El 13 de enero, ATLAS alcanzó su perihelio, acercándose a solo 13,4 millones de kilómetros del sol. Su intensidad lumínica, con una magnitud de -3,4, rivalizó con la de Venus, permitiendo que fuera visible a simple vista. Este cometa, con un período orbital de 160,000 años, se convirtió rápidamente en el cometa más brillante de 2025.
Sin embargo, observaciones recientes revelaron que su núcleo ha perdido protagonismo, dejando a los astrónomos intrigados por su posible transformación en una nube de gas y polvo, lo que lo convertiría en una “maravilla sin cabeza”.
Una batalla contra el sol

Descubierto en abril de 2024 por el sistema ATLAS, este cometa sorprendió a los expertos por su resistencia al intenso calor y las fuerzas gravitatorias extremas durante su paso cercano al sol. Estas condiciones, que suelen destruir cometas menos robustos, causan que el hielo de su núcleo se sublime, generando la característica cola luminosa.
A pesar de haber sobrevivido inicialmente, astrónomos como Lionel Majzik han identificado señales de fragmentación, como chorros de gas que sugieren un núcleo debilitado. Este proceso podría marcar el inicio de su desintegración completa.
Un testigo del pasado
ATLAS pertenece al grupo de cometas de período largo, cuya composición permanece casi intacta desde la formación del sistema solar hace 4,600 millones de años. Estos objetos ofrecen una visión única del pasado cósmico, albergando materiales que han estado aislados durante milenios.
Aunque su brillo inicial lo convirtió en un fenómeno astronómico destacado, el destino de ATLAS podría ser similar al del cometa Lovejoy, que en 2011 sobrevivió brevemente a un paso cercano al sol antes de desintegrarse días después.
¿Qué es una “maravilla sin cabeza”?

El término hace referencia a un cometa cuyo núcleo se desintegra, dejando tras de sí una nebulosa de gas y polvo sin la forma clásica de un cometa. Según Spaceweather.com, ATLAS podría estar en esta fase crítica, transformándose en una nube brillante visible desde la Tierra.
Un legado científico
La posible desintegración de ATLAS no solo marca el fin de un espectáculo celeste, sino que también enriquece nuestro entendimiento de los procesos físicos que afectan a estos antiguos viajeros cósmicos. Como señaló el investigador Shyam Balaji, cada cometa es una cápsula del tiempo que nos conecta con los orígenes del sistema solar.
Mientras los telescopios terrestres y espaciales continúan monitoreando su evolución, ATLAS sigue siendo un recordatorio de la belleza y fragilidad de los fenómenos cósmicos que ocurren más allá de nuestro planeta.