Ilustración: Jim Cooke/GMG

Durante mucho tiempo en la década de los 80, la desinformación se mezcló con los trabajos científicos que trataban de comprender las causas del VIH. En ocasiones, algunos medios fueron demasiado lejos con sus informaciones. Cosmopolitan fue uno de ellos.

Se podría decir que el virus y su enfermedad se hicieron un nombre en el planeta a partir del 5 de junio de 1981, momento en que los investigadores del CDC de Estados Unidos convocaron una rueda de prensa para describir cinco casos de neumonía por Pneumocystis carinii. Un mes después, constataron varios casos de sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer de piel.

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Lo que llamó la atención de los doctores realmente fue la conjunción de ambas dolencias. El tipo de neumonía junto al sarcoma de Kaposi era inusual. Además, se unía un dato que lo hacía más extraño: la mayoría (no todos) de los pacientes eran hombres homosexuales activos, tipos que también sufrían otras enfermedades crónicas que luego se identificarían como infecciones derivadas.

Cartel del CDC en los 80. WC

Al poco tiempo, todos los pacientes comenzaron a tener unas manchas en cuerpo, los medios comenzaron a utilizar por primera vez la palabra “sida”, la “peste rosa”, y además lo hacían atribuyéndola de forma única (y despectiva) a los homosexuales.

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Cartel del CDC de 1989 que destacaba la amenaza del SIDA asociada con el consumo de drogas. Wikimedia Commons

En 1982, la nueva enfermedad fue bautizada oficialmente con el nombre de Acquired Immune Deficiency Syndrome (AIDS). Sin embargo, hasta 1984 el cruce de informaciones era una auténtica locura con todo tipo de teorías sobre la causa del VIH. La teoría que tuvo más apoyo planteaba que el sida era una enfermedad básicamente epidemiológica.

Lo cierto es que un año antes se produjeron ciertos avances. Nueve hombres homosexuales, todos con la enfermedad, habían tenido parejas sexuales en común, incluyendo a otro tipo de Nueva York que mantuvo relaciones sexuales con tres de ellos. Esta historia sirvió como base para establecer un patrón de contagio típico de las enfermedades infecciosas.

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Cartel del CDC en los 80. WC

En cualquier caso, las historias sin mucho fundamento continuaron. Algunas sugerían que el virus se desarrolló a causa del excesivo uso de drogas y de la alta actividad sexual con diferentes parejas. También se planteó que la inoculación de semen en el recto durante la práctica del sexo anal, combinado con el uso del llamado Popper, producía supresión del sistema inmunológico. Dicho esto, la mayoría de investigadores le daban cero credibilidad a estas teorías, aunque algunos, ya en el siglo XXI, siguen pensando en ellas.

Viriones de VIH-1 ensamblándose en la superficie de un linfocito. Wikimedia Commons

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En el 84, dos científicos del Instituto Pasteur lograron un hito: aislaron el virus y lo purificaron. Se abría por fin una puerta a la esperanza con el desarrollo de los primeros anticuerpos para combatir la enfermedad. Los investigadores se llevaron el Nobel conjunto, pero la sociedad seguía sin tener claro muchos conceptos.

En aquella época, las víctimas del sida eran aisladas por la comunidad, los amigos e incluso la familia. Los niños que tenían el virus no eran aceptados por las escuelas debido a las protestas de los padres de otros niños, la gente temía acercarse a los infectados ya que pensaban que el VIH podía contagiarse por un contacto casual, como dar la mano, abrazar, besar o compartir utensilios con un infectado. Los homosexuales fueron maltratados y culpados de la expansión, y muchas religiones llegaron a decir que el sida era un castigo de Dios por sus pecados.

No hace tanto de estas escenas, aunque parezca que hablamos de una época del Pleistoceno. Con este clima llegaban todo tipo de noticias, entre ellas, la de Cosmopolitan, posiblemente la más insólita que se vivió aquellos días.

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Cosmopolitan y el sida

Portada de la revista en 1976. AP

A comienzos de la década de los 90, existían informes donde se aseguraba que el contacto heterosexual, no las agujas de las drogas, se había convertido en la principal causa de la enfermedad entre las mujeres de Estados Unidos.

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Para las mujeres, que son mucho más vulnerables que los hombres a la infección durante el coito heterosexual, los casos de transmisión sexual se duplicaron en pocos años, más o menos desde finales de los 80 hasta mediados de los 90. Curiosamente, en 1998 tuvo lugar una gran controversia a raíz de un artículo que publicó la revista Cosmopolitan bajo el título de: “Noticias tranquilizadoras sobre el SIDA: un médico dice por qué no estás en riesgo”.

Entre otras bondades, la revista decía que “casi no hay peligro de contraer el SIDA a través de las relaciones sexuales normales”. Escrito por el psiquiatra Robert E. Gould, el artículo cuestionaba lo que llamó “la falsa impresión de que un adicto de drogas intravenosas le pasa el virus del SIDA a su pareja a través de relaciones sexuales vaginales”.

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Eran tiempos donde el enfoque de muchas revistas parecidas era claro: la moda y el romance, y lo hacían desde el humor y el optimismo. En el caso de Cosmopolitan, eso también significaba darle mucho énfasis al sexo.

El artículo de Gould denunciaba “el miedo y la falsa alarma que aumentan continuamente y que pueden dificultar que cualquiera de nosotros disfrute del sexo”. El psiquiatra afirmaba que las mujeres no tenían que preocuparse por contraer la enfermedad de transmisión sexual si tenían relaciones sexuales sin protección con un hombre con VIH, principalmente, “porque la mayoría de los heterosexuales no están en riesgo”. Rizando el rizo, Gould finaliza su insólito alegato proclamando que no era posible transmitir el VIH en la “posición del misionero”.

Estas afirmaciones se publicaron en la revista mucho después de que la ciencia médica hubiese publicado todo lo contrario. Cuando Gould escribió el artículo, los casos de mujeres heterosexuales con la enfermedad habían estado aumentando cada año desde 1982, más comúnmente a través del sexo vaginal en vez del sexo anal.

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El artículo indignó a los grupos que luchaban por los derechos de los homosexuales y varios grupos de activistas femeninas solicitaron una reunión con Gould y Helen Gurley Brown, la editora de Cosmopolitan en ese momento. Brown declinó, pero Gould aceptó reunirse. Durante la reunión, el doctor llegó a afirmar que las secreciones que producen las mujeres durante la excitación sexual impiden que el virus penetre en las paredes vaginales.

Después de la reunión, varios grupos se presentaron a una manifestación fuera de las oficinas de Cosmopolitan y corearon proclamas con el medio: “Por cada mentira de Cosmo, ¡mueren más mujeres!”. A estas se sumaron otras protestas organizadas en respuesta a la publicación del artículo, y juntas se convirtieron en un documental de 30 minutos titulado “Doctors, Liars and Women: AIDS Activists Say NO to Cosmo” de dos miembros de ACTUP, un colectivo de activistas del VIH con sede en Nueva York.

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Obviamente, Cosmopolitan no tenía entonces el acceso a la información que se tiene ahora. Pero sin duda, su opinión es el reflejo de una época de desinformación y un claro ejemplo de lo que jamás debería hacer un medio.[Wikipedia, New York Metro, Poz]