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Ciencia

El intestino y el cerebro, no el gluten, serían los responsables del malestar digestivo, según la ciencia

Una revisión internacional liderada por la Universidad de Melbourne revela que la mayoría de los síntomas atribuidos al gluten tienen causas distintas, relacionadas con la comunicación entre el intestino y el cerebro. El hallazgo pone en duda la eliminación indiscriminada de esta proteína y promueve enfoques personalizados en diagnóstico y tratamiento.
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La sensibilidad al gluten no siempre es lo que parece

Durante años, el gluten —una proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno— fue señalado como el gran villano de las molestias digestivas. Millones de personas en todo el mundo adoptaron dietas sin gluten en busca de alivio.
Sin embargo, una nueva revisión internacional publicada en The Lancet por investigadores de la Universidad de Melbourne revela que la mayoría de los casos de “intolerancia” no están causados directamente por el gluten, sino por mecanismos más complejos que involucran al sistema nervioso y digestivo.


El papel del intestino y el cerebro

El estudio plantea que la llamada sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC) —un cuadro caracterizado por hinchazón, dolor abdominal, cansancio o malestar general tras comer trigo— podría formar parte de los trastornos de interacción intestino-cerebro, similares al síndrome del intestino irritable.
Según los investigadores, el intestino y el sistema nervioso central mantienen una comunicación bidireccional que influye en la percepción del dolor, el tránsito intestinal y la respuesta inmunitaria. Cualquier alteración en ese diálogo puede generar síntomas, incluso sin una reacción directa al gluten.

El intestino y el cerebro, no el gluten, serían los responsables del malestar digestivo, según la ciencia
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Lo que la ciencia encontró

Los expertos analizaron decenas de ensayos clínicos y revisiones sistemáticas.
Sus conclusiones fueron claras:

  • Solo entre el 16% y el 30% de quienes aseguran tener sensibilidad al gluten desarrollan síntomas cuando se les administra esta proteína en condiciones controladas.

  • En muchos casos, las molestias aparecen también ante alimentos sin gluten, lo que apunta a otros responsables, como los carbohidratos fermentables (FODMAPs) o el efecto nocebo —la respuesta negativa generada por la expectativa de que algo hará daño—.

  • No existen biomarcadores específicos para diagnosticar la SGNC, lo que la convierte en un diagnóstico de exclusión, dependiente del contexto clínico y del historial del paciente.

El profesor Jason Tye-Din, gastroenterólogo del Royal Melbourne Hospital, explicó:

“Distinguir la sensibilidad al gluten de otras afecciones intestinales es esencial para ofrecer una atención individualizada y abordar las causas subyacentes. Muchos pacientes mejoran no al eliminar el gluten, sino al ajustar su dieta y reducir el estrés”.


Más allá de la moda sin gluten

La popularidad de las dietas sin gluten creció al calor del marketing y la desinformación. Según los autores, la industria alimentaria ha contribuido a reforzar la idea de que el gluten es intrínsecamente dañino, cuando la evidencia científica muestra que solo una minoría de la población presenta una respuesta adversa real.
Eliminarlo sin indicación médica puede reducir la ingesta de fibra, vitaminas y minerales, y desequilibrar la microbiota intestinal, agravando justamente los problemas que se pretendían evitar.

La doctora Jessica Biesiekierski, líder de la revisión, sostuvo que los síntomas gastrointestinales deben abordarse con una visión integradora, que contemple la dieta, la salud mental y los hábitos de vida.
“En la mayoría de los pacientes, las molestias digestivas se deben a múltiples factores, y tratar de resolverlas con una sola solución —como eliminar el gluten— rara vez es eficaz”, advirtió.

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El futuro del diagnóstico y la nutrición personalizada

El estudio propone que los mensajes de salud pública dejen de presentar al gluten como un enemigo universal y apuesten por una educación alimentaria basada en evidencia.
Los investigadores recomiendan:

  • Mejorar las guías diagnósticas y evitar etiquetas apresuradas.

  • Combinar la evaluación médica con estrategias de apoyo psicológico y nutricional.

  • Promover dietas equilibradas y supervisadas, sin restricciones innecesarias.

El objetivo no es negar los síntomas, sino comprender sus verdaderas causas, que pueden estar tanto en la fisiología intestinal como en la forma en que el cerebro percibe las señales del cuerpo.


Un cambio de paradigma

La revisión australiana redefine el concepto de “intolerancia al gluten”. Lejos de ser una reacción simple a una proteína, la mayoría de los casos responden a un desequilibrio multifactorial entre intestino, microbiota, dieta y sistema nervioso.
La clave, concluyen los autores, está en escuchar al cuerpo con ciencia y no con modas.

Fuente: Infobae.

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