Un virus que parecía erradicado ha vuelto a encender las alarmas. El sarampión, altamente contagioso y potencialmente grave, se propaga mientras la respuesta de la población sigue siendo mínima. Con miles de vacunas en stock y una estrategia oficial en marcha, la baja concurrencia a los vacunatorios preocupa a los expertos. ¿Por qué no se están aplicando las dosis necesarias? Este artículo explora el trasfondo de un brote que se pudo evitar.
Una amenaza que reaparece en silencio
Argentina atraviesa un brote de sarampión que ha dejado 29 casos confirmados en lo que va del año, afectando principalmente a las provincias de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma. La enfermedad, casi olvidada, vuelve a circular entre personas de 9 meses a 38 años, generando alarma entre las autoridades sanitarias.
El Ministerio de Salud reaccionó distribuyendo casi 700.000 dosis de vacunas doble y triple viral. Sin embargo, la respuesta ciudadana ha sido débil: apenas un 16,3% de la población objetivo recibió la vacuna. Esta cifra está lejos del umbral necesario para lograr inmunidad colectiva y cortar la transmisión del virus.
Los expertos coinciden en que el principal obstáculo no es la falta de vacunas, sino la baja concurrencia para aplicarlas. La cobertura de la primera dosis se ubica en un 78,5%, pero cae a 46,2% para la segunda, dejando a una gran parte de la población expuesta. Según el infectólogo Eduardo López, cerca de medio millón de dosis no se aplicaron en 2023, el equivalente a toda una generación de nacidos.

Vacunas que esperan brazos: barreras invisibles
La logística sanitaria avanza, pero sin llegar a destino. Los centros de vacunación operan en horarios limitados, sin disponibilidad los fines de semana ni feriados. Esto dificulta el acceso para muchas familias, especialmente las trabajadoras. A esto se suma una comunicación poco clara y la ausencia de campañas proactivas que acerquen las vacunas a quienes las necesitan.
López propone retomar las campañas escolares, ampliar horarios y mejorar la infraestructura pública, considerando que el 85% de la población se vacuna en el sistema estatal. Si este sistema no se adapta, las coberturas seguirán disminuyendo, advierte.
El COFESA confirmó la fidelidad de los datos notificados, pero también subrayó que sin acción directa, las cifras seguirán siendo insuficientes. El diagnóstico es claro: hay dosis, hay voluntad técnica, pero falta una estrategia centrada en las personas.
Cómo mejorar una campaña que no despega
Para el infectólogo Roberto Debbag, el bajo nivel educativo y la pobreza son variables clave que explican la baja cobertura. Afirma que sin estrategias activas —salir a vacunar en territorio— las vacunas solas no alcanzan. Además, señala tres fallos críticos en esta campaña: mala comunicación, falta de operativos específicos y escaso uso de tecnología para contactar ciudadanos.
La reintroducción del virus no solo revela debilidades estructurales, también desafía el compromiso interinstitucional. Se necesita que municipios, provincias y Nación trabajen de manera coordinada. Debbag insiste: si no se busca al ciudadano, este difícilmente se acerque.
Fuente: Infobae.