El pescado es una de las bases de la alimentación saludable, pero también una de las vías más comunes por las que ingerimos mercurio, un metal tóxico con efectos severos para la salud. Mientras los niveles de este contaminante aumentan en nuestros océanos, un grupo de investigadores explora una estrategia tan innovadora como desconcertante: usar bacterias modificadas genéticamente dentro del intestino para neutralizarlo antes de que cause daño.

Un enemigo que escala en la cadena alimentaria
El metilmercurio, la forma más común de mercurio orgánico, es un contaminante que se acumula a medida que asciende por la cadena trófica marina. Esta «biomagnificación» significa que peces grandes como el atún rojo suelen contener concentraciones preocupantes. A pesar de los esfuerzos globales para reducir las emisiones, los niveles de mercurio en el pescado no disminuirán pronto, lo que representa un riesgo creciente, especialmente en comunidades que dependen de este alimento como base cultural y nutricional.
La ingeniería bacteriana como escudo intestinal
Frente a esta amenaza, científicos han diseñado una innovadora defensa biológica: bacterias intestinales capaces de neutralizar el mercurio. El experimento partió de una bacteria común en el intestino humano, Bacteroides thetaiotaomicron, que fue modificada con genes de una bacteria del suelo resistente al mercurio. Estas nuevas bacterias fueron probadas en ratones, primero en condiciones de laboratorio y luego dentro del propio organismo.
Los resultados fueron contundentes. Tras ingerir metilmercurio, los ratones tratados con las bacterias modificadas no solo expulsaron gran parte del contaminante en pocos días, sino que también evitaron que este llegara a órganos clave como el cerebro o el hígado.
Resultados prometedores en situaciones críticas
El estudio fue más allá. Se analizó cómo estas bacterias actuaban en escenarios de exposición moderada pero sostenida, mediante una dieta rica en atún rojo. Una vez más, la presencia de metilmercurio se redujo drásticamente. Incluso en hembras embarazadas, se observaron menores niveles de toxicidad tanto en sus tejidos como en los del feto, incluyendo el cerebro.

Un paso hacia probióticos personalizados
Aunque esta técnica no soluciona el problema global de la contaminación marina, ofrece una herramienta eficaz para mitigar sus consecuencias. Los llamados probióticos «de diseño» podrían convertirse en un escudo biológico cotidiano, especialmente útil para quienes no pueden prescindir del consumo de pescado.
Como destacó la investigadora Amina Schartup, coautora del estudio publicado en Cell Host & Microbe, el objetivo no es reemplazar al pescado, sino protegernos de sus amenazas invisibles. La ciencia, una vez más, pone en manos del cuerpo humano la solución a uno de los desafíos más complejos de la nutrición moderna.
Fuente: Xataka.