
De ese conjunto de restos, el equipo logró reconstruir nueve genomas completos y recuperar ADN mitocondrial de varios individuos adicionales. Uno de esos genomas corresponde, además, al ADN más antiguo secuenciado en Australia para cualquier especie.
Posteriormente, esos datos se compararon con el ADN de 11 dingos modernos, seis New Guinea singing dog —parientes cercanos del dingo— y más de 370 genomas de perros domésticos, lobos y otros cánidos obtenidos en investigaciones previas. La enorme base de datos permitió rastrear la evolución genética del dingo a lo largo de milenios y comprobar hasta qué punto había cambiado su linaje.
Dos linajes que llevan milenios separados
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es la confirmación de que los dingos australianos no forman una única población homogénea. En realidad, existen dos grandes linajes genéticos bien diferenciados: uno situado en el oeste del continente y otro en el sureste.
Durante años, algunos científicos pensaron que esta división podría ser relativamente reciente y estar relacionada con infraestructuras modernas como la famosa Dingo Fence, una barrera de más de 5.000 kilómetros construida para proteger las zonas ganaderas.
Sin embargo, el análisis del ADN antiguo demuestra que esta separación es muchísimo más antigua. Las dos poblaciones ya estaban genéticamente diferenciadas hace al menos 2.500 o 3.000 años, lo que indica que la estructura actual de las poblaciones se remonta a tiempos prehistóricos. En otras palabras, los dingos actuales del oeste se parecen más a los antiguos de esa misma región que a los del este, y lo mismo ocurre en sentido contrario.
Una llegada más compleja de lo que se pensaba
El estudio también plantea nuevas hipótesis sobre cómo llegaron los dingos a Australia. La teoría más extendida sostiene que fueron introducidos por grupos humanos procedentes del sudeste asiático hace varios miles de años. Sin embargo, los datos genéticos sugieren que el proceso pudo ser más complejo.
Los dingos orientales muestran una relación genética particularmente estrecha con los perros cantores de Nueva Guinea, lo que podría indicar que hubo al menos dos oleadas de llegada al continente. Una habría introducido poblaciones en el oeste australiano, mientras que otra estaría vinculada a grupos que se asentaron en Nueva Guinea y en la costa oriental de Australia.
El estudio también detecta señales de intercambio genético entre dingos orientales y perros cantores de Nueva Guinea hace entre 2.300 y 2.600 años, lo que apunta a una historia de movimientos humanos y animales en el Pacífico más dinámica de lo que se pensaba.
Mucho menos mestizaje del que se creía

Uno de los aspectos más importantes del trabajo es que cuestiona una idea que había ganado fuerza durante décadas: que la mayoría de los dingos actuales serían en realidad híbridos con perros domésticos.
El análisis genético muestra justo lo contrario. En la mayoría de las poblaciones modernas, la señal de hibridación con perros domésticos es mucho menor de lo que se había supuesto.
Esto tiene implicaciones importantes para la conservación del animal. En lugares como K’gari Island, donde los dingos viven relativamente aislados, los resultados indican que las poblaciones mantienen una identidad genética muy cercana a la de sus antepasados antiguos.
Un depredador clave para el equilibrio ecológico
Más allá de la genética, el estudio refuerza el papel ecológico del dingo en Australia. Estos cánidos son considerados el principal depredador terrestre del continente y ejercen un control importante sobre especies como canguros, conejos o gatos salvajes.
Por esa razón, muchos ecólogos advierten que la desaparición del dingo podría desencadenar efectos en cascada en los ecosistemas australianos. Comprender su historia genética no es solo una cuestión científica, sino también una herramienta clave para diseñar políticas de conservación más informadas.
Los datos obtenidos ofrecen ahora algo especialmente valioso: una referencia genética clara de cómo eran las poblaciones de dingos antes de la colonización europea. Ese punto de referencia permitirá evaluar con mayor precisión qué poblaciones conservan mejor el linaje original.
Y, sobre todo, refuerza una idea fundamental: los dingos que recorren hoy los paisajes australianos no son simplemente perros asilvestrados recientes. Son herederos directos de una historia evolutiva que comenzó hace miles de años.