Getty y el Atleta Victorioso: previsión contra incendios y humo

En enero de 2025, el incendio de Palisades arrasó miles de estructuras en Los Ángeles y rodeó la Villa Getty, donde se exhibe el bronce griego Atleta Victorioso (300–100 a. C.). El museo resistió gracias a un diseño antisísmico y antiincendios, riego activado a tiempo, doble muro que aisló del calor y sistemas de aire que sellan salas. “Los Ángeles sufre casi todo tipo de desastres”, dice Camille Kirk, directora de sostenibilidad. No fue suerte: fue planificación para un riesgo que el clima agrava.
La joven de la perla y el protocolo antiinundaciones del Mauritshuis
En La Haya, por debajo del nivel del mar, el Mauritshuis prioriza obras como La joven de la perla ante un posible evento por lluvias torrenciales o maretazos del oeste. Su lista de evacuación contempla cortar electricidad, levantar diques internos, cerrar puertas de seguridad, clasificar daños y deshumidificar. “Nunca hay un statu quo”, explica Judith Niessen: se revisan medidas según patrones climáticos y nivel del mar.
Charleston: arquitectura “brutalista” para huracanes y la cerámica de David Drake
El Museo de Charleston guarda la mayor colección pública del alfarero esclavizado David Drake en un edificio de ladrillo y acero pensado para huracanes, probado desde Hugo (1989). En tormentas mayores, el personal embala y traslada piezas de casas históricas afiliadas al edificio principal. Las vasijas de gres, con versos que Drake inscribió incluso sobre su propia esclavitud, se conservan en áreas reforzadas.
Vizcaya (Miami): el mar avanza

El Museo y Jardines Vizcaya (1916), a nivel del mar y a metros de la bahía de Biscayne, sufre mareas altas más frecuentes, inundaciones estacionales y salinidad que degrada piedra blanda y murales. Con apoyo de FEMA, se elevarán diques; en jardines se introducen especies más tolerantes a inundación y sal. Aún así, su horticultor advierte: en 50–80 años, los jardines podrían quedar bajo agua y la casa verse como una isla.
Cutty Sark: calor extremo y madera centenaria
En Greenwich, el clipper Cutty Sark (siglo XIX) está en dique seco con la mitad inferior bajo una envolvente de vidrio. La exposición desigual provoca contracciones y dilataciones distintas de la madera con olas de calor, sequías y lluvias torrenciales. Conservadores humectan tablas a diario, sustituyen piezas cuando es inevitable y recurren a técnicas y materiales tradicionales cuando es posible, pese a la dificultad de conseguir algunos.
Taliesin West: belleza primaveral, combustible en verano
El refugio invernal de Frank Lloyd Wright en Scottsdale florece en primavera, pero la vegetación se vuelve combustible en verano. La fundación refuerza prevención con bomberos, limpia matorrales y define prioridades de protección (espacios habitados por Wright y sus colecciones). A diferencia del Getty, no se diseñó para resistir grandes incendios: un evento tipo Palisades sería devastador.
Maros-Pangkep (Indonesia): el riesgo de perder las pinturas figurativas más antiguas

Las cuevas kársticas de Maros-Pangkep albergan arte rupestre de hasta 51.200 años (jabalí verrugoso y escenas en ocre). Estudios reportan erosión salina agravada por calor extremo: sales que cristalizan, se hinchan/encogen y hacen descamar la roca, literalmente “empujando” la superficie pintada. El daño es irreversible; todavía falta documentar plenamente el conjunto.
Petra: desgaste acelerado por turismo y clima
La ciudad nabatea de Petra se redondea y “ablanda” por desintegración de la roca. El mayor agente es el visitante: suelas de goma con tracción desgastan el teatro romano más en 30 años que en siglos previos. En tumbas, la humedad sube hasta 50% con grupos humanos, acelerando la llamada “podredumbre de la roca”. Para Tom Paradise, el deterioro supera expectativas y afecta iconos en todo el mundo.
El “museo de árboles” de Boston frente a plagas y extremos térmicos
El Arnold Arboretum del Emerald Necklace (Boston) sufre veranos más cálidos, inviernos aún fríos y nuevas plagas. La enfermedad de las hojas del haya, asociada a un nematodo introducido, se suma a sequías y golpes de frío. El equipo busca tratamientos y amplía vigilancia, pero “no hay sustituto para un árbol de 200 años”.
[Fuente: National Geographic]