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Ciencia

El ámbar de Ecuador que atrapó insectos hace 112 millones de años: una ventana al Cretácico

Un hallazgo en la Amazonía ecuatoriana revela el primer gran depósito de ámbar mesozoico con insectos en Sudamérica. Los fósiles, de 112 millones de años, muestran cómo era una selva tropical perdida en el tiempo y ofrecen claves inéditas sobre la biodiversidad de Gondwana, el supercontinente del que formó parte.
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Un pedazo de resina fosilizada hallado en Ecuador acaba de abrir una ventana al pasado. Dentro, atrapados desde hace 112 millones de años, pequeños insectos ofrecen pistas sobre un ecosistema tropical del Cretácico Inferior. El descubrimiento, publicado en Communications Earth & Environment, constituye el mayor depósito de ámbar mesozoico de Sudamérica y marca un hito en la paleontología regional al conectar la historia biológica del continente con la de Gondwana.


El tesoro oculto en la Formación Hollín

El depósito se localiza en la cuenca Oriente de Ecuador, en la cantera Genoveva. Allí, los investigadores hallaron ámbar incrustado en rocas sedimentarias de hace 112 millones de años. Según Xavier Delclòs, de la Universidad de Barcelona, el material es “uno de los más ricos en bioinclusiones de Gondwana”, con restos de insectos, telarañas y señales de un bosque húmedo y diverso.

El ámbar analizado procede de resinas de coníferas araucarias, muy abundantes en el entorno fluvio-lacustre de la época. Los científicos identificaron dos tipos: uno subterráneo, sin inclusiones, y otro expuesto al aire, que conservó los diminutos organismos atrapados.


Insectos congelados en el tiempo

El equipo estudió 60 fragmentos de ámbar y encontró bioinclusiones en 21 de ellos. Entre los fósiles aparecen moscas, escarabajos, avispas, hormigas, tricópteros, hemípteros y un raro fragmento de telaraña.
Destaca la presencia de avispas Stigmaphronidae, una familia poco frecuente en el registro fósil, lo que sugiere una diversidad aún no explorada en las selvas del Cretácico sudamericano.

Estos restos apuntan a la existencia de cuerpos de agua dulce cercanos, confirmando que el ecosistema era selvático, húmedo y extraordinariamente variado.


Una selva perdida en Gondwana

Además de los insectos atrapados, las rocas asociadas contienen polen, esporas y hojas fósiles de helechos, cícadas, angiospermas tempranas y coníferas. Incluso se hallaron hongos epífitos sobre hojas y hongos productores de resina.
Según Carlos Jaramillo, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, se trata de la asociación de hojas de angiospermas más antigua conocida en el noroeste de Sudamérica.

Lo llamativo es que, a diferencia de depósitos del hemisferio norte, en Ecuador no hay señales de incendios forestales. La humedad constante habría impedido la propagación del fuego, reforzando la imagen de un bosque tropical denso y resiliente.


Importancia científica y futuro del hallazgo

El ámbar ecuatoriano no solo preserva organismos, sino que también estuvo expuesto a petróleo, lo que lo hace químicamente singular. Este rasgo plantea nuevas preguntas sobre cómo interactúan los hidrocarburos con la conservación fósil.

Para los expertos, este descubrimiento abre un campo enorme de investigación. Futuras excavaciones podrían conectar la biodiversidad fósil sudamericana con la de otras regiones de Gondwana, como la Antártida, Sudáfrica y Australia.
El ámbar de Ecuador no es solo una joya paleontológica: es una cápsula de tiempo que nos acerca a entender cómo eran las selvas del Cretácico y cómo evolucionó la vida en el hemisferio sur.

Fuente: Meteored.

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