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El castillo perdido que reaparece bajo una colina y sacude la historia medieval del norte de España

Oculto durante siglos bajo una colina asturiana, los restos de una antigua fortaleza han vuelto a salir a la luz. Su origen se remonta a tiempos de invasiones y caos, y su redescubrimiento podría cambiar lo que se creía sobre el poder y la defensa en el norte peninsular.
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A veces, la historia no desaparece: simplemente queda enterrada, esperando ser redescubierta. En un rincón montañoso del norte de España, una colina aparentemente discreta ocultaba los vestigios de una fortaleza clave en uno de los periodos más convulsos de la península. Lo que parecía un simple relieve natural terminó revelando una estructura estratégica que atravesó siglos de conflictos, invasiones y transformaciones políticas.

Una fortificación nacida en tiempos de amenaza

Mucho antes de que se levantara el castillo medieval, el valle de Huerna ya había sido escenario de inestabilidad. Entre los siglos III y IV, en plena decadencia del Imperio romano, grupos armados conocidos como bagaudas sembraban el desorden en distintas regiones del territorio.

En ese contexto de inseguridad, las comunidades locales comenzaron a organizar su propia defensa mediante la construcción de castros, pequeños enclaves fortificados que funcionaban como centros de poder y protección. Estas estructuras no solo respondían a la necesidad de refugio, sino también a la pérdida de control del aparato imperial en zonas periféricas.

Siglos más tarde, el territorio volvió a enfrentarse a un periodo crítico. Con la invasión musulmana de la península en el siglo VIII y el debilitamiento del reino visigodo, la élite local decidió reocupar uno de aquellos antiguos asentamientos fortificados para transformarlo en una fortaleza acorde a los nuevos desafíos.

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©Luke Tinker – Pexels

De castro astur a bastión feudal

La antigua estructura fue reforzada con murallas de gran tamaño y torres defensivas, convirtiéndose en una fortaleza de notable relevancia local. El enclave elegido no era casual: se alzaba a 766 metros de altitud, dominando visualmente buena parte del valle.

La ubicación ofrecía ventajas naturales que complementaban las defensas artificiales. En la ladera norte, una amplia vaguada actuaba como foso natural. En los flancos sur y este, la altura del terreno proporcionaba protección adicional, mientras que en la vertiente oeste se habilitó un contrafoso que ampliaba la brecha defensiva.

Este sistema mixto (en parte natural y en parte construido) convirtió el enclave en un punto estratégico de control territorial. Desde allí se podía vigilar el tránsito por el valle y anticipar posibles incursiones enemigas.

Un hallazgo bajo la colina

Con el paso del tiempo, la fortaleza desapareció de los registros históricos. A partir del siglo XIII, su rastro se desvaneció, como si hubiera sido absorbida por el paisaje. Sin embargo, recientes investigaciones arqueológicas permitieron localizar sus restos bajo una colina en el valle de Huerna, en Asturias.

El estudio titulado El castichu de Tiós, una nueva fortaleza del reino medieval de Asturias ha identificado el enclave como uno de los castillos medievales más antiguos de la región, considerado el segundo en antigüedad dentro del actual territorio asturiano.

Las excavaciones revelaron que la parte superior de la colina fue aterrazada para permitir la construcción del castillo. Aunque hoy el terreno aparece deformado, probablemente debido a labores tradicionales de extracción de piedra, todavía conserva huellas claras de su antigua configuración defensiva.

Las pruebas científicas que confirman su antigüedad

El equipo investigador, integrado por especialistas de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de León, aplicó análisis de carbono 14 para determinar las primeras fases de ocupación del enclave.

Los resultados sitúan la ocupación inicial entre los siglos III y IV, en el contexto de crisis del Imperio romano y la presencia de las bagaudas. Posteriormente, en el siglo VIII, la estructura fue reforzada y transformada en un castillo de gran importancia local, vinculado al temprano reino asturiano.

Esta continuidad de uso, desde un castro defensivo tardo-romano hasta una fortaleza feudal, ofrece una visión excepcional sobre la evolución de los sistemas de defensa en el norte peninsular. El enclave no fue un simple asentamiento aislado, sino un punto clave dentro de un entramado político y militar más amplio.

Un legado que reescribe el mapa medieval

El redescubrimiento del conocido como Castichu de Tiós no solo aporta un nuevo nombre a la lista de fortificaciones antiguas. También obliga a reconsiderar la organización territorial y las estrategias defensivas del reino medieval de Asturias.

La fortaleza demuestra que el control del territorio en el norte peninsular fue más complejo y sofisticado de lo que se creía. Bajo una colina aparentemente común permanecía oculta una pieza clave del pasado, capaz de arrojar nueva luz sobre siglos de conflictos y transformaciones.

A veces, la tierra guarda secretos que cambian la historia. Y en este caso, fue una colina silenciosa la que decidió devolver a la superficie un castillo que había permanecido atrapado durante más de 700 años.

 

[Fuente: La Nación]

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