Hay juegos que buscan atraparte con acción constante, y otros que lo hacen desde un lugar mucho más sutil. No es el peligro inmediato lo que te mantiene en tensión, sino esa calma que parece demasiado perfecta para ser real. About Fishing se mueve precisamente en ese terreno, construyendo una experiencia donde la tranquilidad nunca termina de ser cómoda y donde cada detalle parece esconder algo más.
Pescar, pero en un mundo que no encaja
En su superficie, el juego se presenta como algo familiar. Lanzas la caña, esperas el momento justo, recoges el sedal y vendes tus capturas para mejorar tu equipo. Todo responde a una lógica reconocible, casi relajante.
Pero esa sensación dura poco.
Muy pronto aparece una mecánica que rompe cualquier expectativa: puedes volver a enganchar un pez y controlarlo como si fuera un objeto remoto. Lo que empieza como una rareza termina integrándose de forma natural en una experiencia que no deja de desviarse de lo que parecía ser al inicio.
Y en ese punto, queda claro que esto no va solo de pescar.

Un pasado que empieza a emerger
A medida que avanzas, la historia se va filtrando entre las mecánicas. El protagonista regresa a un entorno marcado por la figura de su abuelo, ahora en prisión, mientras el propio pueblo comienza a revelar algo que llevaba tiempo oculto.
El detonante es inquietante: un cementerio que se desliza hacia un barranco deja al descubierto restos que no deberían estar a la vista. Desde ahí, todo cambia de tono.
Las conversaciones con el abuelo, en apariencia inconexas, empiezan a adquirir sentido poco a poco. Lo que al principio suena absurdo —referencias extrañas, imágenes sin lógica— termina encajando dentro de un mundo que se va revelando a su propio ritmo.
No es una historia que se explique. Es una historia que se descubre.
Un mundo que no asusta… pero incomoda
Lo que construye es algo más difícil de definir: una incomodidad persistente.
El entorno transmite calma, pero nunca seguridad. Hay algo en el aire, en los silencios, en la forma en que todo está dispuesto, que hace que el jugador sienta que algo no termina de encajar. Y eso es lo que sostiene la experiencia.
No la amenaza visible, sino la sensación de que podría aparecer en cualquier momento.
Una estética que potencia esa sensación
Visualmente, el juego refuerza esa idea en todo momento. Aunque parte de una base estilística que podría recordar a lo retro, no se limita a replicarla.
Es un mundo que no solo acompaña la historia. La cuenta.
Mucho más que una mecánica
Con el paso de las horas, queda claro que la pesca es solo una parte de la experiencia. Explorar el pueblo, observar los detalles y conectar los elementos dispersos se vuelve igual de importante.
El juego no empuja al jugador de forma directa, sino que lo invita a prestar atención, a interpretar y a reconstruir lo que está pasando. Y en ese proceso, es donde realmente engancha.
La sorpresa que nadie esperaba
Y cuando un juego logra eso, deja de importar el género. Empieza a importar lo que te hace sentir.