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El homenaje más sutil de Frankenstein al texto original de Mary Shelley

Guillermo del Toro ha llevado su adaptación de Frankenstein hasta un nivel de fidelidad poco habitual. Más allá de la atmósfera y los personajes, un detalle aparentemente menor revela su profundo respeto por la novela de Mary Shelley y explica por qué la película ha acabado rozando el Óscar.
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Cada generación tiene su propio Frankenstein, pero pocas adaptaciones se han tomado tan en serio el texto original como la de Guillermo del Toro. Lejos de limitarse a recrear el mito visual heredado del cine clásico, el director mexicano ha decidido dialogar directamente con la novela de Mary Shelley, incluso en sus metáforas más literarias. Y ahí es donde aparece un detalle tan sutil como revelador.

Un mito que nació mucho antes del cine

Aunque para el imaginario colectivo el monstruo de Frankenstein sigue teniendo el rostro de Boris Karloff en la versión de 1931 dirigida por James Whale, el personaje llevaba décadas reinventándose antes de eso.
Ya en 1915 existió una adaptación muda, Life Without Soul, que proponía un giro radical: toda la historia era el sueño de un joven dormido tras leer la novela de Mary Shelley.

Del Toro y el respeto absoluto al texto

Guillermo del Toro no ha llegado a esos extremos metatextuales, pero sí ha hecho algo igual de ambicioso: seguir la novela casi línea por línea allí donde el cine se lo permite.
Su Frankenstein no solo adapta la trama, sino también el espíritu literario del libro, incluidas metáforas y descripciones que suelen perderse en otras versiones.

El homenaje más sutil de Frankenstein al texto original de Mary Shelley
© Variety – X

El detalle de Elizabeth que lo cambia todo

El ejemplo más claro está en el personaje de Elizabeth. En la novela original, Shelley la describe como “alegre y juguetona como un insecto en verano”.
En la película de Del Toro, este detalle aparentemente poético se convierte en algo tangible: Elizabeth muestra una fascinación constante por los insectos. No es un capricho visual, sino una traducción directa de una metáfora literaria al lenguaje del cine.

Nada está puesto al azar

Este tipo de decisiones confirman algo que los seguidores del director ya intuían: Del Toro no da puntada sin hilo. Cada objeto, obsesión o gesto responde a una lectura atenta del texto original.
Ese nivel de fidelidad es una de las razones por las que la película ha generado reacciones tan intensas y, al mismo tiempo, ha sido reconocida por la crítica hasta situarla en la órbita de los premios Óscar.

Elizabeth, un personaje más complejo de lo que recordamos

Además, la película recupera la ambigüedad histórica del personaje. En la edición original de 1818, Elizabeth no solo era la prometida de Victor Frankenstein, sino también su prima, procedente de una familia burguesa de Milán.
En 1831, Shelley revisó la novela y eliminó ese componente incestuoso, transformándola en una huérfana italiana adoptada por los Frankenstein.

Un nuevo origen para una nueva versión

Del Toro introduce aún otra variación: en su película, Elizabeth es la sobrina de Henrich Harlander, el hombre que financia los experimentos de Victor. Una reinterpretación que mantiene el espíritu del personaje, pero lo adapta a una estructura narrativa distinta.

El Frankenstein más literario hasta la fecha

Puede que no sea la versión definitiva del mito —si es que eso existe—, pero sí es una de las más conscientes de su origen.
Del Toro no solo adapta Frankenstein: lo lee, lo analiza y lo traduce al cine con un respeto casi académico. Y detalles como el de Elizabeth y los insectos demuestran que, a veces, el mayor homenaje está en lo más pequeño.

Quién sabe: quizá la próxima reinvención se atreva incluso a convertirla, literalmente, en ese insecto de verano. Todo llegará.

Fuente: SensaCine.

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