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Ciencia

El desafío nuclear que podría cambiar la exploración espacial: así planea la NASA encender un reactor en la Luna antes de 2030

La NASA quiere instalar un reactor de fisión de 100 kilovatios en la Luna para alimentar futuras bases y misiones en entornos extremos. El plan promete energía continua durante una década, pero enfrenta retos técnicos, logísticos y de seguridad que pondrán a prueba los límites de la ingeniería espacial.
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Antes de que termine la década, la NASA pretende lograr un hito inédito: operar un reactor nuclear en la superficie lunar. El objetivo es garantizar electricidad constante a bases habitadas, laboratorios y exploradores, incluso durante las largas noches lunares. El proyecto, parte del programa Fission Surface Power, combina innovación tecnológica y estrategias de seguridad para abrir una nueva era en la exploración espacial… si logran superar los enormes obstáculos que plantea.


Un plan ambicioso para energía continua en la Luna

La NASA apuesta por la fisión nuclear para mantener operaciones las 24 horas, independientemente de la luz solar. El reactor, de 100 kilovatios, podría alimentar hábitats, laboratorios, sistemas de soporte vital, comunicaciones y vehículos.

El sistema deberá construirse y cargarse completamente en la Tierra, viajar en un único cohete y operar con ajustes mínimos. Su peso no podrá superar las 6 toneladas, lo que obliga a una ingeniería de sistemas precisa para equilibrar potencia, volumen y coste de transporte.

El desafío nuclear que podría cambiar la exploración espacial: así planea la NASA encender un reactor en la Luna antes de 2030
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Condiciones extremas y exigencias de seguridad

El reactor usará uranio y un ciclo cerrado Brayton para convertir calor en electricidad. Funcionará en condiciones extremas: cambios térmicos de hasta 200 °C entre día y noche, menor gravedad y ausencia de atmósfera. Se instalarán baterías para almacenar excedentes y cubrir picos de demanda.

La seguridad abarcará desde el lanzamiento —usando uranio fresco para minimizar riesgos radiológicos— hasta la operación lunar, con blindaje, contención y apagado automático ante anomalías o sismos lunares.

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Residuos radiactivos y autonomía operativa

El combustible usado será mucho más radiactivo que el original, por lo que transportarlo de vuelta sería arriesgado. La opción más segura podría ser almacenarlo en estructuras blindadas sobre la superficie lunar.

El diseño prevé al menos 10 años de funcionamiento autónomo, sin recargas ni mantenimiento humano, asegurando energía estable durante toda la vida útil de la misión.

Fuente: Infobae.

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