El mismo día que iba a tener lugar el ataque que debía cambiar el rumbo de la Segunda Guerra Mundial, un piloto llegó a duras penas hasta una isla que creía deshabitada. Lo que ocurrió en las semanas siguientes forma parte de ese conjunto de relatos surrealistas que solo se pueden dar en un contexto bélico.

Pero antes de llegar a esa fecha vamos a retroceder muchos años en el tiempo. Es la única forma de entender el extraño e insólito lugar al que iba a llegar el piloto. Ese espacio se encuentra a menos de 30 kilómetros de la costa de Kauai. Allí, Hawái cuenta con un área restringida histórica: la pequeña isla de Niihau de unos 180 kilómetros cuadrados, también conocida como la “Isla Prohibida”.

La isla de los Robinson

Niihau es en realidad un proyecto de preservación de propiedad privada que durante 150 años ha tenido un gran éxito. La transición a la denominada “Isla Prohibida” comenzó en 1864 cuando una viuda escocesa llamada Elizabeth McHutchison Sinclair compró la isla al monarca hawaiano, el Rey Kamehameha IV (sí, Kamehameha), por unos 10.000 dólares en oro. Su idea era convertirla en un espacio para la ganadería.

Kamehameha solo le puso un requisito a Elizabeth: mantener la isla para sus habitantes y trabajar sus tierras como él había hecho hasta entonces. A decir verdad, los historiadores siempre recuerdan que el rey le ofreció a Sinclair propiedades inmobiliarias mucho mejores, incluyendo un área en el centro de Honolulu en Waikiki. Sin embargo, Sinclair veía Niihau como una alternativa exuberante para su gran familia, la cual se había mudado desde Nueva Zelanda. Tal y como quedó registrado en el acuerdo, Kamehameha IV le dijo a Elizabeth:

Niihau es tuya. Pero puede llegar el día en que los hawaianos no sean tan fuertes en Hawai como lo son ahora. Cuando llegue ese día, por favor, haz lo que puedas para ayudarlos.

Niihau
Imagen: Polihale (CC BY-SA 3.0)

Y así fueron pasando los primeros años, con Sinclair y sus descendientes, los Robinson, haciendo todo lo posible para honrar la petición del rey. Rechazaron la colonización de las islas hawaianas por parte de los occidentales, especialmente cuando en 1893 los estadounidenses derrocaron a la monarquía indígena y prohibieron la lengua hawaiana.

En este punto de la historia el relato varía ligeramente. De hecho, es difícil marcar en rojo una fecha en el calendario donde Niihau se convirtió en esa “Isla Prohibida”. Según la historia más popular, el descendiente de Sinclair, Aubrey Robinson, evitó que los forasteros, incluidos los familiares de los nativos, llegaran a la isla en 1915.

Sin embargo, el bisnieto Keith Robinson informó posteriormente que las visitas se redujeron oficialmente en la década de 1930 para proteger a los indígenas de contraer enfermedades del exterior, tales como el sarampión o la poliomielitis. En los años que siguieron, los Robinson lucharon por mantener la isla fuera del control estatal.

Durante este tiempo, ya en pleno siglo XX, este pedazo de tierra seguía siendo un islote ajeno a todos los problemas que surgían en el resto del planeta. Nadie podía advertir que todo estaba a punto de cambiar en un día histórico.

Llegada a la isla solitaria

Imagen: Niiahu en 1885

Se calcula que durante la Segunda Guerra Mundial se fabricaron más cazas Zero que ningún otro tipo de avión japonés. De hecho, se convirtió en el avión nipón producido en mayor número de la historia con cerca de 11.000 ejemplares. Se trataba de un caza de largo alcance empleado por el Servicio Aéreo de la Armada Imperial Japonesa desde 1940 hasta 1945.

Por esta razón es fácil entender que el día del ataque a Pearl Harbor en la mañana del 7 de diciembre de 1941 los grupos de bombarderos en los caza Zero fueron parte fundamental del envite.

Ese día, escoltando a un grupo de bombarderos, se encontraba el aviador de primera clase de 22 años Shigenori Nishikaichi a bordo de su Mitsubishi A6M2 Zero. Nishikaichi y otros siete pilotos de combate del portaaviones Hiryu habían atacado objetivos en el sureste de Oahu. El grupo formó parte de los atacantes a la Estación Aérea Naval de Estados Unidos en la península de Mokapu, y luego golpearon el aeródromo del ejército de Bellows, a 15 kilómetros al sur.

En ambos ataques, los caza daban paso a las ametralladoras. Luego, con el enemigo supuestamente debilitado, ponían en marcha al plan b tratando de golpear objetivos adicionales. Sin embargo, después de llevar a cabo dos rutas plenas de éxito, aparentemente de la nada surgieron hasta nueve combatientes aéreos estadounidenses. Se trataba de varios American Curtiss P-36A, y aunque eran superados en número por los Zeros, los aviones de Estados Unidos se mostraron más rápidos.

Caza Zero
Imagen: Kogo (GFDL)

De aquel ataque por sorpresa, una única bala terminó perforando el tanque de combustible del caza de Shigenori Nishikaichi. La aeronave comenzó a perder combustible. Y aunque nadie lo podía saber entonces, aquella única metralla incrustada en el caza japonés iba a poner en marcha una serie de eventos que llevarían a Estados Unidos a internar a más de cien mil personas de herencia japonesa, a pesar de su ciudadanía, en campos de concentración para el resto de la Segunda Guerra Mundial.

Mientras Nishikaichi se dirigía al portaaviones se hizo evidente que no podría llegar. En su lugar, recurrió a las órdenes de emergencia que le habían dado antes de iniciar la misión: en caso de incidente debía aterrizar en la isla deshabitada de Niihau y esperar en la playa del norte a que un submarino imperial realizara el rescate.

Nishikaichi hizo un cálculo rápido basado en la tasa de consumo de combustible y en la reducción de la velocidad aerodinámica a causa del motor que estaba fallando. Decidió que acudir hasta Niihau era más factible que intentar llegar a Hiryu, donde probablemente estaría huyendo de Hawai y regresando a Japón. Así fue como el piloto se volvió hacia el oeste.

Sin embargo, cuando llegó a la supuesta isla algo no le cuadraba. Nishikaichi descubrió que, contrariamente a la información que había recibido de la inteligencia japonesa, la isla estaba claramente habitada. Alrededor de un tercio del camino por la costa oeste había una gran arquitectura central, junto con varias estructuras más pequeñas. A uno o dos kilómetros de allí había un pequeño asentamiento donde podía ver a un grupo de personas de pie frente a lo que parecía ser una iglesia. Desde su baja altitud, el piloto observó que las personas parecían ser nativos de la Polinesia.

Imagen: Interior de un Zero

Confundido, Nishikaichi voló al suroeste, lejos de la isla. Unos minutos más tarde se enfrentó a lo inevitable: tendría que aterrizar en Niihau o estrellarse en el mar. Con el combustible casi agotado, finalmente encontró un tramo relativamente llano y despejado cerca de una casa aislada. Acercó el Zero en un planeo de aproximación y se preparó para un aterrizaje forzoso.

El incidente Niihau

Como explicamos al comienzo, la isla en la que Nishikaichi estaba a punto de aterrizar estaba prohibida a forasteros, a cualquier miembro externo de los indígenas que vivían en ella.

Por aquel entonces, los habitantes hawaianos, predominantemente nativos, pastoreaban ovejas y vacas y recolectaban miel. Sus habitantes habían hecho famosa a la isla a través de la exportación de joyas muy preciadas hechas de pequeñas conchas recolectadas en las playas.

Cuando Nishikaichi comenzó a aterrizar, su avión se enredó en una cerca de alambre que había pasado inadvertida durante sus inspecciones desde el aire. El caza aterrizó ladeado por la nariz.

Imagen: Restos del avión de Nishikaichi en la isla

Uno de los residentes de la isla, el hawaiano Howard Kaleohano, observó el accidente del avión y, sin darse cuenta del histórico ataque que estaba teniendo lugar muy cerca, se apresuró a ayudar. El piloto emergió malherido y aturdido. Kaleohano tomó los papeles y el arma de Nishikaichi y lo alejó de su Zero.

Al parecer, el entonces gerente de Niihau, Aylmer Robinson, permitió a Kaleohano (nacido en Hawai) visitar a su hermana residente de la isla en 1930. Con el tiempo, Kaleohano se casó y se había convertido en uno de los pocos hawaianos nativos de la isla que hablaban inglés con fluidez. Sin embargo, el de Nishikaichi era muy rudimentario.

Por ello llamaron finalmente a un vecino que había nacido en Japón, Ishimatsu Shintani. Este primer traductor intercambió unas pocas palabras con el piloto antes de que su rostro tornara a pálido, como si hubiera recibido una noticia terrible, y se negó a seguir siendo parte de aquella conversación. Kaleohano necesitaba encontrar a alguien más para ayudarlo.

Entonces aparecieron en escena los Harada, quienes hablaban japonés e inglés. Yoshio Harada, de 38 años, había nacido de padres japoneses en Kauai en 1903. Su nacimiento en Hawai lo convirtió en ciudadano estadounidense, pero tenía tres hermanos en Japón, y su esposa, Irene, había nacido de padres japoneses.

Imagen: Vista aérea de Pearl Harbor

Ahora sí, hablando en japonés Nishikaichi le contó a los Harada sobre el ataque a Oahu. También exigió que tanto su pistola como sus documentos fueran devueltos. Debido a que los Harada sabían que los niihauanos los consideraban más japoneses que hawaianos, no compartieron la noticia de la guerra recién iniciada con los otros isleños.

Sin saber que Estados Unidos estaba ahora en guerra con Japón, los niihauanos trataron al piloto con cariño. Mientras, Nishikaichi se preguntaba cuándo llegaría el submarino de rescate y enviaría una flota a tierra para escoltarlo a bordo. Sin embargo, no iba a ser rescatado. Sí, Nishikaichi comió bien e incluso cantó con los isleños, pero lo hizo sin saber que a su submarino de rescate ya se le había ordenado regresar al Pacífico para interceptar cualquier barco estadounidense entrante.

Ese mismo día, al llegar la noche, la noticia del ataque a Pearl Harbor y a otras instalaciones militares de Oahu había llegado hasta Niihau por radio. El piloto fue interrogado nuevamente, y Yoshio Harada se dio cuenta entonces de que era mejor informar con precisión sobre todo lo que Nishikaichi le había dicho.

Ahora el problema era qué hacer con el piloto enemigo. Aylmer Robinson, el propietario ausente de Niihau, vivía por aquel entonces en Kauai y hacía visitas semanales a la isla para cuidar los intereses familiares. El ex superintendente residente de la isla, John Rennie, había fallecido en septiembre, y Robinson había designado a Harada en lugar de Rennie.

Vista de los acantilados de la isla actualmente
Imagen: Polihale (CC BY-SA 3.0)

Esto había hecho de Harada un hombre importante en Niihau, pero la nueva situación lo había dividido entre su ciudadanía estadounidense y su herencia japonesa. Mientras los niihauanos debatían qué hacer con el intruso enemigo, Nishikaichi se alojó la primera noche en la casa de John Kelly. Los Harada se quedaron allí con el piloto.

Al día siguiente, Yoshio acompañó al piloto capturado hasta Kii Landing, cerca del extremo norte de la isla, para esperar a las autoridades. En esencia, se esperaba la llegada del barco de Robinson para el 8 de diciembre. Sin embargo, y sin que nadie de la isla lo supiera, la Marina había restringido por la guerra el tráfico marítimo entre la isla y Kauai, impidiendo así que el representante de la familia Robinson llegara a Niihau para recoger al prisionero.

El tiempo que pasaron esperando en Kii fue una oportunidad para que Nishikaichi y Harada conversaran solos en la playa y se conocieran un poco más. El piloto aparentemente había percibido la ambivalencia en cuanto a lealtades de Harada, así que comenzó a jugar con ellas enfrentando a su ciudadanía contra su herencia. Se diría que Nishikaichi ganó gradualmente tanto a Harada como posteriormente a su esposa Irene.

Unos días después, Harada trajo a Shintani nuevamente a escena. Los tres se reunieron en privado en la casa de Harada, donde se alojaba Nishikaichi, y al día siguiente Shintani partió convencido a la casa de Howard Kaleohano para exigirle los papeles que había sacado del caza del piloto. Kaleohano se negó en rotundo, Shintani murmuró una amenaza, y Kaleohano lo echó.

Partes oxidadas del Zero como se muestran en el Pacific Aviation Museum Pearl Harbor
Imagen: Binksternet (CC BY-SA 3.0)

Harada y el piloto se dieron cuenta de que no podían contar con Shintani, pero estaban decididos a continuar con el plan que había diseñado Nishikaichi para morir con honor. Por ahora, el piloto estaba bajo la custodia de varios niihauanos que habían de guardias. Ese mismo día, Harada robó una escopeta y una pistola de la casa cerca del lugar donde se había estrellado el Zero. Se trataba de la vivienda de los Robinson, sin uso desde hacía semanas.

A Harada le habían confiado una llave. Cargó las armas y las llevó a un almacén utilizado para recolectar miel. Al regresar a casa, Yoshio notificó a su esposa y al piloto sobre las armas que había conseguido. Solo uno de los cuatro guardias asignados estaba en servicio en ese momento. Nishikaichi entonces pidió usar la casa de los Harada para ir al baño, Harada lo acompañó afuera, seguido por el guardia.

Cuando emergió el piloto, Harada dijo que tenía algo que acudir al almacén de miel cercano. El guardia, desprevenido, los acompañó hasta allí. Ese fue el momento en que Harada y Nishikaichi tomaron las armas y encerraron al guardia en el almacén.

En ese instante, la esposa del guardia apareció en un carro con caballos. Ambos tomaron el carro y ordenaron a la mujer que los llevara a la casa de Kaleohano. Allí la dejaron huir en el caballo. Cuando descubrieron que Kaleohano no estaba en casa, el piloto y Harada acudieron hasta el caza derribado, escondido muy cerca de la vivienda. Los dos fugitivos intentaron usar la radio pero después de un intento fallido volvieron a la casa.

Shigenori Nishikaichi
Imagen: CC BY 2.5

Cuando regresaron, Kaleohano saltó de un escondite y salió corriendo tratando de escapar. Nishikaichi disparó contra el hawaiano, pero falló y éste logró escapar. Corrió al pueblo y advirtió a los residentes, tomó prestado un caballo y se dirigió hacia el extremo norte de la isla con la intención de hacer una señal de fuego.

Antes de ello, sin embargo, Kaleohano se detuvo una vez más en su casa, ahora desierta, y recogió los papeles escondidos del avión para llevarlos a la casa de su suegra. El guardia que estaba encerrado en el almacén pudo escapar en ese momento y se dirigió a la aldea, allí corroboró la historia de Kaleohano.

Como resultado de ello, casi todos los aldeanos huyeron a zonas remotas de la isla.

En este punto de la historia de la isla donde hasta entonces jamás había pasado nada, se dibujaron varias líneas de batalla, con Nishikaichi y los Harada en un lado, y Kaleohano reuniendo a los residentes en el otro.

En busca de ayuda, Kaleohano y un grupo comenzaron a remar hacia Kauai, por delante, 10 horas de navegación contra el viento. Otros isleños encendieron una señal de fuego en la cima del punto más alto de Niihau, en el Monte Paniau, que era visible desde Kauai.

Imagen: Un Zero cae el día del ataque a Pearl Harbor (AP)

Finalmente, a Robinson le llegaron las noticias de la situación que había en la isla y recibe la aprobación para organizar una misión de rescate. Mientras tanto, Nishikaichi y Harada volvían a capturar al guardia que escapó y lo obligaron a caminar por el pueblo desierto pidiendo a los habitantes restantes que salieran de sus casas.

Un único hombre, K. Kalima, apareció en aquel escenario, dando a Nishikaichi y Harada su segundo prisionero. Luego regresaron al Zero, quitaron las ametralladoras y las municiones restantes y las guardaron en un carro. También intentaron quemar el avión, pero el fuego que prendieron en la cabina no se extendió. Harada envió a Kalima para que le dijera a Irene que no regresaría esa noche. Luego, él y el piloto, aparentemente borrachos de poder, caminaron por la aldea ahora silenciosa, disparando sus armas y gritando a Kaleohano que se rindiera.

Una vez lejos de sus captores, Kalima se dirigió a la playa, donde encontró a su esposa junto con Ben Kanahele. Kanahele, de 49 años, era un ganadero hawaiano enorme, un tipo conocido por su prodigiosa fuerza. Kalima y Kanahele lograron evitar a Nishikaichi y Harada y sacaron la munición de la ametralladora del carro. Cuando regresaban a la aldea los capturaron.

Nishikaichi y Harada comenzaron la búsqueda en la casa de Kaleohano para encontrar los documentos del avión y quemarlos. Luego obligaron a Ben Kanahele a buscar a Kaleohano. Kanahele, quien sabía que Kaleohano estaba camino de Kauai, trató de hacer ver que lo estaba llamando.

Nishikaichi, ahora sosteniendo la escopeta y con la pistola en su bota, le dijo a Kanahele que si no podía conseguirles a Kaleohano, él y todos los demás isleños serían fusilados. Kanahele habló en hawaiano, exigiendo a Harada el arma de su compañero japonés. Harada se negó, pero le indicó a Nishikaichi que necesitaba la escopeta.

Cuando el piloto entregó el arma, Kanahele se abalanzó hacia él, pero Nishikaichi fue demasiado rápido. Se sacó la pistola de la bota y le disparó a Kanahele en el pecho, la cadera y la ingle. Enfurecido, el enorme hawaiano agarró al piloto, lo levantó en el aire y lo arrojó contra un muro de piedra. Entonces la esposa de Kanahele comenzó a golpear con una piedra la cabeza del piloto caído.

En ese instante, Kanahele sacó un cuchillo y cortó la garganta de Nishikaichi. Harada, estupefacto y dándose cuenta de que había alentado una desastrosa cadena de eventos, apuntó el cañón de la escopeta en su propio estómago y apretó el gatillo.

Al día siguiente llegó un grupo de rescate del Ejército de Kauai, parecía que aquella pesadilla había terminado para los habitantes de Niihau. Sin embargo, aquello no fue el final de la historia.

Imagen: Roosevelt firmando la declaración de guerra contra Japón el 8 de diciembre de 1941

Ben Kanahele se recuperó de sus heridas. En agosto de 1945 recibió dos citaciones presidenciales, la Medalla al Mérito y el Corazón Púrpura. Por su implicación en el incidente, Ishimatsu Shintani fue detenido e internado en el territorio continental de Estados Unidos durante toda la guerra. Culpó a Japón por sus acciones. Con la revocación de las barreras raciales a la inmigración en la posguerra, se convirtió en ciudadano estadounidense en 1960.

El hoy conocido como incidente Niihau generó el informe de la Armada que indicaba una “probabilidad de que los residentes japoneses que antes se creían leales a Estados Unidos puedan ayudar a Japón”. Irene Harada fue encarcelada por ayudar al piloto a escapar.

El presidente Franklin D. Roosevelt usó el incidente y el informe naval posterior para racionalizar la Orden Ejecutiva 9066, la cual estaba destinada a permitir que los comandantes militares locales designen “áreas militares” como “zonas de exclusión”, de las cuales “cualquiera o todas las personas pueden ser excluidas”.

No pasaron dos semanas antes de que aquello se interpretara como luz verde para permitir la separación de todas las personas de ascendencia japonesa de la costa oeste en campos de concentración en el interior de Estados Unidos.

Imagen: AP

Dicho de otra forma, las acciones de un hombre en una situación única e insólita llevaron finalmente al gobierno de Estados Unidos a encarcelar a más de 100.000 estadounidenses de origen japonés, una medida vergonzosa e injusta destinada a proteger al país de futuras traiciones.

Hoy, y a pesar de la invasión del mundo exterior, la “Isla Prohibida” mantiene un estilo de vida de una época pasada. La mayor parte del día a día de Niihauan está ocupada por la pesca y la caza. Las comodidades modernas son en su mayoría inexistentes. Apenas existen los autos, no hay tiendas, no hay internet, ni caminos pavimentados. Los residentes viajan en bicicleta o a pie y no pagan renta. De hecho, los suministros semanales a la isla los traen los Robinson o los mismos Niihauans cuando visitan Kauai.

Como reza un cartel a su entrada: “aquí hay un sentimiento de paz interior y renovación que no se entiende en el mundo exterior. La cultura occidental la ha perdido. El único lugar que queda es Niihau”.

A menos, claro está, que aparezca un nuevo caza en el horizonte. [HawaiReporter, Timeline, WarHistory, Wikipedia, East Wind, Rain: A Novel, Air&SpaceMag]

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Miguel Jorge

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