En los años 50, un oso negro llamado Yogi se convirtió en el primero de su especie en volar por encima de los 10.000 metros de altura, salir despedido en un asiento eyectable y aterrizar sobre el desierto. Todo ello además fuertemente drogado. Lo peor del asunto es que no fue el único.

Corría el año 1950 y la Fuerza Aérea de Estados Unidos desarrollaba su nuevo bombardero supersónico, el B-58 Hustler, el primero capaz de alcanzar velocidades de Mach-2. El Hustler era una maravilla técnica adelantada a su tiempo pero los ingenieros descubrieron un problema: los asientos eyectables tradicionales no servían.

Photo: Wikimedia

Los asientos eyectables son un invento de origen alemán surgido al calor de los motores a reacción. Durante la Primera Guerra Mundial y gran parte de la segunda, abandonar un avión era cuestión de armarse de valor, abrir la carlinga y saltar confiando en que el paracaídas nos dejara sanos y salvos en tierra. Los primeros aviones a reacción cambiaron todo eso.

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Los primeros prototipos de jet eran tan peligrosos que lo primero que los ingenieros alemanes desarrollaron fue sistemas de seguridad para salvaguardar la vida de los pilotos de prueba. Ese fue el caso de Helmut Shenk, el primero de la historia en saltar de un avión con un asiento eyectable. Iba a bordo de un Heinkel He-280 desarrollado en 1943.

A medida que los aviones se hacían más y más rápidos y volaban más y más alto, los asientos eyectables originales demostraron no ser de ninguna utilidad, y eso se hizo patente con el B-58 Hustler. Volando a Mach-2 (2.469 kilómetros por hora) y a una altitud de 10.000 metros, un asiento eyectable era enviar al piloto a una muerte segura. Si las fuerzas G no te rompían el cuello y la cola de tu propio avión no te partía en dos te mataría el frío o la falta de oxígeno.

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La solución de los ingenieros fue una cápsula de escape que se cerraba por completo en caso de emergencia y protegía al piloto hasta su llegada a tierra. Nadie en su sano juicio hubiera aceptado hacer de conejillo de indias para eso, así que los militares seleccionaron al animal más parecido en términos de peso y forma: osos negros del Himalaya y osos negros americanos. Los animales iban atados y fuertemente sedados.

Se hicieron pruebas con varios osos y todos ellos sobrevivieron con apenas unas magulladuras o un par de huesos rotos. Lamentablemente la aventura no terminó bien para ellos porque todos fueron sacrificados para examinarlos con más detalle por si había lesiones internas.

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Cápsula de emergencia de un B-58 Hustler
Photo: J. Clear / National Museum of the United States Air Force

Las cápsulas del B-58 funcionaban bien y los pilotos que operaban este bombardero volaron en ellas durante el corto período de vida útil de este avión. El sistema demostró ser demasiado aparatoso y pesado como para instalarlo en cazas, así que la Fuerza Aérea siguió desarrollando asistentos eyectables hasta llegara a los actuales, que son capaces de salvar la vida del piloto incluso aunque esté a cero metros de altitud y completamente parado. De ahí su nombre: Asientos zero-zero.

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Los asientos eyectables actuales derivan de esos diseños zero-zero y se prueban con maniquíes y pilotos humanos. Los osos, por fortuna, no volvieron a ser reclutados para sobrevivir a un accidente aéreo solo para acabar en la mesa de autopsias. [vía Real Engineering]