Saltar al contenido
Tecnología

El devastador momento de Elon Musk: sumido en arrepentimiento y con probable depresión

El hombre más rico del mundo atraviesa un periodo turbulento, marcado por una pelea pública llena de insultos con Donald Trump, una figura a la que él mismo ayudó considerablemente a regresar a la Casa Blanca.
Por Luc Olinga Traducido por

Tiempo de lectura 5 minutos

Comentarios (1)

El 15 de marzo de 2021, un detalle inusual apareció en un informe de Tesla ante la SEC: el título oficial de Elon Musk figuraba como “Technoking of Tesla”. El multimillonario luego aclaró que este cambio extravagante era una broma sobre las formalidades corporativas. Sin embargo, más allá del chiste, resumía perfectamente su estilo audaz: profundamente poco convencional, indiferente a la tradición y completamente despectivo con respecto al decoro. Su misión autoimpuesta siempre ha sido trastocar las normas establecidas e imponer su visión única del mundo.

Este estilo distintivo se manifiesta en la forma en que introduce conductas del ámbito privado en el entorno corporativo. Musk, por ejemplo, nunca ha dudado en protagonizar acaloradas discusiones en redes sociales, usando un lenguaje provocador y ofensivo que, en cualquier otro CEO, significaría un despido inmediato o una advertencia severa del directorio. Emplea rutinariamente X (antes Twitter), la “plaza pública” que adquirió a fines de 2022, para saldar cuentas.

“Gates es un gran mentiroso”, declaró el 8 de mayo, refiriéndose al filántropo y cofundador de Microsoft, Bill Gates. ¿El motivo? Criticar el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), una iniciativa de la administración Trump. Trump había encomendado a Musk la tarea de optimizar el gobierno federal mediante recortes presupuestarios, y DOGE, la agencia creada específicamente para este fin, alienó rápidamente a casi todos los miembros del gobierno, convirtiéndose en un foco de descontento público.

Musk ya había publicado antes un meme insultante contra Gates, cuyo “pecado”, según Musk, fue apostar a la baja de las acciones de Tesla años atrás.

Durante estos episodios, la junta directiva de Tesla —compuesta en su mayoría por leales y allegados— permaneció en silencio. Millones de seguidores en X lo ovacionaban, reforzando su imagen de “rey” adorado por sus súbditos. Ignoró las pocas voces críticas.

A medida que crecía su poder financiero, también lo hacía su sensación de invulnerabilidad. El regreso de Donald Trump a la presidencia, logro al que Musk contribuyó con más de 290 millones de dólares según la Comisión Federal Electoral, le otorgó una influencia política inédita. Controlaba así una rara tríada de poder: riqueza inmensa, influencia política y dominio de plataformas clave como X y xAI.

Choque frontal con Trump y pérdida de apoyo

Pero el 5 de junio, el magnate tecnológico descubrió que incluso su poder tenía límites. Intensificó sus críticas al “One Big Beautiful Bill Act”, el proyecto presupuestario de Trump que recorta Medicaid y Medicare, aumenta la deuda nacional y elimina subsidios para autos ecológicos. Esta vez, atacó a Trump de forma directa, lamentando su “ingratitud” y asegurando que sin su apoyo no habría ganado.

Incluso apoyó públicamente un posible juicio político contra Trump, relacionándolo de manera polémica con los Archivos Epstein, una obsesión en círculos MAGA y de ultraderecha. Esta teoría conspirativa sugiere que Epstein, el delincuente sexual que murió ahorcado en prisión en 2019, fue asesinado para evitar que revelara una lista de clientes poderosos, supuestamente liberales. El hecho de que Epstein muriera bajo la presidencia de Trump es ignorado por los creyentes de esta teoría.

Este enfrentamiento entre el hombre más rico del mundo y posiblemente el más poderoso causó conmoción en la derecha, donde la alianza entre ambos era admirada. A diferencia de peleas anteriores, Musk no recibió el respaldo esperado. Fue criticado, incluso por Joe Rogan, su amigo de larga data, quien durante meses había sostenido que Estados Unidos le debía mucho a Musk. Esta vez, sin embargo, Rogan opinó que se había excedido.

“Entiendo, él es dueño de Twitter”, comentó Rogan el 5 de junio en su podcast. “Pero publicar cosas todo el día y pelear con la gente te afecta mentalmente”.

Para muchos, esta crítica sonó como el violín más pequeño del mundo para un hombre cuyas heridas eran, cada vez más, autoinfligidas. En este contexto insólito, Musk hizo algo inesperado: una autocrítica. En una publicación breve e irónica, mostró un inusual momento de introspección.

“Es escandaloso cuánta difamación se ha dirigido contra mí, especialmente de mi parte”, publicó el 8 de junio. La publicación superaba los 44 millones de vistas al momento de redactar este artículo.

Su mensaje sugiere que es él mismo el principal responsable de las críticas que recibe, revelando un costado vulnerable pocas veces visto, en contraste con su imagen de figura intocable.

Consecuencias económicas y reputación dañada

¿Es esta autocrítica genuina o una estrategia tras haber quemado puentes? El 7 de junio, Trump dijo a NBC que no deseaba reconciliarse con Musk y lo amenazó con “graves consecuencias” si financiaba candidatos demócratas contra republicanos que apoyaron su ley presupuestaria.

El congresista californiano Ro Khanna, quien conoce a Musk desde hace años, le tendió una rama de olivo. “Que Elon critique los aranceles irracionales, el déficit creciente y la agenda anti-ciencia puede ayudar a frenar a Trump”, dijo a Semafor. “Espero que en 2026 Musk apunte contra los republicanos MAGA y no contra los demócratas”.

Pero no está claro si los demócratas escucharán a Khanna. Musk se ha vuelto persona non grata, sobre todo entre los sectores progresistas. Ha declarado que votó a los demócratas hasta la elección de Biden.

Más allá de SpaceX, Tesla también está en riesgo. Sus ganancias netas cayeron un 71 % en el primer trimestre respecto al año anterior, debido principalmente a la baja en ventas de vehículos. Además, enfrenta protestas globales contra DOGE y su supuesto apoyo a ideologías de extrema derecha.

La pérdida de apoyo parece continuar. Los datos del segundo trimestre muestran una baja sostenida en ventas de Tesla en China y Europa. En mayo, cayeron un 45 % en el Reino Unido, un 36 % en Alemania (pese a que el mercado creció un 45 %), un 67 % en Francia, un 54 % en Suecia, un 20 % en Italia, un 48 % en Dinamarca y un 29 % en Alemania.

Estas cifras sugieren que Musk ha perdido el favor de los liberales, base principal de Tesla por su enfoque ecológico. Para ellos, Tesla era el símbolo del coche “verde”.

Desde abril, ejecutivos intentan tranquilizar a los inversores. Musk ha prometido reducir su rol en la administración Trump y ha asegurado que los Tesla autónomos estarán disponibles este año gracias al avance del software FSD. Dijo a inversores el 22 de abril: “Estoy seguro de que estará disponible en muchas ciudades de EE. UU. para fin de año”.

Pero este cronograma depende de la aprobación regulatoria, ahora menos segura por su conflicto con Trump. El camino por delante es más incierto. ¿Llegó su mea culpa demasiado tarde? Trump, por su parte, nunca se disculpa.

Lo que sí está claro es la división entre los usuarios de X.

“Errar es humano, perdonar es divino”, comentó un usuario. “Tener el valor de reconocer el error y corregirlo es la esencia del vínculo humano”.

Otro, simpatizante de Trump, escribió: “No deberías haber dicho lo que dijiste, Elon. Quemar puentes es algo que no se hace. Todos te aceptaron, y así es como lo pagás cuando no te salen las cosas”.

Para un hombre que casi nunca admite errores, esta confesión, aunque leve, es significativa. Pero en el torrente diario de publicaciones, incluso sus fans no la vieron como algo trascendental. Curiosamente, la semana pasada, físicos de la Universidad de Loughborough, en Inglaterra, avanzaban en la nanotecnia creando el violín más pequeño del mundo: apenas 35 micrones de largo por 13 de ancho. Y así, tanto detractores como defensores de Musk lo tomaron metafóricamente para tocarle una triste melodía.

Compartir esta historia

Artículos relacionados