En una isla del lago Victoria, rodeada por selva y silencio, un grupo de chimpancés rescatados acaba de protagonizar un descubrimiento que pone en jaque nuestra idea de inteligencia. Según un nuevo estudio, estos animales son capaces de revisar sus creencias cuando aparece nueva evidencia, un rasgo que hasta ahora se creía exclusivamente humano.
Un santuario donde la ciencia escucha a los simios
El Santuario de chimpancés de la isla Ngamba, en Uganda, alberga a decenas de animales huérfanos rescatados del tráfico ilegal. En ese entorno natural, casi sin presencia humana, un equipo de científicos liderado por Hanna Schleihauf, de la Universidad de Utrecht, observó algo asombroso: los chimpancés no solo toman decisiones lógicas, sino que también cambian de opinión ante nuevas pruebas.
Durante meses, los investigadores realizaron una serie de experimentos con los animales del refugio, recompensándolos con trozos de manzana o cacahuetes. Su objetivo era determinar si los chimpancés podían comportarse como “agentes racionales”, es decir, si sus creencias podían modificarse según la evidencia, del mismo modo que lo haría una mente humana.
El estudio, publicado en Science bajo el título Los chimpancés revisan racionalmente sus creencias, propone que estos primates poseen una forma básica de razonamiento lógico. “Cuando se les presenta una nueva información, reconsideran su elección, explica Schleihauf. Eso es racionalidad en acción”.
Experimentos que revelan cómo piensan
En el primer experimento, los científicos colocaron dos cajas de madera: una contenía una fruta visible a través de un cristal transparente y la otra, un objeto oculto. Los chimpancés observaron ambas, y luego tuvieron que elegir. Sin dudarlo, optaron por la prueba visual, descartando el sonido o la intuición.
En una segunda prueba, el estímulo visual fue reemplazado por uno auditivo: una bolsa que sonaba llena de cacahuetes. De nuevo, el 90% eligió correctamente. Los resultados demostraron que valoran la información más confiable, sin importar si llega por la vista o el oído.
Los siguientes experimentos aumentaron la dificultad. En uno de ellos, los científicos retiraron la caja con la recompensa visible, dejando solo las otras dos opciones. Sorprendentemente, los chimpancés recordaron cuál era la pista débil y eligieron la alternativa más razonable: la que todavía tenía cierta posibilidad de éxito.
“Esto demuestra que no actúan por reflejo, sino por evaluación”, explica Josep Call, primatólogo de la Universidad de St Andrews. “Si la mejor opción desaparece, buscan la segunda más lógica. Eso implica un proceso de pensamiento estructurado”.

Cuando la ilusión se convierte en aprendizaje
El experimento final introdujo el factor del engaño. Los investigadores mostraron a los chimpancés lo que parecía una manzana dentro de una caja, pero al abrirla, revelaron una fotografía de la fruta. En ese momento, los animales corrigieron su decisión y cambiaron de caja, deduciendo que lo que habían visto no era real.
“Los chimpancés pueden evaluar evidencias contradictorias y actualizar sus juicios, justo como hacemos los humanos”, señala Elodie Freymann, primatóloga de la Universidad de Oxford. Esta capacidad, conocida como flexibilidad cognitiva, es uno de los pilares de la inteligencia racional.
Los investigadores afirman que estos comportamientos no se aprenden por imitación, sino que surgen de una comprensión innata del entorno, una habilidad esencial para sobrevivir en la naturaleza cambiante de África.
Otro ser racional comparte el planeta
Para Brian Hare, antropólogo evolutivo de la Universidad de Duke, el hallazgo es profundamente simbólico. “Es irónico que un grupo de chimpancés refugiados, rescatados del daño humano, sean los que nos recuerdan que no estamos solos como seres racionales”, escribe en su comentario para Science.
El estudio no solo cambia lo que sabemos sobre los grandes simios, sino también sobre nosotros mismos. Si los chimpancés pueden reflexionar, dudar y corregirse, entonces la frontera entre su mente y la humana es mucho más delgada de lo que se creía.
Como concluye Hare: “Cuando un chimpancé mira fijamente a los ojos de una persona, tal vez no solo esté observando. Tal vez esté pensando qué cree esa persona sobre él”.
[Fuente: El País]