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Ciencia

El árbol más hermoso del mundo está en Corea del Sur: el ginkgo dorado de Bangye-r

En un pequeño pueblo surcoreano crece un ginkgo biloba de más de 1.300 años que cada otoño convierte su entorno en un mar dorado. Monumento nacional, leyenda viva y destino de peregrinación, este árbol es considerado por muchos el más bello del planeta.
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Bangye-ri, una aldea escondida en la provincia de Gyeongsang (Corea del Sur), guarda un tesoro que ni palacios ni templos pueden eclipsar: un árbol milenario que deslumbra cada otoño con un espectáculo natural único. El ginkgo biloba de Bangye-ri, venerado como sagrado, no es el más alto ni el más ancho, pero sí uno de los más hermosos del mundo.

La metamorfosis dorada que atrae a miles de viajeros

Con sus 33 metros de altura y una copa de 37,5 metros de diámetro, este ginkgo cubre con sombra generosa el corazón del pueblo. Pero su magia llega entre octubre y noviembre, cuando decenas de miles de hojas verdes se transforman en oro puro, tiñendo el cielo y el suelo de amarillo brillante.

Este fenómeno, fruto de la senescencia (la reducción de clorofila que revela carotenoides y antocianinas), convierte al árbol en un lienzo viviente que convoca a más de 4.000 visitantes diarios, quienes además participan en rituales budistas que celebran el cambio de estación.

Entre la ciencia y la leyenda

La biología explica el color dorado, pero en Bangye-ri el ginkgo es también un ser mágico. Las leyendas locales cuentan que nació del bastón de un monje budista o que estuvo custodiado por una serpiente blanca que lo protegía. Para los agricultores, su transformación repentina era presagio de buenas cosechas.

Declarado monumento nacional en 1965, el árbol ha sido venerado durante más de un milenio. Un estudio reciente fijó su edad exacta en 1317 años, lo que lo convierte en testigo de invasiones, guerras y cambios climáticos desde la antigüedad.

El fósil viviente que venció al tiempo

El ginkgo biloba es considerado un “fósil viviente”: su linaje se remonta a hace más de 200 millones de años, época en la que convivió con los dinosaurios. Resistente a plagas, desastres y guerras, fue plantado en Corea cuando el budismo y el confucianismo llegaron desde China, y desde entonces ha acompañado tanto paisajes rurales como avenidas urbanas.

Muchos ginkgos han sido testigos de momentos cruciales en la historia coreana —desde la dinastía Goryeo hasta la guerra de Corea—, pero ninguno despierta tanta fascinación como el de Bangye-ri, cuya longevidad y belleza lo han convertido en símbolo de resiliencia, espiritualidad y unión con la naturaleza.

Fuente: Meteored.

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