¿De dónde nace la genialidad? ¿Puede el arte ser una vía de escape frente al dolor? ¿Y qué tiene que ver una caña entre amigos con el alzhéimer? El neurólogo Mario de la Piedra conecta estas preguntas con neurociencia, historia y salud mental en su libro Mentes Geniales. Aquí desentrañamos sus ideas más provocadoras: desde las reservas cognitivas hasta la influencia de los traumas, pasando por lo que la tecnología y la empatía tienen que enseñarnos sobre el cerebro.

Entre el trastorno y la genialidad
El relato de Borges Funes el memorioso no era solo una ficción. Décadas después, el neuropsicólogo Alexander Luria describió un caso real similar: Shereshevski, un hombre con una memoria prodigiosa que, sin embargo, sufría sinestesia y graves dificultades sociales. Así arranca Mario de la Piedra su viaje por el cerebro humano en Mentes Geniales, donde explora el vínculo entre neurodivergencias y creatividad.
Desde Kandinsky, que pintaba sonidos, hasta Dostoievski, que convertía sus crisis epilépticas en narrativa, el libro recorre historias de mentes únicas que transformaron el dolor en arte. Pero el autor insiste: no fueron grandes por sus trastornos, sino a pesar de ellos. La neurodiversidad, según explica, no siempre es una enfermedad. Se convierte en un problema cuando impide vivir en sociedad. Ahí es donde el contexto, las terapias y la comprensión juegan un papel fundamental.
La sociedad, la pantalla y el peso del entorno
La digitalización está cambiando nuestra forma de pensar, dormir y recordar. Estudios recientes indican que leer en pantallas puede afectar la consolidación de la memoria y alterar nuestro descanso. Además, el abandono del arte manual y del contacto físico con los libros puede estar desconectándonos de formas profundas de aprendizaje y expresión.
De la Piedra también advierte sobre la romantización de la locura en el arte. Las tragedias de figuras como Virginia Woolf o Sylvia Plath no deben interpretarse como el precio de la creatividad, sino como reflejo de sociedades represivas, machistas y crueles. En muchos casos, los factores genéticos se combinan con traumas y entornos hostiles, disparando trastornos mentales complejos.
Y mientras las redes sociales promueven autodiagnósticos, el neurólogo recalca la importancia de la consulta profesional. Etiquetarse sin acompañamiento puede llevar a la autoexclusión, una trampa moderna en la búsqueda de identidad.

Lo que protege al cerebro: amistad, curiosidad y descanso
Hay algo esperanzador entre tantos desafíos: sí se pueden crear «reservas cognitivas» que actúen como escudo ante enfermedades como el alzhéimer. La clave está en mantener la mente activa, curiosa y socialmente conectada. Una vida aislada y estresada agota antes nuestras defensas neuronales.
La alimentación, el sueño, el ejercicio y la gestión del estrés también son determinantes. La neurociencia ha demostrado que prácticas como la meditación o el yoga, lejos de ser modas, disminuyen la inflamación cerebral y favorecen el equilibrio emocional. Aun así, nada sustituye la importancia del lazo humano: charlar, compartir una comida, mirar a alguien a los ojos.
En palabras del propio Mario de la Piedra, «una caña con los amigos es salud mental… siempre que no haya excesos». Porque al final, nuestras conexiones, curiosidades y pequeños placeres pueden ser el mejor cuidado que le demos a nuestro cerebro.
Fuente: El Español.