El pulpo es un enigma viviente. Ni los mamíferos más complejos poseen un sistema nervioso tan descentralizado ni una capacidad tan asombrosa para aprender, planificar y sentir. La ciencia lleva años intentando descifrar cómo un invertebrado es capaz de manipular herramientas, resolver problemas y hasta mostrar signos de curiosidad y emoción. En su día mundial, repasamos los descubrimientos que revelan su singular inteligencia y su misterioso cerebro repartido en ocho brazos.
Un cerebro en cada brazo
Investigaciones recientes han confirmado que el sistema nervioso de los pulpos funciona como una red distribuida. Cada uno de sus ocho brazos contiene millones de neuronas —unas 40 millones por extremidad— capaces de operar de manera semiautónoma. Según un estudio de la Universidad de Harvard publicado en Cell, los brazos pueden reconocer, explorar y tomar decisiones sin instrucciones directas del cerebro central.
El hallazgo clave fue la identificación de receptores quimiotáctiles en las ventosas, sensores especializados que combinan tacto y gusto. Estos receptores permiten que el pulpo “saboree” los objetos que toca y distinga, por ejemplo, entre una roca y un cangrejo en cuestión de segundos. El profesor Nicholas Bellono explicó que las moléculas poco solubles en agua, presentes en las presas, activan estos receptores, generando una respuesta instantánea en el brazo.
Este sistema descentralizado ofrece ventajas únicas: cada extremidad puede actuar con independencia, pero también coordinarse cuando el animal lo requiere, como si existieran ocho cerebros subordinados a un centro de mando.

Sensores, memoria y aprendizaje
El equipo de Harvard logró aislar y clonar los receptores de las ventosas, comprobando que solo se activaban ante compuestos naturales específicos, como los terpenoides. En los experimentos, los pulpos se acercaban solo a las zonas donde esas moléculas estaban presentes, demostrando una asombrosa precisión sensorial.
El estudio también abre la puerta a investigar cómo los brazos procesan la información de manera local, permitiendo que el animal decida si atrapar o evitar una presa sin esperar una orden del cerebro. La investigadora Lena van Giesen destacó que “estos receptores son un modelo ideal para entender cómo los animales marinos codifican señales químicas y táctiles complejas”.
Este tipo de procesamiento distribuido podría explicar por qué los pulpos muestran una capacidad de aprendizaje tan elevada. Se ha comprobado que pueden resolver laberintos, abrir frascos y hasta recordar soluciones después de varios días, un rasgo excepcional entre los invertebrados.
Ingenieros del océano
El Museo de Historia Natural de Londres ha documentado numerosos casos de uso de herramientas en pulpos salvajes. Algunos emplean piedras o conchas como escudo, mientras otros, como Amphioctopus marginatus, recolectan cáscaras de coco para construir refugios portátiles. Este comportamiento, observado por primera vez en Indonesia en 2009, demuestra una planificación compleja y una comprensión espacial notable.
Además, los pulpos pueden modificar su entorno: sellan las entradas de sus guaridas con objetos, crean cúpulas de protección y cambian de color y textura en milisegundos, no solo para camuflarse, sino también para comunicarse o expresar estados internos, como estrés o curiosidad.

El genoma que los hace únicos
A nivel genético, los pulpos poseen un repertorio sorprendentemente similar al de los mamíferos en lo relativo a la plasticidad neuronal. Un estudio citado por Live Science reveló que contienen “genes saltarines” o transposones LINE, activos en regiones cerebrales vinculadas con el aprendizaje, equivalentes al hipocampo humano.
Estos genes móviles podrían ser responsables de la flexibilidad conductual y de la capacidad de adaptación que caracteriza a los cefalópodos. Su activación constante permitiría remodelar conexiones neuronales con rapidez, algo esencial para sobrevivir en entornos cambiantes y resolver problemas nuevos.
Una mente repartida entre ocho brazos
La combinación de un sistema nervioso descentralizado, una biología sensorial única y un genoma altamente adaptable convierte al pulpo en uno de los animales más enigmáticos e inteligentes del planeta.
Para la ciencia, entender cómo un ser tan distinto a nosotros desarrolla comportamientos tan complejos no solo ilumina la evolución de la inteligencia, sino que también redefine qué significa “pensar” en el reino animal.
Los pulpos, con su mente dividida en ocho direcciones, siguen recordándonos que la naturaleza siempre encuentra formas inesperadas de ser brillante.
Fuente: Infobae.