Se trata de Escape, dirigida por Rodrigo Cortés y estrenada en octubre de 2024. Un filme incómodo, minimalista y radical que no encaja en absoluto con el estereotipo que aún persigue al actor.
Un personaje contra todo lo que se espera de él
En Escape, Casas interpreta a N, un hombre que ha llegado a un punto límite: no quiere decidir, no quiere elegir, no quiere existir en el mundo. Su único deseo es ingresar en prisión para quedar completamente a merced del sistema. No busca redención ni castigo, solo desaparecer.
La propuesta es arriesgada desde su concepción y lo es aún más para un actor asociado durante años a papeles de impacto popular. Pero Casas se entregó al proyecto sin red. Así lo explicó el propio Cortés en una entrevista en el podcast The Wild Project.
“Mario ha ido a un lugar que no te puedes ni imaginar. Ha llegado a sitios de los que volvía sin saber muy bien de dónde venía”, relató el director.

Tomas largas, intuición y un actor sin miedo
Cortés detalló que trabajaron con tomas de hasta 17 minutos sin cortar, algo que exige una concentración extrema y una confianza absoluta entre actor y director. Las indicaciones no siempre eran técnicas; muchas veces eran puramente intuitivas. Casas no pedía explicaciones, no discutía el método: se lanzaba.
El personaje, primario, contenido, casi monosilábico, exigía una interpretación desde el cuerpo más que desde el texto. Y ahí es donde Casas, según el director, rompió cualquier molde previo.
La escena que lo explica todo
Hay un momento clave durante el rodaje que ilustra mejor que nada el compromiso del actor. En una escena de junta penitenciaria, su personaje debía pronunciar una frase delicada:
“Me enamoré de la primera mujer que me quiso un poco”.
El texto corría el riesgo de sonar impostado, casi literario, en boca de un personaje que apenas se comunica. Tras varios intentos sin encontrar el tono, Cortés tomó una decisión inesperada. Desde la distancia, rodando con teleobjetivo, gritó:
—“Mario, dilo cantando”.
Casas no pidió aclaraciones, ni una melodía, ni tiempo para pensarlo. Simplemente cantó la frase, con un hilo de voz, en plena toma dramática. Inmediatamente después, el director le pidió repetirla de forma normal.
El resultado, según Cortés, fue “magia”. El ejercicio absurdo había desbloqueado al actor, limpiando la frase de artificio y devolviéndola con una verdad inesperada.
Un riesgo que salió bien
Escape podría haber sido un tropiezo para ambos. Cortés podría haber optado por un actor más asociado al cine independiente; Casas podría haber rechazado un papel tan poco agradecido. Ninguno lo hizo. Y el resultado es una de las interpretaciones más complejas y valientes de la carrera del actor.
La película, disponible en Movistar Plus+, demuestra algo que ya no debería sorprender: Mario Casas no solo ha sabido evolucionar, sino que ha decidido hacerlo sin pedir permiso.
Para quienes aún lo reducen a un estereotipo, Escape es una respuesta contundente. No con discursos ni titulares, sino con trabajo, riesgo y una interpretación que desarma cualquier prejuicio.