Ha sido un año bueno para las increíbles adaptaciones del animé, con algunas como Frieren y Delicious in Dungeon, fieles a su material de origen y con nueva vida en la pantalla chica. Pero la adaptación animé de Dan Da Dan quizá se cuente como la mejor serie del año.
El primer episodio de Dan Da Dan de Science Saru llegó a Netflix, Hulu y Crunchyroll el 3 de octubre, fantásticamente fiel al espíritu de su material de origen. Un estreno caótico que fuerza el encuentro de sus dos protagonistas – Momo Ayase (SSSS. Shion Wakayama de Dynazenon), una chica de una familia con vínculos con lo oculto y paranormal, y Ken “Okarun” Takakura (Natsuki Hanae de Demon Slayer) un otaku solitario obsesionado con los OVNIs como el manga de Tatsu anterior. La serie juega con la forma y la estilización, y se convierte en uno de los animés con más energía que se hayan visto.
Desde su apertura, eléctrica (dirigida por Abel Góngora) hasta su clímax, el primer episodio de Dan Da Dan da donde uno lo espera, con su acercamiento a lo sobrenatural y los géneros sci-fi. Una de las fortalezas inmediatas del manga de Tatsu era su fluidez y movimiento, que desafiaba tus expectativas con cada página. Encontrabas acción, terror visceral, humor exagerado de caricaturas, con Momo y Okarun haciendo gestos faciales y corporales de proporciones absurdas.
El animé juega con su fluidez, y cada escena suma a la narrativa con una combinación de géneros que transmite alegría. Saru es uno de los estudios de animación más impresionantes en este momento, con trabajos que van desde los cortos de Star Wars Visions a Scott Pilgrim Takes Off y por supuesto gran parte de la filmografía del querido director Masaaki Yuasa.
Ecléctica, cinemática, íntima y de horror
Con ese eclecticismo el estudio puede sentirse confiado, no sólo en cuanto al movimiento y su exageración sino en sus rápidos cambios entre lo cinemático a la exploración de las formas. Dan Da Dan puede ser tenso o íntimo según haga falta, con momentos de terror o de conexión entre sus dos protagonistas, y con cosas un tanto extrañas en alguna expresión o un destello de color psicodélico (o en algunos casos, la falta de eso), con un estilo visual ingenioso que se condice con su narrativa caóticamente enérgica.
Casi todas las escenas del primer episodio tienen algún maravilloso giro que te mantiene atento, como cuando Momo, abandonada por su tonto novio, avanza como deslizándose hacia la cámara, y luego vuelve a la dura realidad al cruzarse con Okarun, víctima del bullying en su clase. Momo despierta a poderes psíquicos espirituales tras un encuentro con aliens, y allí llegan los colores caleidoscópicos en destellos, en contraste con el terror y tensión de los momentos anteriores. Hay detalles visuales en casi todas las escenas.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Lucas Handley. Aquí podrás encontrar la versión original.