Saltar al contenido
Ciencia

El destello imposible: la noche en que el cielo de Nueva Zelanda mostró un fenómeno que casi nadie ha visto

Una cámara apuntando hacia la Vía Láctea, una tormenta lejana y un instante irrepetible: así nació la primera imagen conocida que muestra los esquivos “red sprites” —descargas eléctricas que apenas duran milisegundos— junto a la galaxia visible desde el hemisferio sur. Una coincidencia cósmica que desafía toda probabilidad.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Bajo el cielo cristalino de Nueva Zelanda, un grupo de fotógrafos logró capturar algo que muchos científicos solo sueñan con presenciar. Lo que comenzó como una noche más de astrofotografía terminó convirtiéndose en un registro histórico: los misteriosos “red sprites” brillando sobre la Vía Láctea y la Aurora Austral. Un instante de pura sincronía entre la Tierra y el cosmos.

Una noche que desafió toda probabilidad

Era la noche del 11 de octubre de 2025 cuando, desde los acantilados de Clay Cliffs en la Isla Sur, el fotógrafo español José Luis Cantabrana, el neozelandés Tom Rae y su compañero relataron haber presenciado uno de los espectáculos naturales más raros del planeta.

Mientras el cielo se mantenía despejado, comenzaron a notar destellos rojos en el horizonte. Provenían de una tormenta sobre los Alpes del Sur y, aunque al principio parecían relámpagos comunes, la cámara reveló algo extraordinario: “red sprites”, esas efímeras columnas de luz que brotan muy por encima de las tormentas y alcanzan altitudes de hasta 90 kilómetros.

A simple vista son casi imposibles de detectar, pues duran apenas milisegundos. Incluso los cazadores de tormentas más experimentados pueden pasar años sin ver uno. Pero esa noche, las condiciones fueron perfectas: los sprites aparecían alineados con el núcleo de la Vía Láctea, formando una composición imposible de planificar. La escena combinaba el poder de la atmósfera terrestre con la inmensidad del universo.

Los “red sprites”: relámpagos del límite entre el cielo y el espacio

Los sprites, también conocidos como espectros rojos, fueron documentados por primera vez en 1989 y siguen siendo uno de los fenómenos más enigmáticos de la naturaleza. Son descargas eléctricas que se originan cuando un rayo positivo conecta con la ionosfera, liberando energía hacia la estratósfera en forma de destellos verticales o ramificados.

Capturarlos requiere una sincronización casi sobrenatural: el lugar correcto, el clima adecuado, una cámara sensible y, sobre todo, suerte. Por eso, observarlos desde Nueva Zelanda —un país con pocas tormentas eléctricas intensas— resulta un acontecimiento excepcional.

Esa noche, además, el cielo ofrecía otros regalos. Un tenue resplandor de la Aurora Austral teñía el horizonte y, con algo de zoom, se distinguía el pequeño cometa SWAN cerca del núcleo galáctico. Era como si todos los fenómenos del cielo hubieran decidido reunirse en un mismo instante.

Una imagen que une dos mundos: el terrestre y el cósmico

El fotógrafo asegura que no existen registros previos de red sprites y la Vía Láctea del hemisferio sur en una misma toma. Para él, la captura representa la unión de dos disciplinas: la fotografía atmosférica y la astrofotografía, donde los límites entre lo terrenal y lo cósmico parecen disolverse.

“Fue una mezcla de adrenalina y asombro —relata—. En el visor podía ver la galaxia y, al mismo tiempo, esas columnas rojas danzando sobre una tormenta lejana. Supe en ese momento que estaba viviendo algo irrepetible.”

El registro muestra la fragilidad del instante frente a la inmensidad del tiempo. Un fenómeno efímero que, sin embargo, quedará inmortalizado en una imagen que combina la energía de la Tierra con la luz de las estrellas.

Los detalles detrás del disparo perfecto

El equipo utilizado fue una Sony A7III con un lente Sony GM 24 mm f/1.4. Para capturar el cielo se usó una exposición de 10 segundos, mientras que el primer plano fue fotografiado durante 2 minutos, ambos a ISO 6400. El resultado final muestra los sprites elevándose hacia la atmósfera superior y la Vía Láctea perfectamente alineada en el horizonte.

El fotógrafo también creó un timelapse que revela cómo los sprites aparecen y desaparecen en una fracción de segundo, conectando fugazmente la atmósfera con el espacio. “Fue hipnótico —dice— ver cómo esos destellos unían la tormenta con el cosmos. Por un instante, el cielo pareció respirar.”
Esa noche, entre la ciencia y el asombro, la naturaleza mostró su rostro más inalcanzable. Y una cámara, paciente y precisa, logró atraparlo antes de que desapareciera para siempre.

 

[Fuente: El País]

Compartir esta historia

Artículos relacionados