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Tecnología

El futuro de la industria de los viajes a partir del levantamiento de la prohibición para los vuelos supersónicos

Un avión con pasajeros podría volar desde Nueva York hasta Los Ángeles en unas dos horas, pero todavía hay algunos obstáculos por resolver.
Por Passant Rabie Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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El último vuelo del Concorde fue hace 22 años. La aeronave supersónica, hoy retirada, volaba a una velocidad máxima de 2.179 km por hora. Así, se podía viajar desde Londres hasta la ciudad de Nueva York en unas tres horas aproximadamente. La prohibición de EE.UU. a los vuelos supersónicos sobre tierra limitó las rutas del Concorde y sigue restringiendo a los aviones comerciales que vuelen sobre tierra a mayor velocidad que la del sonido. Hoy, esos vuelos veloces – y ruidosos – podrían regresar.

El viernes el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para revertir la prohibición de 1973 a los vuelos supersónicos civiles, e instruyó a la Administración Federal de Aviación (FAA) para que establezca un estándar para la certificación del ruido de las aeronaves supersónicas. La decisión daría lugar a que se abran rutas más rápidas si es que las compañías logran hacer que sus aeronaves sean menos ruidosas y los boletos, más asequibles.

Cuando un avión vuela más rápido de lo que viaja el sonido, velocidad Mach 1 o 1.234 km por hora, crea un ruido explosivo y fuerte debido a las ondas de impacto que crean las velocidades extremas. Suena como un trueno, y eso sería molesto para quienes viven en ciudades que están bajo la ruta del jet supersónico. Como resultado, la FAA prohibió los vuelos supersónicos de aviones civiles sobre tierra, y la prohibición se hizo efectiva el 27 de abril de 1973. En ese momento la tecnología aeroespacial no estaba tan avanzada como para resolver el problema del ruido; pero desde entonces la investigación ha mostrado que sí hay maneras de mitigar el impacto y el ruido de los vuelos supersónicos.

¡Boom!

Una compañía con sede en Colorado, llamada Boom, trabaja en el desarrollo de un avión supersónico, el Boom Overture. El prototipo actual, XB-1, está diseñado para volar a velocidad Mach 1.7 con entre 64 y 80 pasajeros a bordo. Boom es la compañía estadounidense líder en el mercado de hoy, y recibió con agrado la noticia del levantamiento de la prohibición. A finales de enero Boom Supersonic hizo volar su avión experimental más rápido que el sonido por primera vez. Empresas como American Airlines y United Airlines han mostrado interés en Boom.

Antes de que nos entusiasmemos demasiado, hay que señalar el conjunto de reglas que acompañan la decisión de levantar la prohibición. La orden ejecutiva de Trump instruye a la FAA a revocar el límite de velocidad supersónica siempre y cuando el avión no produzca un sonido de explosión fuerte que se oiga en la tierra. “La orden instruye a la faa a establecer un estándar para la certificación de ruido de los aviones supersónicos que tome en cuenta la aceptación de la comunidad, la razonabilidad económica, y la factibilidad tecnológica”, según la Casa Blanca. Además, afirma que los desarrolladores de ingeniería aeroespacial deben “hacer que los vuelos supersónicos sean no solo posibles sino seguros, sustentables, y comercialmente viables”.

La NASA trabaja en su propia solución para mitigar el impacto del ruido. Este año la agencia encendió el motor de su aeronave de investigación X-59, diseñada para volar más rápido que el sonido pero con una drástica reducción en el ruido. “Lo que oiría la gente desde abajo serían golpes suaves en lugar de explosiones, o tal vez nada siquiera”, declaró la NASA. El avión reduce el cambio de presión que fluye por encima de la tierra, reduciendo así el nivel de ruido. El motor del X-59 está montado sobre el avión y eso reduce la cantidad de ruido que llega a la tierra.

Además del ruido, los vuelos supersónicos comerciales también son criticados por su impacto negativo en el medio ambiente, porque consumen más combustible. El Concorde consumía 22 toneladas de combustible por hora, el doble de lo que consume un Boeing 747 que puede llevar cuatro veces más pasajeros, según la agencia de Transporte y Ambiente.
Para reducir el impacto ambiental, Boom dice que sus aviones funcionarán con combustibles alternativos sostenibles. Tal vez eso no resuelva del todo el problema porque los aviones más veloces deben volar a mayor altura donde el aire es menos denso, con menor arrastre y generación de calor. A esas alturas en la estratósfera, las emisiones del avión permanecerían en el lugar hasta 20 veces más tiempo, según Aerospace America. La NASA dice que está trabajando para encontrar también soluciones a esos problemas.

Los vuelos supersónicos también son caros por los costos operativos. Y los servicios premium son extremadamente caros. Por ejemplo, al Concorde no se lo consideraba rentable porque el costo del combustible era superior a la ganancia que dejaba cada vuelo. Las aerolíneas que esperan entrar en la acción supersónica tendrán que encontrar un modelo sustentable para ofrecer vuelos más veloces a los clientes.

El levantamiento de la prohibición es quizá un primer paso, pero todavía hay mucho por recorrer antes de que las rutas veloces despeguen y lleguen al cielo.

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