Saltar al contenido
Ciencia

El campamento base del Everest derrite su propio glaciar: la orina tiene gran parte de la culpa de las 2.500 toneladas de hielo por temporada

Estufas, generadores y 6.000 litros diarios de orina calientan el glaciar Khumbu. Los investigadores proponen mudar el campamento a tierra firme
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Cada primavera, a unos 5.360 metros de altura, una pequeña ciudad efímera se levanta sobre el hielo. Es el campamento base del Everest, del lado nepalí, donde durante semanas conviven escaladores, guías sherpas, cocineros y personal de apoyo que se preparan para intentar la cumbre más alta del planeta. Lo que pocos saben es que esa ciudad está asentada directamente sobre un glaciar, y que la está derritiendo desde adentro.

Un estudio publicado en la revista científica Regional Environmental Change calculó por primera vez cuánto hielo funde la actividad humana en el campamento. El resultado: alrededor de 2.500 toneladas de hielo y nieve por temporada, suficiente agua para llenar una piscina olímpica.

Una ciudad de 1.600 carpas sobre el hielo

Campamento Base Everest
© Por Mikael Häggström – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6588062

El trabajo, en el que participó Kim Lal Gautam, topógrafo del Departamento de Gestión de Tierras de Nepal, analizó la temporada de primavera de 2023. Durante unos 50 días funcionaron en el campamento alrededor de 1.600 carpas, con cocinas, calefactores y generadores para abastecer a cientos de personas en uno de los ambientes más hostiles del mundo.

Los investigadores contabilizaron el combustible consumido en ese periodo: 824 garrafas de gas licuado, casi 19.000 litros de queroseno y más de 5.100 litros de gasolina. Toda esa energía se transforma en calor, y una parte importante termina en la superficie del glaciar. En total, estimaron una liberación de unos 849.000 megajulios de energía térmica.

La orina, un aporte inesperado

Everest Base Camp
© branislavpudar – Shutterstock

El combustible es el principal responsable, pero no el único. Los escaladores y trabajadores del campamento producen más de 6.000 litros de orina por día. Al salir del cuerpo a unos 37 grados, en un entorno donde la temperatura suele estar bajo cero, ese líquido transfiere calor al hielo sobre el que cae.

Según los cálculos del estudio, la orina por sí sola derrite unas 154 toneladas de hielo por temporada. Es una fracción pequeña del total, pero ilustra hasta qué punto cada actividad humana deja una huella en un ecosistema tan frágil.

La estimación total oscila entre 1.964 y 3.020 toneladas de hielo por temporada, según las variables consideradas, de acuerdo con el estudio publicado en Regional Environmental Change.

Un glaciar que se calienta el doble

El efecto se suma a un problema mucho mayor. El glaciar Khumbu, como la mayoría de los glaciares del Himalaya, retrocede a gran velocidad por el calentamiento global. Los investigadores aclaran que el cambio climático es, de lejos, la principal causa de su deterioro. Pero los datos muestran que en la zona del campamento el calentamiento es más intenso: la temperatura aumentó a un ritmo cercano al doble que en el resto del glaciar.

Por eso, los autores advierten que concentrar cada año a miles de personas sobre un glaciar que ya se derrite rápidamente es insostenible. Su recomendación es clara: “A largo plazo, debería considerarse trasladar el campamento base del glaciar a una zona estable cercana”. Además del impacto ambiental, el deshielo vuelve el terreno más inestable y peligroso para quienes acampan allí.

Una lección para otras montañas

El caso del Everest resuena en otras grandes montañas del mundo que reciben expediciones masivas. En América del Sur, el Aconcagua, la cumbre más alta fuera de Asia, recibe miles de andinistas por temporada, y las autoridades del parque provincial exigen que los visitantes bajen sus residuos, incluidos los desechos humanos, para proteger el ambiente de alta montaña.

El mensaje del estudio va más allá del Himalaya: en los ecosistemas de hielo, incluso los gestos más pequeños, multiplicados por miles de personas, tienen consecuencias medibles. Y en un planeta donde los glaciares ya retroceden por sí solos, cada tonelada de hielo cuenta.

Compartir esta historia

Artículos relacionados