Los imponentes paisajes del Gran Cañón de Arizona son un punto de referencia en la geografía terrestre, pero nuestro satélite natural alberga estructuras aún más colosales. Gracias a imágenes captadas por el Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA, los científicos han identificado dos enormes cañones en la superficie lunar: Vallis Schrödinger y Vallis Planck.
Estos valles miden 270 y 280 kilómetros de largo, con profundidades de hasta 3,5 kilómetros. Aunque en la Tierra la formación del Gran Cañón tomó entre seis y siete millones de años debido a la erosión del río Colorado, los investigadores afirman que estas depresiones en la Luna se esculpieron en solo diez minutos.
El impacto que cambió la superficie lunar

Los dos cañones se extienden desde la cuenca de impacto de Schrödinger, un cráter de 320 kilómetros de diámetro ubicado cerca del polo sur lunar. Se cree que esta estructura se formó hace 3.810 millones de años cuando un enorme meteorito impactó contra la Luna, liberando una energía descomunal y esparciendo escombros a cientos de kilómetros.
Según el equipo de investigación, la violenta eyección de material rocoso creó flujos de escombros altamente concentrados que perforaron la superficie, dando origen a los cañones Vallis Schrödinger y Vallis Planck. Este fenómeno se conoce como rayos de eyección, estructuras lineales de cráteres superpuestos que también pueden observarse en otros puntos de la Luna, como los cráteres Tycho y Copérnico.
Modelando la violencia del impacto

Para entender mejor el proceso, los científicos utilizaron imágenes de la sonda de la NASA para generar un modelo tridimensional de los valles y simular la dirección y velocidad del flujo de escombros.
Los cálculos, publicados en Nature Communications, revelan que el material expulsado alcanzó velocidades de entre 3.420 y 4.608 km/h. A partir de esto, se estima que los fragmentos que excavaron los cañones tenían entre el 2 % y el 5 % del tamaño del meteorito original, lo que significa que algunas de estas rocas podrían haber medido hasta 1.250 metros de ancho.
Para ponerlo en perspectiva, estas rocas superaban en más de 60 veces el tamaño del meteorito que explotó sobre Cheliábinsk, Rusia, en 2013.
Un impacto con consecuencias colosales

El doctor David Kring, geólogo espacial del Instituto Lunar y Planetario, destaca que la energía liberada en el evento fue equivalente a 130 veces el arsenal nuclear global. Esta investigación demuestra que los cañones lunares, comparables al Gran Cañón de la Tierra, pueden formarse en minutos en lugar de millones de años.
La capacidad del impacto para esculpir la superficie lunar es significativamente mayor que la erosión causada por el agua en la Tierra, lo que resalta la brutalidad de los procesos geológicos en la Luna.
Implicaciones para futuras misiones espaciales

Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación es la ubicación del impacto original. Contrario a lo que se podría esperar, el meteorito no golpeó exactamente el centro del cráter Schrödinger, sino que lo hizo en un punto más al sur, en las coordenadas 78,2° Sur y 143,7° Este.
Esta observación sugiere que el meteorito impactó con un ángulo bajo, dirigiendo la mayoría de los escombros lejos del polo sur lunar. Esto es una excelente noticia para la misión Artemis de la NASA, que tiene previsto aterrizar en la Luna en 2026, a solo 125 kilómetros del borde de la cuenca de Schrödinger.
Si la eyección de escombros hubiera sido más uniforme, la zona de aterrizaje podría haber resultado peligrosa, dificultando la exploración y la recolección de muestras del sustrato lunar más antiguo. Sin embargo, los resultados de este estudio indican que la mayor parte del material arrojado quedó fuera del área de exploración de Artemis, facilitando la obtención de rocas que podrían ofrecer pistas sobre los primeros impactos que moldearon el Sistema Solar.
El doctor Kring concluye: “Las muestras recolectadas por los astronautas de Artemis en el polo sur lunar podrían ayudar a descifrar la magnitud y duración del bombardeo de asteroides y cometas en los primeros tiempos del Sistema Solar”.
Este descubrimiento no solo nos ofrece una nueva perspectiva sobre la geología lunar, sino que también refuerza la importancia de explorar la Luna para comprender la historia de nuestro propio planeta y del vecindario cósmico en el que nos encontramos.