Un cambio de criterio que apunta a las mecánicas
El detonante de este movimiento viene de Europa. El sistema PEGI anunció nuevas directrices que amplían su forma de evaluar los videojuegos, incorporando elementos que hasta ahora quedaban fuera de la clasificación.
Entre ellos aparecen prácticas cada vez más comunes: sistemas de recompensas aleatorias, mecánicas diseñadas para incentivar el uso constante y los llamados “patrones oscuros”, estrategias que buscan mantener al jugador activo durante más tiempo.
La diferencia es clave. Ya no se trata solo de lo que el juego muestra, sino de cómo influye en el comportamiento del usuario.
América del Norte marca distancia
Frente a este cambio, la respuesta de ESRB fue clara. El organismo considera que incluir este tipo de factores podría resultar confuso para jugadores y familias, ya que no forman parte directa del contenido del juego.
Según su postura, las clasificaciones deben seguir basándose en lo que aparece en pantalla y en el contexto narrativo, no en sistemas de monetización o diseño.
Este desacuerdo marca una división importante entre regiones y anticipa un escenario donde un mismo juego podría recibir valoraciones muy distintas según el país.
Mario Kart Tour has received a surprising 18+ rating in Brazil, but not for the reason you might think.
The game itself has no mature content, but the rating comes from new rules focused on in-game purchases like loot boxes. These systems are now being treated more seriously,… pic.twitter.com/HcXCesbUx7
— MrGamerz (@MrGamerzMG) March 21, 2026
El caso Mario Kart Tour y el sistema gacha
La reclasificación de Mario Kart Tour en Brasil no responde a violencia ni contenido adulto, sino a sus mecánicas. El juego utiliza sistemas de tipo gacha, donde los jugadores realizan microtransacciones para obtener recompensas aleatorias sin garantía de resultado.
Este modelo, que recuerda a dinámicas de apuestas, es uno de los principales focos de preocupación para los reguladores.
No es un caso aislado. Títulos populares como EA Sports FC, Roblox o incluso propuestas aparentemente más inocentes como Clash of Clans incorporan sistemas que incentivan el regreso constante o la inversión económica.
En algunos casos, estas mecánicas han sido normalizadas durante años sin un análisis profundo de su impacto.
Más allá del contenido: el nuevo foco de preocupación
Uno de los puntos más interesantes de este debate es que pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué es más relevante para una clasificación, lo que el juego muestra o cómo condiciona al jugador?
Las nuevas directrices introducen conceptos como el “play-by-appointment”, sistemas que penalizan la ausencia o incentivan la conexión frecuente. Este tipo de diseño, cada vez más extendido, apunta directamente al comportamiento del usuario.
Para algunos reguladores, estas dinámicas pueden tener un impacto mayor que el contenido explícito, especialmente en jugadores jóvenes.
Un sistema en plena transformación
Aunque PEGI no aplicará cambios retroactivos a todos los juegos, los títulos como servicio podrían enfrentar revisiones más frecuentes. Esto abre la puerta a futuras reclasificaciones a medida que evolucionan sus sistemas internos.
Mientras tanto, otras regiones comienzan a adoptar posturas más estrictas, lo que sugiere que este no es un caso aislado, sino el inicio de una transformación más amplia.
El debate está lejos de cerrarse.
Porque si algo queda claro, es que la forma de entender los videojuegos está cambiando. Y con ella, también las reglas que definen quién debería jugarlos.
Y en ese nuevo escenario, no solo importa lo que ocurre en pantalla.
También importa lo que pasa cuando dejamos de jugar.