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Ciencia

Miles de átomos de metal lograron estar en dos lugares a la vez. El experimento que demuestra que la física cuántica no se detiene en las partículas diminutas

La mecánica cuántica siempre pareció pertenecer únicamente al reino de lo microscópico. Un nuevo experimento acaba de romper esa barrera: físicos lograron que miles de átomos de metal compartieran un mismo estado cuántico, como si existieran en dos lugares al mismo tiempo, empujando los límites entre el mundo cuántico y el clásico.
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La física cuántica siempre ha sido incómoda. Sus reglas contradicen la intuición, desafían la lógica cotidiana y obligan a aceptar que la realidad funciona de formas que no podemos visualizar fácilmente. Electrones que atraviesan dos rendijas a la vez o partículas que cambian su estado al ser observadas son ideas que llevamos un siglo intentando asimilar.

El problema es que todos esos fenómenos parecían confinados a escalas diminutas. Hasta ahora. Un experimento realizado en Europa acaba de demostrar que incluso estructuras formadas por miles de átomos de metal pueden comportarse de manera cuántica.

Cuando la cuántica deja de ser pequeña

El estudio fue llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Viena y la Universidad de Duisburg-Essen, y publicado en la revista Nature. Su objetivo no era construir una nueva tecnología, sino responder una pregunta básica: ¿en qué punto el mundo deja de obedecer a la mecánica cuántica y empieza a comportarse como el universo cotidiano que conocemos?

Para comprobarlo, los científicos no usaron electrones ni átomos aislados, sino nanopartículas de sodio compuestas por hasta 10.000 átomos. En términos físicos, se trata de objetos con una masa superior a la de muchas proteínas complejas y muy por encima de lo habitual en este tipo de experimentos.

El experimento que empujó el límite

Miles de átomos de metal lograron estar en dos lugares a la vez. El experimento que demuestra que la física cuántica no se detiene en las partículas diminutas
© Shutterstock – Yurchanka Siarhei.

Las nanopartículas se generaron en una cámara especial y se enfriaron hasta 77 kelvins. Luego fueron dirigidas a través de un interferómetro construido con tres rejillas creadas mediante láser ultravioleta.

Este tipo de dispositivo permite observar un fenómeno característico del mundo cuántico: la interferencia. Si un objeto atraviesa el sistema como una partícula clásica, no aparece ningún patrón. Si lo hace como una onda cuántica, surgen franjas perfectamente definidas.

Eso fue exactamente lo que ocurrió.

El patrón registrado solo puede explicarse si cada nanopartícula recorrió más de una trayectoria simultáneamente, sin ocupar una posición concreta hasta el momento de la medición.

El regreso del gato de Schrödinger

En física, este tipo de situación se describe como un estado de superposición, popularizado por el famoso experimento mental del gato de Schrödinger: un sistema que existe en dos estados incompatibles al mismo tiempo.

En este caso no se trataba de un átomo aislado, sino de un pequeño fragmento de materia metálica. Durante una fracción de segundo, el clúster de sodio estuvo literalmente “aquí y allá” de forma simultánea.

Lo más sorprendente es que la superposición se mantuvo estable el tiempo suficiente para ser medida, sin colapsar por interacciones externas.

Un récord de macroscopicidad cuántica

Para cuantificar hasta qué punto un sistema es “grande” dentro del mundo cuántico, los físicos utilizan un parámetro llamado macroscopicidad cuántica.

El nuevo experimento alcanzó un valor de μ = 15,5, superando en más de una orden de magnitud el récord anterior. Dicho de otro modo: nunca antes se había observado un estado cuántico tan masivo y tan claramente definido.

Según los autores, lograr una prueba equivalente con electrones requeriría mantener su superposición durante unos cien millones de años. Las nanopartículas metálicas lo consiguieron en apenas una centésima de segundo.

Por qué este resultado importa

Miles de átomos de metal lograron estar en dos lugares a la vez. El experimento que demuestra que la física cuántica no se detiene en las partículas diminutas
© Unsplash / Omar:. Lopez-Rincon.

El hallazgo no significa que vayamos a ver objetos cotidianos apareciendo en dos sitios a la vez. La decoherencia —la interacción constante con el entorno— sigue impidiendo que estos efectos escalen a nuestra vida diaria.

Pero el experimento refuerza una idea inquietante: no existe una frontera clara entre el mundo cuántico y el clásico. Las mismas ecuaciones parecen funcionar desde lo más pequeño hasta escalas mucho mayores de lo esperado.

Esto tiene consecuencias profundas para la física fundamental y también aplicaciones prácticas. El interferómetro utilizado actúa como un sensor extremadamente sensible, capaz de detectar fuerzas del orden de 10⁻²⁶ newtons, abriendo nuevas posibilidades en nanotecnología y metrología.

El límite sigue moviéndose

El equipo planea ahora repetir el experimento con partículas aún más complejas y con otros materiales. Cada nuevo paso desplaza un poco más la frontera donde creemos que la realidad deja de ser cuántica.

La conclusión, por ahora, es tan incómoda como fascinante: el universo no se vuelve clásico porque los objetos sean grandes, sino porque dejamos de poder observar su naturaleza cuántica.

Y esa frontera, una vez más, acaba de retroceder.

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