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Ciencia

Vientos extremos, aguas cálidas y un equilibrio roto: la verdadera causa del deshielo acelerado en la Antártida

Durante años, la Antártida parecía resistir el avance del calentamiento global, pero algo cambió de manera repentina y extrema. Un nuevo estudio revela el mecanismo oculto que alteró el equilibrio del océano y desencadenó una pérdida histórica de hielo con consecuencias que podrían sentirse en todo el planeta.
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La desaparición acelerada del hielo marino antártico desconcertó durante mucho tiempo a la comunidad científica. Mientras otras regiones del planeta mostraban señales claras del cambio climático, el continente blanco parecía mantenerse relativamente estable. Sin embargo, en pocos años todo cambió. Ahora, una nueva investigación logró reconstruir qué ocurrió debajo de la superficie del océano y por qué el sistema natural de la Antártida comenzó a colapsar de forma tan abrupta.

El fenómeno que sorprendió incluso a los científicos

La pérdida de hielo marino en la Antártida se convirtió en uno de los eventos climáticos más desconcertantes de la última década. Durante años, la región polar había mostrado cierta resistencia al calentamiento global, manteniendo niveles relativamente estables de superficie congelada. Pero a partir de 2015 comenzó una transformación inesperada.

Los registros científicos detectaron una disminución acelerada del hielo marino que alcanzó niveles históricos en febrero de 2023. La extensión congelada cayó muy por debajo de los promedios habituales y dejó expuesta una enorme superficie oceánica que antes permanecía cubierta por hielo.

Ante este escenario, investigadores buscaron entender qué había provocado un cambio tan brusco en un ecosistema considerado clave para el equilibrio climático del planeta. Un reciente estudio publicado en la revista Science Advances logró identificar los procesos físicos responsables de esta alteración extrema.

Bajo el hielo de la Antártida la Tierra se sacude y el océano responde. Terremotos en aguas profundas están cambiando la vida en la superficie
© NASA Earth Observatory,

Lo que estaba ocurriendo debajo del océano

Los científicos recurrieron a satélites, sensores submarinos y simulaciones digitales para reconstruir el fenómeno. Los resultados mostraron que el problema comenzó varios años antes de que el deshielo fuera visible a gran escala.

Entre 2013 y 2015, la superficie del océano Austral todavía mantenía temperaturas frías. Sin embargo, en las capas más profundas empezaba a acumularse agua más cálida y salada que lentamente ascendía hacia la superficie.

El estudio reveló que los fuertes vientos del oeste desempeñaron un papel decisivo. Estas corrientes atmosféricas se intensificaron debido al agujero de ozono y desplazaron las aguas superficiales hacia el norte. Ese movimiento permitió que el calor atrapado en las profundidades emergiera progresivamente.

Con el paso del tiempo, la situación se volvió todavía más crítica. A partir de 2015, el aumento de gases de efecto invernadero fortaleció aún más esos vientos, alterando el delicado equilibrio del océano antártico.

El proceso que aceleró el derretimiento

Cuando las aguas cálidas lograron romper la barrera fría superficial, comenzó una mezcla turbulenta que cambió completamente el comportamiento del océano. La presencia de agua salada debilitó la separación natural entre capas marinas y permitió que el calor continuara ascendiendo sin obstáculos.

Ese fenómeno actuó como un mecanismo de retroalimentación: cuanto más hielo desaparecía, más calor absorbía el océano. La pérdida de la superficie blanca redujo la capacidad de reflejar la radiación solar hacia el espacio, un efecto conocido como albedo.

Como consecuencia, el océano comenzó a acumular más energía térmica durante los meses cálidos. Luego, al llegar el otoño, el agua retenía tanto calor que dificultaba la formación de nuevas capas de hielo.

Además, la reducción del deshielo estival disminuyó el aporte de agua dulce, un elemento fundamental para mantener la estabilidad de las capas oceánicas. Esto debilitó todavía más el sistema y favoreció un derretimiento cada vez más rápido.

Las consecuencias que podrían extenderse mucho más allá de la Antártida

Los especialistas advierten que este fenómeno no solo afecta al continente antártico. La región cumple un rol fundamental en la regulación climática global y en el funcionamiento de las corrientes oceánicas.

El hielo marino participa activamente en el transporte de carbono y calor hacia las profundidades del océano. Cuando ese mecanismo se altera, también se modifica la capacidad del planeta para absorber parte del exceso de dióxido de carbono presente en la atmósfera.

La pérdida de hielo también amenaza a numerosas especies que dependen de este ecosistema extremo para sobrevivir. Entre ellas se encuentran el krill antártico, base de gran parte de la cadena alimentaria marina, y distintas especies de pingüinos que necesitan plataformas heladas para alimentarse y reproducirse.

Los investigadores sostienen que las emisiones humanas continúan dificultando cualquier posibilidad de recuperación rápida. Mientras el calentamiento global siga intensificándose, el océano Austral podría enfrentar transformaciones aún más profundas en las próximas décadas.

 

[Fuente: Diario UNO]

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