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Ciencia

El experimento que podría explicar por qué existe algo en lugar de nada. Científicos del MIT logran ver dentro de los átomos de forma inédita

Una nueva técnica del MIT utiliza electrones atrapados en moléculas como si fueran sondas nucleares. Sin necesidad de colisionadores, los físicos han observado el interior del átomo de radón y abren una vía para entender el mayor misterio del cosmos: la supremacía de la materia sobre la antimateria.
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En una época, para mirar dentro del átomo hubo que construir máquinas del tamaño de ciudades. Gigantescos aceleradores que lanzaban partículas a velocidades cercanas a la luz con el fin de romper la materia y observar sus entrañas. Pero un grupo de científicos del MIT acaba de demostrar que hay otro camino. Uno más elegante, más silencioso y quizás más revelador: usar los propios electrones del átomo como mensajeros del núcleo.

El experimento, publicado en Science el 23 de octubre, podría reescribir la forma en que entendemos la estructura fundamental de la materia y, con ella, una de las preguntas más antiguas de la cosmología: por qué el universo existe en absoluto.

Un colisionador dentro de una molécula

El MIT ha logrado ver dentro de los átomos sin usar un acelerador. Así es la técnica que convierte una molécula en un microcolisionador
© Unsplash – Hal Gatewood.

El equipo liderado por el físico Ronald Fernando García Ruiz, junto con investigadores del MIT, la Universidad de Pekín, la Queen Mary de Londres y el CERN, decidió trabajar con un átomo inusual: el radón. Este elemento, radiactivo y efímero, tiene un núcleo con forma de pera, una rareza que lo convierte en un amplificador natural de asimetrías en su interior.

Su idea fue muy simple, pero brillante: formar una molécula uniendo el radón con flúor para crear monofluoruro de radón. En ese entorno, los electrones que orbitan el átomo quedan tan comprimidos que algunos logran penetrar fugazmente en el núcleo.

Cada vez que eso ocurre, los electrones salen modificados, con una leve variación en su energía. Esa diminuta alteración, apenas una millonésima del valor del fotón láser utilizado en el experimento, es la huella de su encuentro con el corazón del átomo.

De este modo, la molécula se convierte en una especie de microcolisionador de mesa, capaz de revelar información que antes solo era accesible en gigantescos aceleradores subterráneos.

Escuchar al núcleo hablar

Los investigadores del MIT lo describen como “escuchar el susurro del núcleo a través de sus electrones”. Al medir con precisión la energía de los electrones del radón dentro de la molécula, pudieron detectar cómo estos “entraban y salían” del núcleo, trayendo consigo datos sobre su estructura magnética y la distribución de protones y neutrones.

Es la primera vez que se logra captar un “mensaje” nuclear sin desintegrar la materia. Según García Ruiz, “nuestros resultados sientan las bases para medir violaciones de simetrías fundamentales dentro del núcleo”. En otras palabras, podrían ayudar a explicar por qué la materia domina sobre la antimateria, cuando las leyes de la física deberían haber creado ambas en cantidades iguales tras el Big Bang.

Un núcleo asimétrico que podría romper las simetrías del universo

El MIT ha logrado ver dentro de los átomos sin usar un acelerador. Así es la técnica que convierte una molécula en un microcolisionador
© Pexels – Steve Johnson.

El núcleo del radón no es esférico, sino asimétrico, como una pera. Esta forma extraña amplifica los efectos de las fuerzas que rompen la simetría entre materia y antimateria. Si esas violaciones existen, deberían dejar señales detectables en el patrón energético de los electrones.

Por eso, los científicos planean ahora enfriar las moléculas de radón-flúor y alinear sus núcleos para “mapear” la distribución de fuerzas en su interior. Si logran hacerlo, podrían registrar por primera vez cómo se manifiestan esas pequeñas rupturas de simetría que, en el inicio del cosmos, inclinaron la balanza a favor de la materia.

La pregunta que late detrás es casi filosófica: ¿Por qué el universo no se aniquiló a sí mismo cuando nació? Cada átomo de nuestro cuerpo es, en cierto sentido, un testimonio de ese desequilibrio primordial.

Del tamaño cósmico al laboratorio de mesa

Lo extraordinario de este avance no es solo lo que permite ver, sino cómo lo permite. Hasta ahora, estudiar el interior de un núcleo requería infraestructuras colosales, como el Gran Colisionador de Hadrones del CERN. Hoy, esa misma exploración puede hacerse sobre una mesa de laboratorio, con unas pocas moléculas y la precisión de un láser.

El equipo describe la técnica como un “método de mesa” para observar el núcleo, y su sensibilidad es tan alta que podría aplicarse a otros elementos pesados con potencial para revelar nuevas leyes físicas.

En cierto modo, han reducido el universo a una molécula. Y dentro de ella, la materia vuelve a contarse a sí misma su propia historia.

Una nueva forma de mirar lo invisible

Este experimento con el radón no solo amplía los límites de la física nuclear, sino que reconfigura nuestra relación con lo invisible. Por primera vez, podemos observar las huellas de las fuerzas que modelan la existencia sin destruir lo que observamos.

García Ruiz lo resumió con una frase que suena más a filosofía que a física: “No solo medimos energía; medimos la conversación entre los electrones y el núcleo, entre la materia y su origen.”

Puede que aún falte mucho para entender por qué el universo eligió ser materia y no vacío, pero con este hallazgo, el MIT ha encontrado una forma de escuchar el eco más profundo del cosmos: el que resuena dentro de los propios átomos.

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